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Está probado que las redes de cable pueden ser la tabla de salvación a la que se aferren los operadores móviles europeos (y no sólo los europeos) para escapar, o eso creen, de la feroz competencia y de la ineficaz regulación que sigue tratando al sector con reglas que tenían sentido hace tiempo pero hoy son un castigo para sus cuentas de resultados. SFR, segundo operador francés, propiedad del grupo Vivendi, intenta cerrar su fusión con Numericable. No es la primera vez que se habla de ello, pero en la anterior la operación se frustró ante el riesgo de no pasar el filtro de la regulación.
La valoración de SFR podría ser esta vez el obstáculo, pero hace tiempo que Vivendi trata de aligerar la carga que las pérdidas de esta filial hacen recaer sobre las actividades multimedia del grupo (Canal+, Universal Music, Activision). En el origen del problema está la entrada en servicio del cuarto operador, Illiad, que bajo la marca Free ha roto el tablero iniciando una guerra de precios que los demás operadores, desde el incumbente Orange al tercero, Bouygues, no han podido aguantar financieramente.
La semana pasada, SFT desveló que en 2013 sus ingresos cayeron un 10% y su ebitda un 33%. No le van mejor las cosas a Orange, al que el capital que necesita para invertir le cuesta un 8% para obtener un retorno del 4% [fuente: IQ Capital]. La consolidación es, en estos casos, una solución vista con malos ojos por Bruselas, de ahí la búsqueda de un modelo de negocio diferente.
Si las noticias publicadas se ajustan a la verdad de las negociaciones, la valoración implícita de SFR equivaldría a unos 15.000 millones de euros, cifra que estaría por debajo del precio que Vivendi pagó a Vodafone por el 44% que el grupo británico poseía en el operador francés.
Una fusión entre SFR y Numericable tiene lógica económica y operativa. Por escala, gracias a la suma de clientes y de infraestructura, y porque el primero podría acceder a la red de fibra del segundo para tener en común una oferta de servicios convergentes, con los que podría contrarrestar los subsidios cruzados en los que se basa la estrategia de Illiad. De paso, SFR reduciría sus costes, ya que no dependería de alquilar líneas a Orange. El operador antes llamado France Télécom perdería una fuente no despreciable de ingresos por este capítulo.
Este tipo de movimientos tiene antecedentes recientes en Europa. Vodafone ha comprado Kabel Deutschland y ha presentado una oferta por Ono, que de momento no ha sido aceptada, pero tampoco rechazada de plano. El runrún del sector hace circular versiones sobre otras operaciones del mismo cuño.
Según el diario económico Les Echos, Vivendi retendría un 32% de la empresa fusionada, con lo que al menos de momento su desinversión en el mercado de comunicaciones móviles sería limitada. Queda por ver qué hará con otros activos: tras la venta a Etisalat de su participación en Maroc Télécom, le quedan operaciones en varios países africanos y su posición en Brasil a través del operador GVT, que podría entrar en alguna otra jugada. Un analista de Berstein cree saber que al nuevo equipo dirigente de Vivendi – controlada por el multimillonario Vincent Bolloré – se le abren dos opciones: retornar dinero a los accionistas o invertir en nuevas actividades. Queda claro, en cualquier caso, que el centro de gravedad de Vivendi dejará de ser las telecomunicaciones.
Sin discusión, Mark Zuckerberg fue la estrella del Mobile World Congress, y su brillo eclipsó el de los habituales protagonistas del evento. Hasta el punto de que los operadores, que soportan la mayor carga económica del ente organizador, parecieron asumir resignados un papel de secundarios en el reparto. En una mesa redonda, el moderador preguntó al CEO de Vodafone, Vittorio Colao, por su opinión sobre la consolidación del sector en Irlanda. Entre molesto y zumbón, Colao respondió: «anda por aquí un tipo que tiene 1.000 millones de usuarios y acaba de comprar otros 500 millones, pero a mí se me pregunta por Irlanda». Según un cotilleo de la prensa británica, esa noche Colao cenó con Zuckerberg. Leer más
Desmesurada y desasosegante. Estos son mis adjetivos para la cobertura mediática de la aparición de Mark Zuckerberg y su nuevo socio Jan Koum ante el Mobile World Congress. El diario de mayor circulación en Cataluña les dedicó nada menos que tres páginas el miércoles. Se justifica, seguro, por las expectativas en torno a la compra de What´s App por Facebook. Prueba de ellos es que Felipe y Letizia, príncipes de Asturias, estaban en primera fila para escuchar a Zuckerberg. El mismo diario persiguió y consiguió un scoop planetario, la entrevista exclusiva en la que Koum confirma que prepara la extensión de What´s App como servicio de voz sobre IP.
