4/03/2014

4Mar

Está probado que las redes de cable pueden ser la tabla de salvación a la que se aferren los operadores móviles europeos (y no sólo los europeos) para escapar, o eso creen, de la feroz competencia y de la ineficaz regulación que sigue tratando al sector con reglas que tenían sentido hace tiempo pero hoy son un castigo para sus cuentas de resultados. SFR, segundo operador francés, propiedad del grupo Vivendi, intenta cerrar su fusión con Numericable. No es la primera vez que se habla de ello, pero en la anterior la operación se frustró ante el riesgo de no pasar el filtro de la regulación.

La valoración de SFR podría ser esta vez el obstáculo, pero hace tiempo que Vivendi trata de aligerar la carga que las pérdidas de esta filial hacen recaer sobre las actividades multimedia del grupo (Canal+, Universal Music, Activision). En el origen del problema está la entrada en servicio del cuarto operador, Illiad, que bajo la marca Free ha roto el tablero iniciando una guerra de precios que los demás operadores, desde el incumbente Orange al tercero, Bouygues, no han podido aguantar financieramente.

La semana pasada, SFT desveló que en 2013 sus ingresos cayeron un 10% y su ebitda un 33%. No le van mejor las cosas a Orange, al que el capital que necesita para invertir le cuesta un 8% para obtener un retorno del 4% [fuente: IQ Capital]. La consolidación es, en estos casos, una solución vista con malos ojos por Bruselas, de ahí la búsqueda de un modelo de negocio diferente.

Si las noticias publicadas se ajustan a la verdad de las negociaciones, la valoración implícita de SFR equivaldría a unos 15.000 millones de euros, cifra que estaría por debajo del precio que Vivendi pagó a Vodafone por el 44% que el grupo británico poseía en el operador francés.

Una fusión entre SFR y Numericable tiene lógica económica y operativa. Por escala, gracias a la suma de clientes y de infraestructura, y porque el primero podría acceder a la red de fibra del segundo para tener en común una oferta de servicios convergentes, con los que podría contrarrestar los subsidios cruzados en los que se basa la estrategia de Illiad. De paso, SFR reduciría sus costes, ya que no dependería de alquilar líneas a Orange. El operador antes llamado France Télécom perdería una fuente no despreciable de ingresos por este capítulo.

Este tipo de movimientos tiene antecedentes recientes en Europa. Vodafone ha comprado Kabel Deutschland y ha presentado una oferta por Ono, que de momento no ha sido aceptada, pero tampoco rechazada de plano. El runrún del sector hace circular versiones sobre otras operaciones del mismo cuño.

Según el diario económico Les Echos, Vivendi retendría un 32% de la empresa fusionada, con lo que al menos de momento su desinversión en el mercado de comunicaciones móviles sería limitada. Queda por ver qué hará con otros activos: tras la venta a Etisalat de su participación en Maroc Télécom, le quedan operaciones en varios países africanos y su posición en Brasil a través del operador GVT, que podría entrar en alguna otra jugada. Un analista de Berstein cree saber que al nuevo equipo dirigente de Vivendi – controlada por el multimillonario Vincent Bolloré – se le abren dos opciones: retornar dinero a los accionistas o invertir en nuevas actividades. Queda claro, en cualquier caso, que el centro de gravedad de Vivendi dejará de ser las telecomunicaciones.


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