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Otra parada en la gira por Estados Unidos. Esta vez tocaba visitar la sede de Whiptail, otra startup especializada en almacenamiento, con la peculiar manía de que no quiere que la llamen así: «no somos una startup sino una empresa joven en hipercrecimiento», proclama el CEO de la compañía, Dan Crain, antiguo CTO de Brocade. Al centenar largo de clientes se suma, según Crain, una docena cada mes; la compañía acaba de abrir una oficina en Reino Unido, prepara la apertura en Alemania y Francia, a la vez que busca distribuidor en España. Asimismo, pretende montar una estructura europea capaz de prestar soporte en menos de 24 horas en cualquier punto del continente. Leer más
Paul Otellini (62) dejará el mando de Intel en mayo, tres años antes de lo previsto, y el anuncio abre un sinfín de interrogantes. Para empezar, no hay un sucesor in pectore como lo hubo cuando Craig Barrett dejó paso a Otellini o, antes, cuando aquel sustituyó a Andy Grove. Cosa extraña para una empresa tan endogámica, el comunicado dice que se abrirá una selección entre candidatos internos y externos. Sea quien sea, al elegido le espera una tarea muy complicada.
Intel, una potencia industrial y financiera, ha vivido décadas aferrada a la arquitectura x86 y dedicada a prolongar el mito de la ley de Moore. Pero los nuevos usos de la tecnología piden nuevos diseños y favorecen otros procesos de producción. No me refiero sólo a la increíble dificultad de Intel para penetrar en el mercado de los móviles, que ha conducido a la no menos increíble peripecia de que Qualcomm vale hoy más que Intel en bolsa. Me refiero a que las prioridades tecnológicas sobre las que se ha construido el éxito de Intel han cambiado, y la compañía ha tomado nota pero no con suficiente cintura. La célebre cadencia tick-tock podría llegar a ser una rémora, más que una ventaja.
Sin tracción en los móviles y con las relaciones con Microsoft enfriadas, Intel descubre tarde que depende demasiado del PC, es decir de Windows; si Apple decidiera, como se dice, desarrollar su propio procesador, sería un golpe muy duro. En los servidores, la otra joya de la corona, empieza a hablarse de la amenaza de ARM, pero la batalla puede no ser de fulano contra mengano (según la pauta Intel vs. AMD) porque los fabricantes – y los grandes usuarios del momento, las empresas de cloud – plantean exigencias distintas, que pueden satisfacer con diseños diferentes, y así está naciendo un nuevo tipo de competición.
Desde luego, Otellini lo sabe mucho mejor que este cronista. Las causas profundas de su decisión no se conocen, y no seré yo quien se ponga a especular sobre ellas. Intel tiene recursos de sobra para las batallas que le esperan y, aparentemente, Otellini no ha querido arrogarse el mando durante tres años más; la compañía ha abierto sin cortapisas una delicada sucesión en la que el nombre será importante, pero más lo será la estrategia.
HANA ha sido otra vez el centro de interés de SAPphire, el evento europeo de SAP que, por segundo año consecutivo, se ha celebrado en Madrid. Ha quedado en evidencia que el objetivo de la compañía alemana es reorientar su familia de productos en torno a la base de datos en memoria. Según dijo Jim Hagemann Snabe, coCEO de SAP, el mes pasado en la presentación de resultados trimestrales, el objetivo es que HANA produzca ingresos de «por lo menos 320 millones de euros» al cierre del ejercicio, el próximo diciembre. Se comprende el optimismo de Snabe, pero como negocio HANA es todavía un embrión: 83 millones en el tercer trimestre es sólo el 2% de los ingresos totales del período. Leer más
Cuando, a finales de agosto, publiqué un post titulado Malas noticias de Japón S.A, recibí varios correos con reacciones contradictorias: algunos lectores desconocían que la crisis de la industria electrónica nipona fuera tan grave; otros entendían que mi texto exageraba [uno se aventuró a sugerir que mi texto podía responder al interés de una cierta marca coreana]. Los números hablaban por sí mismos y, lamentablemente, los de Sony, Panasonic y Sharp – que de ellas trataba el post – han ido a peor desde entonces. Las noticias de estos días revelan que no estamos ante un problema exclusivo de un puñado de empresas ni de un sector determinado: la tercera economía del mundo está al borde de la recesión, y el gobierno de Tokio estima que el PIB ha caído un 0,9% entre julio y septiembre, que en términos anualizados equivaldría a un -3,5%.