En tres páginas de periódico caben informaciones interesantísimas. Como que Koum llegó a Barcelona el sábado con una tropa de los suyos, pero tuvo que largarse del gastrobar Tickets, para ocuparse de resolver la caída de los sistemas de su servicio de mensajería. Por otra parte, el esquivo inmigrante ucranio de 38 años está «profundamente preocupado y conscientemente optimista» sobre lo que ocurre en su país natal, pero se autoproclama «un genuino producto del sueño americano».
Un cronista de El País, por su parte, nos ilustra sobre detalles sabrosos de una fiesta con la que Koum festejó su cumpleaños y su pelotazo, acompañado de Zuckerberg y pandilla, en un local llamado Boujis, que «para la ocasión había preparado un cóctel a base de tequila, gin, kiwi, mucho hielo y una frambuesa flotando». Dicen que al día siguiente Koum estaba bastante «perjudicado». Dada su preocupación por Ucrania, no me extraña.
Hasta aquí he tratado de reseñar lo importante que viene en la prensa. Ahora dedicaré tres párrafos a lo accesorio, mi interpretación de sendos mensajes poco edificantes que creo leer entrelíneas.
Primer mensaje. Joven que temes por tu futuro: si has llegado a cursar una carrera – aunque sea de esas cortas y ´con salida´ que se inventaron en Bolonia – abandona cuanto antes. Ya sabes que los héroes de nuestro tiempo no son biólogos, ni arquitectos ni historiadores ni tampoco físicos o ingenieros. Los conocemos por sus nombres (Bill, Steve, Larry o Mark) y se han forrado tras desertar de la universidad. ¿Por qué no haces tú como ellos? Si quieres tener futuro, apúntate a un cursillo – los llaman máster, para que veas – donde sin estudiar asignaturas inútiles podrás aprender diseño de páginas web o cómo hacer un plan de marketing online. Hay algunos cursos muy baratos, chico. Y si eres listo, podrás declararte emprendedor. El crowdfunding puede serte de gran ayuda (para perder amigos, quiero decir).
Segundo mensaje. Joven que no tienes trabajo: no pierdas el tiempo enviando currículos que no tendrán respuesta. ¿Por qué no pruebas a inventar una aplicación para móviles y la subes a una app store? Has de saber que es improbable que ganes dinero con ella, pero no más improbable que ganarlo como asalariado.
Tercer mensaje. Joven perplejo: toma buena nota de la inspiración de Mark y Jan. Tú sigue soplando, por si suena la flauta.
La más que probable bancarrota de la empresa Mt.Gox, que gestiona la mayor plataforma de intercambio de la moneda virtual bitcoin, viene a confirmar los peores presagios sobre este experimento que apasiona a tanto papanatas y que trae de cabeza a los economistas serios, que han predicado en el desierto la falsedad intrínseca del invento pseudomoderno. Entre las numerosas compañías que se han montado en los últimos años para explotar el fenómeno, Mt Gox es una de las más grandes, y en su caída ha arrastrado – además de unos cuantos especuladores o ingenuos, que de todo hay – la propia cotización del bitcoin en las bolsas informales (y desreguladas, vaya mérito) que han proliferado en los últimos tiempos.
Es fácil imaginar el cataclismo que produciría una caída del 30% en un solo día del valor de cualquier moneda soberana. Pues eso mismo es lo que ha pasado con el bitcoin, una volatilidad extrema y súbita. Con la diferencia de que una moneda real siempre podría enderezar las cosas con medidas de ortodoxia económica. De los 1.200 dólares a los que en noviembre llegó a “cotizar” el bitcoin, en febrero ha bajado hasta los 510 dólares, y el futuro inmediato no luce mejor. El caso Mt Gox ha evaporado las fantasías de los poseedores de 750.000 bitcoins, que equivalen al 6% del total en circulación. Ciertamente, es poco dinero frente a la masa monetaria de cualquier país, pero ha cortado la fiebre alcista.
Que estas cosas ocurran no debería sorprender, a la vista de otros entusiasmos y de que tanta gente se ha dejado engatusar. Lo que me llama poderosamente la atención es que alguien tan listo y bien informado como el inversor Marc Andreessen, haya salido a defender el bitcoin, sugiriendo que probablemente Mt Gox ha sido víctima de un fraude.
“Es un hecho aislado”, ha declarado Andreessen, cuya inclinación a tomar partido es directamente proporcional al dinero que ha invertido en varias startup de este cotarro. Ha sugerido que podría tratarse de una reedición de la quiebra de la compañía financiera MF Global, lo que resulta aún más ominoso porque MF Global colapsó como consecuencia de haber captado recursos mediante un esquema piramidal insostenible.
