11/03/2014

11Mar

Las negociaciones sobre la oferta de Vodafone por Ono se han llevado en Londres, donde tienen su sede tanto el grupo comprador como los fondos de inversión que controlan el operador de cable español. Como debe ser. Madrid sólo pondrá el escenario para que el consejo de administración de Ono convalide lo que dicten los propietarios. La filial española de Vodafone está al margen del proceso en su fase financiera, pero le tocará lidiar con una integración mucho más ardua que la recordada absorción de Tele2 (una minucia, vista retrospectivamente).

Lo que más importa ahora a Francisco Román y António Coimbra, que dirigen Vodafone en España, no es la adquisición en sí misma sino el salto que podrá dar en su oferta convergente. Porque hay que reconocer que, al paso que lleva la ofensiva de Movistar Fusión, el plan de Vodafone y Orange para desplegar fibra al alimón, va demasiado lento y se quedará corto como táctica competitiva. Lo más probable es que a partir de abril las partes empiecen a renegociar ese acuerdo, y Orange tendría que buscarse una alternativa.

Stéphane Richard, CEO de Orange, dijo esta semana al presentar los resultados del grupo, que su filial española tiene una cuota del 15% en banda ancha, «lo que nos convierte en el segundo actor del mercado», y añadió que espera participar de la consolidación: «todo el mundo sabe que hay varias combinaciones posibles en España».

Entretanto el «interés manifiesto» de Telefónica en quedarse con Digital Plus (en alianza con Mediaset), cambiaría radicalmente el panorama. Está visto que sólo quien reúna condiciones para construir una oferta convergente tendrá futuro en la TV de pago en España. Una vez desvelado el acuerdo entre Orange y Netflix en Francia, se puede imaginar que sería trasladable al mercado español.

O sea que, entre otras consecuencias, será menos relevante medir las fuerzas de los operadores móviles en función de las altas y bajas de clientes. Quedará fuera de estos movimientos Yoigo, que ha renunciado concientemente a ser un competidor convergente, para cobijarse a la sombra de Movistar.

Desde Francia llegan más noticias sobre el futuro del segundo operador móvil, SFR, propiedad del grupo Vivendi. La hipotética ´fusión´ con Numericable responde a la pauta que se viene observando en otros países europeos [la venta de Ono se inscribiría en esa corriente, en sentido inverso], pero ha aparecido una variante que puede abortar la operación. La decadencia de SFR podría tener otra salida, su fusión con Bouygues, con lo que el tercer operador móvil pasaría a ser el segundo, con posibilidades de pelear el mercado de Orange.

El ministro de Industria, Arnaud Montebourg, es partidario de esta fórmula de consolidación, que implicaría reducir de cuatro a tres el número de actores en escena. Para hacerla digerible, Montebourg habría pactado con el millonario Martin Bouygues que este se desprendería de su infraestructura redundante vendiéndola a Free, cuarto operador cuya agresividad está en el origen de todo el enredo. Orange tiene ahora otro motivo de preocupación en Francia, por si tuviera pocos: una parte importante de sus ingresos procede de alquilar su red a Free (y a Bouygues, que se quedaría con la de SFR). No hay noticia de cómo reaccionará Numericable, que hasta ahora negociaba con Vivendi desde una posición de fuerza. ¿Será verdad que incluso en el tablero de la adormecida Europa se están moviendo los alfiles?


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