Desde 2008 (quiebra de Lehman e inicio de la crisis actual), la economía japonesa ha ido de tumbo en tumbo, pero ahora está a punto de hilvanar los dos trimestres consecutivos de PIB negativo, que técnicamente definen una recesión. Para cerrar con números positivos el año fiscal (que en Japón acaba en marzo) sería necesario crecer un 3,9% en los dos trimestres próximos, algo que puede darse por imposible. Esta vez no puede culparse al tsunami, sino al descenso de las exportaciones, un fantasma que desde hace tiempo ronda la economía del país.
En el tercer trimestre del año, las ventas al exterior han bajado un 5%, mientras el consumo interno y la inversión retrocedían al unísono. Otras economías asiáticas (Corea, Taiwan y Singapur, no así Vietnam) están sufriendo el descenso de la demanda en Europa y en China, pero sólo en Japón se da el caso de que la economía interna es demasiado débil para compensar esa circunstancia.
Se añade algo con lo que nadie contaba: el inflamado conflicto con China en torno a las islas Senkaku / Diaoyu (según sus nombres respectivos) ha paralizado las ventas de productos japoneses en el mercado chino: en septiembre, el déficit comercial calculado por el Banco de Japón ha sido el más amplio desde 1993. Mientras, la demanda interna ha perdido el impulso coyuntural que aportó la reconstrucción tras el desastre de marzo de 2011. Los economistas vuelven a enumerar los problemas crónicos del país: población envejecida, fuerza laboral recortada por el colapso del paternalismo corporativo, una deuda que proporcionalmente al PIB es la más alta de los países industrializados, y la posibilidad de un inminente «abismo fiscal» en versión local. En este cuadro, al menos a los japoneses ningún catedrático iluminado les dirá que han vivido por encima de sus posibilidades y que ahora toca austeridad, que ya vendrá el crecimiento.
No es ni mucho menos seguro que Oracle haya dado por perdida su guerra contra HP en torno a la supervivencia de Itanium, pero no hay duda de que la sentencia en favor de HP ha cambiado el contexto para que esta renovara días atrás sus servidores Integrity, centro de la disputa. La compañía estima que gracias al nuevo procesador y otras mejoras, sus clientes podrán procesar transacciones tres veces más rápido que con la generación anterior, y con un 21% menos de consumo energético. Por su lado, Intel afirma que el Itanium 9500 (también conocido como Paulson) duplica la potencia del anterior (9300 o Tukwila). Sobre esa base, han proyectado una hoja de ruta que llega hasta 2020, por lo menos. Leer más
A priori, para un alma cándida, una alianza entre Cisco y NetApp sería contradictoria con el hecho de que la primera tiene un sólido vínculo con EMC, poderoso rival de la segunda. Si a aquella alianza se añade VMware, controlada por EMC, lo menos que puede decirse es que la promiscuidad está tolerada. En octubre, en la feria VMworld Europe de Barcelona, ocupaba un lugar destacado ExpressPod, la última novedad lanzada en común por Cisco y NetApp, una solución prefigurada y probada para las pequeñas y medianas empresas, basada en una arquitectura que combina servidor, almacenamiento y networking para entornos virtualizados por VMware. No es la primera iniciativa conjunta, como se verá. Leer más
Después de los mediocres resultados de otros gigantes del sector, los de Cisco llovieron esta semana como una sorpresa que – según el ánimo con que se lean – invitan a rebajar el pesimismo. La mayoría de los analistas preveían ingresos trimestrales inferiores a los publicados, y aventuraban que el único factor positivo serían los beneficios obtenidos gracias a las iniciativas de recorte de costes. En la práctica, no ha sido así: los ingresos crecieron un 5,6% sobre el mismo trimestre del anterior año fiscal, hasta 11.900 millones de dólares. En este cuadro, los 2.840 millones generados por Europa se han mantenido planos, con una ligera mejoría secuencial, que ya es algo (o mucho, tal como están las cosas a este lado del Atlántico).
John Chambers, CEO de la compañía, no dejó pasar la ocasión de señalar que sus competidores han publicado resultados peores y rebajado las expectativas para el próximo trimestre. Cisco, en cambio, contempla un crecimiento en el rango del 3,5%-5,5% por ciento. También volvió Chambers a uno de sus temas favoritos últimamente: Cisco es un IT player, cuyo futuro no depende sólo del networking. El negocio de datacenter ha crecido un 67%, aunque la verdad verdadera es que 417 millones representan todavía una proporción muy baja de la cifra total.