Justamente por esa comparación, merece la pena preguntarse si la quiebra de Mt Gox significa que el bitcoin morirá como consecuencia de esta crisis. Probablemente, no, o no en el corto plazo. La verdad es que el bitcoin no reúne los atributos que se necesitan para tener confianza en una moneda, sea real o virtual. Sin confianza y sin regulación, es difícil que tenga salvación.
El acuerdo que Apple firmó el pasado año con el productor de cristal de zafiro GT Advanced Technologies ha dado pie a todo un conjunto de conjeturas. La primera especula con un futuro iPhone cuya pantalla entera sería fabricada con este material, más duro y más fuerte que el Gorilla Glass, aunque también más caro. No ha faltado quien hablara de un supuesto iWatch de zafiro, sin contar con el habitual aliciente para la imaginación que representa el registro de una patente por parte de Apple, que también. En realidad, pese a que sea la opción menos entusiasta, la lógica empresarial sugiere que se trata más bien de una mejora impulsada por Tim Cook, maestro de la logística. Leer más
Desde que el Mobile World Congress se celebra en Barcelona, la fachada del hotel Catalonia Plaza se cubría cada año durante unos días con una gigantesca publicidad de Windows Mobile, luego Windows Phone. Dentro, Microsoft organizaba sus reuniones; recuerdo haber asistido a multitudinarias ruedas de prensa de Steve Ballmer. Otros tiempos. El hotel luce esta semana una fachada limpia, sus salones están vacíos. De Microsoft no hay rastro en el hotel ni en el MWC, donde no ha contratado espacio de exposición [se supone que en 2015 ocupará el sitio que dejará vacante Nokia en el Hall 3].
Esta ausencia es otra señal de que el congreso de Barcelona ha pillado a Microsoft a contrapié. Todavía no ha tomado jurídicamente el control de Nokia, por lo que no se le puede atribuir responsabilidad en los anuncios del lunes. Como nueva propietaria que es, apenas consigue disimular que no le ha gustado la decisión de Nokia de seguir adelante con un desarrollo que se había iniciado antes de la compra, de tres smartphones de bajo precio [entre 90 y 110 euros] basados en una bifurcación de Android, cuyos nombres son tan poco imaginativos como X, X+ y XL.
No es la primera rareza en la dicotomía Android/Windows. Lo realmente extraño es que Joe Belfiore, VP de Microsoft responsable de Windows Phone, se haya descolgado con unas declaraciones en las que se desliza esta frase: “algunas cosas que ha hecho Nokia son muy excitantes, otras no tanto”. No ha faltado quien interpretara estas palabras como un aviso de que Microsoft podría deshacerse de estas novedades en cuanto pueda hacerlo por la puerta de atrás. La verdad es que no me creo el supuesto malentendido entre las dos compañías a estas alturas de la jugada: si las tres X fracasaran, Belfiore tendría servida la excusa de que Microsoft no ha participado de su desarrollo; si tuvieran éxito, lo exhibirá como una prueba del acierto de la adquisición.
Los ingenieros de Nokia han conseguido integrar una variante de Android – prefieren llamarlo oficialmente Nokia X Software Platform – que usa el código open source y hace posible que unas cuantas aplicaciones para Android puedan descargarse de la tienda online de Nokia.
El auténtico Windows Phone, en su encarnación 8.1, se conocerá a comienzos de abril, en la conferencia de desarrolladores Build, y Belfiore ha adelantado que usará chipsets más baratos y aliviará restricciones que han disuadido a otros fabricantes de adherirse a la plataforma. Ha sido la incapacidad de montar una escuadrilla de marcas afines lo que empujó la compra de Nokia. Lo que Belfiore ha venido a admitir es que ahora hace falta apoyarse en otros OEM, para salir de la marginalidad que revelan las estadísticas.
¿Por qué Windows Phone no ha llegado a tener un catálogo lo bastante amplio como para provocar emulación y competencia entre distintos fabricantes? Según la explicación de Belfiore [porque] “nos enfrentábamos a un problema masivo. Hubiera sido realmente difícil crear una gama de dispositivos para cada operador a cada nivel de precio y que incluyera todas las aplicaciones existentes. Decidimos enfocarnos sólo en determinados niveles de precio y en un pequeño número de países […] Ahora sí, ya podemos llevar Windows Phone a más países y con diferentes precios, sin renunciar a los modelos icónicos”, se refiere a los Lumia, claro.