Según se informó a los analistas, la línea de servidores UCS ya ocupa la segunda plaza en el mercado de x86 en formato blade en EEUU, y la tercera a escala mundial. Habrá que esperar a que las consultoras confirmen ese asombroso avance en tan poco tiempo. Segundo caballo de batalla: wireless. Chambers anunció que Cisco va a entrar en el ascendente mercado de las soluciones basadas en small cells para la cobertura de áreas densamente pobladas. WiFi es otra prioridad, y esta misma semana se anunciaba un acuerdo con Atheros, subdisiaria de Qualcomm, para explotar conjuntamente ese mercado. En cambio, la rama de colaboración cayó un 8% en ingresos, probablemente debido a la presión de Microsoft y a las soluciones de bajo coste que compiten con los productos de videoconferencia de Cisco.
En general, la acogida de los analistas ha sido positiva, pero algunos invitan a sus clientes a tomar nota de que los retos de Cisco no vienen hoy de los sospechosos habituales (HP, Juniper, etc) sin más bien de actores menos conocidos, como Arista o Palo Alto Networks, o incluso de ese aliado incómodo que es VMware.
Circulan distintas conjeturas acerca de la abrupta, pero no del todo inesperada, partida de Steven Sinofsky (47), sólo tres semanas después de haber presentado Windows 8, la obra de su vida. Para empezar, tiene cierta intriga que se marche de la noche a la mañana, sin transición alguna. El único motivo en el que todas las opiniones coinciden es que se trata de un tipo insoportable e incapaz de colaborar con otros equipos dentro de Microsoft. Es lo que sostiene la respetada Mary Jo Foley, cuyo blog leen miles de empleados de la compañía [¡qué envidia!].
Puede añadirse una tercera razón: Sinofsky dejó imprudentemente que creciera el rumor según el cual podría ser el sucesor de Steve Ballmer. Lo escribí hace tiempo con remilgos en este blog, pero no debía carecer de fundamento cuando hace sólo unos días lo repetía el Wall Street Journal: si Windows 8 es un éxito, venía a decir, el puesto de CEO estará a su alcance como fruta madura. Ahora sabemos que la sucesión de Ballmer (56) está verde.
Para poner las cosas en su sitio: la misión de Sinofsky está concluída. Desde 2006 se ocupó de poner disciplina en una división traumatizada por la «década perdida» elaborando Windows Vista, para sucesivamente dirigir las fases de Windows 7 y Windows 8. Este fue su mérito, pero alguien de sus cualidades y grado difícilmente se interesaría por ponerse a planificar la próxima versión, supuestamente apodada Blue.
Es un secreto a voces que Ballmer lleva tiempo tratando de desmantelar el modelo compartimentado que heredó de Bill Gates hace 13 años. Tuvo mucho sentido que uno de esos «silos» (o virreinatos) fuera la división Windows, que presidía Sinofsky, pero las circunstancias han cambiado: la nueva estrategia de Microsoft exige que todos trabajen con todos, especialmente, si se quiere cumplir el objetivo de hacer que todas las plataformas confluyan en torno a un interfaz común. La sucesora designada es Julie Larson-Green, que ha estado a cargo del desarrollo de Metro (parece que volverá a llamarse así) y a quien Ballmer ha presentado con este elogio significativo: «[…] su probada habilidad para colaborar efectivamente y llevar adelante la agenda transversal de la compañía». Un detalle que puede ser importante: Larson-Green no tendrá rango de presidente, como tenía su predecesor. ¿Reorganización a la vista?
La cifra es asombrosa: en todo el mundo, se imprimieron 3,09 billones de páginas A4 en 2011, y aunque refleja una bajada del 1% sobre 2010, no es menos asombrosa. Según un informe de IDC, cayó un 5% en el mundo desarrollado, mientras crecía un 7,5% en el resto del planeta. En Europa Occidental, a pesar de un aumento en la base instalada de hardware de impresión, el promedio de páginas impresas por dispositivo ha bajado considerablemente: «después del pico alcanzado en 2010, la impresión en oficinas y hogares puede decirse que el mercado está maduro, por lo que seguirá bajando en los próximos años», afirma Mario Lombardo, analista responsable de la parte europea del estudio. Leer más