La lista de los OEM que ha reclutado Microsoft – más o menos sostenida económicamente – no hace más que confirmar la necesidad de atacar los mercados emergentes que se le resisten. LG, que se había dado de baja en el club, ha sido convencida de regresar. A su lado, aparecen cinco marcas chinas [Lenovo, Huawei, ZTE, Gionee y Longcheers] y dos indias [Xola y Karbonn], además de Foxconn, que posiblemente actuará como fabricante de marca blanca. Es imposible no imaginar que estos planes van a entrar en conflicto con los modelos de Nokia dirigidos precisamente a esos mercados.
Esta crónica parte de una premisa: el Mobile World Congress no es una feria de gadgets. Habrá anuncios, algunos de impacto, pero en lo esencial el evento es un punto de encuentro empresarial del más alto nivel. ¡Si hasta viene Mark Zuckerberg! Uno de los asuntos centrales será el mismo del 2013, pero agravado: mientras el tráfico por las redes crece y no para de crecer, los operadores se las ven y se las desean para responder a la demanda y rentabilizar su inversión. El desfase se origina en que los servicios tradicionales de voz decrecen: en la era de «todo IP», los terminales (ciertos fabricantes) y los contenidos y servicios (los llamados over-the-top) se llevan la parte del león. Leer más
Sobre el precio que pagará Facebook para quedarse con What´sApp, todo el mundo tiene opinión, y yo también. Es exagerado, se mire como se mire: 42 dólares por usuario [no 28 dólares, como escribí aquí por error] que es incluso superior a los 17.000 millones de capitalización de Sony, un gigante que se tambalea.
Es imposible pensar que Facebook haya hecho un cálculo puramente económico de retorno de su inversión; lo que ha guiado la transacción es el coste de oportunidad, la necesidad que tiene la red social de ligar su valor a un crecimiento explosivo como el que espera atrapar. No es muy distinto al cálculo que habrá hecho Microsoft cuando pagó 8.500 millones por Skype, que apenas facturaba unos pocos millones.
No hay un método estándar de valoración que permita juzgar si Facebook ha acertado o ha metido la pata. Sólo unos días antes, Rakuten compró Viber por 900 millones, equivalentes a 8,50 dólares por usuario. ¿Cuánto valdría WeChat, la mensajería más popular en China, con 250 millones de usuarios? Vaya uno a saber.
Habrá tiempo de volver sobre el asunto. Hoy prefiero fijarme en el efecto que la noticia ha tenido sobre la cotización de BlackBerry, a la que muchos daban por muerta hasta que su nuevo y experimentado CEO, John Chen, apareció a última hora con un plan de salvación. Entre sus activos está el servicio de mensajería instantánea BBM. Se recordará que hace un par de años tuvo un súbito auge entre los jóvenes porque a) se hacían con un móvil subvencionado y b) tenían derecho a mensajes gratuitos. Pudo ser un sucedáneo de What´s App y en cierta medida lo es todavía.
Es una extraña carambola. La noticia de la compra de What´s App hizo que las acciones de BlackBerry subieran [transitoriamente] un 6% en la bolsa. La plataforma BBM tiene 80 millones de usuarios, una cuarta parte añadidos súbitamente tras abrirse al uso en dispositivos iOS y Android. Supongamos por un momento que se aplica a BBM un valor de 42 dólares por usuario: la cuenta daría unos 3.400 millones. O 700 millones si se usa como baremo el precio de Viber.
Ahora tomemos, sólo por jugar con las cifras, la primera: equivaldría al 72% de la capitalización de BlackBerry. Inaudito. El plan de John Chen para la empresa canadiense parece privilegiar la defensa de su clientela profesional, por lo que la comparación con What´s App no es pertinente. De pronto, se abre una inesperada posibilidad de poner en venta BBM a un precio razonable gracias al ambiente que Facebook ha ayudado a crear. O seguir adelante con el plan, y reforzar sus cualidades como vehículo de mensajería corporativa.
La disyuntiva coincide, por mera casualidad, con la entrada del inversor Daniel Loeb como accionista de BlackBerry. Es el mismo tiburón financiero que trata de hacer valer sus acciones en Sony para provocar la partición de la compañía japonesa. Así que podemos imaginar de qué lado de la disyuntiva de BlackBerry se pondrá Loeb.
Unos 4.800 millones de los usuarios de telefonía móvil en todo el mundo (un 70% del total), la mayoría en mercados emergentes, todavía se conectan a través de redes de segunda generación, un estándar que data de los años 90. Por tanto, a la 3G, de 2003 y dominante en los países desarrollados, le quedan años por delante, y más todavía a la 4G (2009) que va ganando terreno con grados dispares de implantación – en España está empezando su despliegue en espera del llamado «dividendo digital» prometido para enero de 2015 – con la mayor velocidad hoy posible en transmisión inalámbrica de datos. No soporta todavía llamadas de voz, por lo que debe combinarse con redes de la generación precedente. Leer más