5Jun

5/06/2012

Hoy día, casi cualquiera parece tener opinión acerca de Alemania y el papel que juega (y el que debería jugar) en las varias crisis superpuestas que vive Europa. Como mi opinión no vale nada, quisiera compartir un resumen del texto de Marshall Auerback en Economonitor. El autor parte de la idea de que la actitud alemana se entiende mejor si se distinguen “tres Alemanias”. ¡Vaya! Una, que llama la Alemania del Bundesbank, reflejaría una fobia histórica por la inflación y una adhesión teológica a la disciplina monetaria. La segunda sería, en este esquema, la Alemania internacionalista, cuyo máximo exponente fue Helmut Kohl, convencido de que el mundo sólo desterrará los prejuicios sobre Alemania si esta contribuye a fortalecer las instituciones europeas impregnándolas de federalismo.

La primera corriente tiene ahora vara alta en Berlín y Frankfurt (y en Bruselas), mientras que la segunda ha sido gradualmente acorralada por los sucesores de Kohl. Habría una tercera variante en ascenso, que Auerback llama la Alemania industrial, cohesionada por los grandes grupos industriales (Siemens, Daimler, Volkswagen y la industria química), que son beneficiarios de la disciplina monetaria impuesta por el Bundesbank, pero a la vez reconocen que un mercado europeo abierto e integrado es lo que les da vida como empresas. Este componente de la sociedad germana habría comprendido – mucho antes que la mayoría de los otros europeos – que en esencia la moneda única ha conseguido la proeza de atraer al redil a los países que denominan “devaluacionistas crónicos”.

En otras palabras, esta tercera Alemania promovió en su día el euro por razones adyacentes a las de Kohl: para que fuera un artefacto monetario al servicio de la competitividad de los productos y servicios alemanes en Europa y en el mundo. La moraleja de Auerback sugiere que si los fundamentalistas de Frankfurt prevalecen, algunos países saldrían del euro (expulsados o voluntariamente, a estos efectos da lo mismo) y el cinturón de seguridad que estabiliza la economía alemana se aflojaría peligrosamente. Espero que nadie se moleste por haberme apartado unos milímetros de las inquietudes del sector para el que escribo.

LTE, una generación algo remolona

5/06/2012

A finales de mayo se reunió en Barcelona la llamada LTE World Summit, secuela del Mobile World Congress de febrero y a la vez consecuencia de que la capital catalana haya sido designada “capital mundial del móvil”. Asistieron más de 2.000 delegados venidos de un centenar de países, pero como el evento no colapsó los hoteles ni los taxis de la ciudad, la prensa local no encontró materia para ocuparse de materia tan exótica. Sin embargo, aunque “cumbre” parece una denominación pretenciosa, allí se debatieron asuntos de mucho interés. Tiene mucho sentido adelantar uno: LTE avanza lentamente en Europa, entre dudas acerca de la rentabilidad de las inversiones necesarias. Leer más

4Jun

4/06/2012

El Nasdaq, donde cotiza la mayoría de las empresas tecnológicas de Estados Unidos, ha cerrado mayo con una caída del 2,8% en su índice compuesto: el peor mes de los últimos dos años. Si la salida a bolsa de Facebook hubiera sido el éxito que muchos esperaban, tal vez habría enmascarado estadísticamente la tendencia a la baja, en la que han sucumbido casi todas las cotizadas que dan volumen al mercado (entre ellas un “valor seguro” como Apple). Pero la OPV no fue un éxito, y el los inversores han tomado buena nota. Habría que ser optimistas para pensar que Facebook puede cotizar pronto por encima de los 30 dólares (el viernes cerró a 27,72). En este contexto, agravado por las dudas sobre la economía, los analistas predicen que se congelarán las salidas a bolsa previstas para los próximos meses.

¿Y si las consecuencias fueran de más largo alcance? El veterano William Hambrecht, fundador de la banca de inversión que lleva su nombre, es de los que piensan que la ansiedad de Facebook y el oportunismo de sus banqueros se han cargado la legitimidad de las OPV al convertirlas en un meecanismo “disfuncional”. La raíz se remonta a finales de los 90, pero la obsesión con la burbuja subsiguiente impidió que se tomara conciencia de la naturaleza del problema. Durante el boom de las puntocom, razona Hambrecht, los gestores profesionales de fondos se hicieron a la idea de que cualquier acción nueva, por el hecho de serlo, produciría beneficio rápido. “Con Facebook, el truco no ha funcionado, y mucho me temo que los inversores minoristas han perdido la ingenuidad”.

EMC abre el juego por las bandas

4/06/2012

Los responsables de la comunicación de EMC han querido presumir de grandes cifras: cuando definen como megalaunch la presentación simultánea de 42 nuevos productos (variopintos y de muy dispar interés, pero 42 al fin de cuentas), pretenden reafirmar algo de sobra conocido: su liderazgo del mercado mundial de almacenamiento se agranda. A su imponente show del mes pasado en Las Vegas, EMC World, acudieron 13.000 clientes y partners, pero si se prescinde del tamaño, las noticias realmente sensacionales no estaban en la lista: la hoja de ruta de EMC hacia la tecnología flash se acelera, y la frontera entre almacenamiento y servidores empieza a diluirse. Leer más

1Jun

1/06/2012

RIM, el fabricante de BlackBerry, está al borde del abismo, y su nuevo CEO, Thorsten Heins, pide tranquilidad ante la desbandada de directivos. Al mismo tiempo, transmite las peores noticias: que el trimestre que se cierra mañana arrojará pérdidas operativas. Heins ha añadido algo que da que pensar: personalmente, es partidario de aguantar o de buscar partners interesados en licenciar su nuevo sistema operativo, pero “no descarta ninguna otra posibilidad”. Se refiere a la presión que ejerce un accionista voraz para que la empresa sea vendida cuanto antes, preferentemente a un fondo que tardaría poco en desguazaría para “extraer valor” a sus activos. Esta táctica destructiva ha sido preconizada por otros inversores llamados “activistas”, en distintas empresas en dificultades.

Se puede entender la ansiedad de los accionistas: en 2008, la empresa valía en bolsa 78.000 millones de dólares, hoy podrían comprarse todas sus acciones por 5.200 millones. Pero todas las variables propuestas huelen a fracaso. ¿Conseguiría Heins aguantar hasta principios de 2013 – fecha prevista de salida de BB10 – con una cuota de mercado en descenso? ¿A quién podría interesar compartir un nuevo sistema operativo que no ha pasado la prueba del mercado? ¿No es demasiado tarde para romper el cordón umbilical entre un modelo de negocio y los activos en los que se sustenta? Durante un tiempo, se habló de la hipótesis de venta de RIM a Microsoft (o a Nokia, como si esta pareja no tuviera ya suficientes problemas de integración) y estos días circulan otros nombres imposibles: IBM, Oracle o Cisco.

Es cierto, en todo caso, que sólo las patentes propiedad de RIM valdrían más que su capitalización bursátil actual, por lo que la idea del despiece no es – financieramente – descabellada. Todo este ruido no ha mostrada una sóla alternativa convincente. Entre muchas cosas que lamentar en la situación de BlackBerry, no es moco de pavo que el mercado de los smartphones se decanta gradualmente hacia un duopolio de facto entre Apple y Samsung. En pocos meses, hemos comprobado que todos (o casi todos) sus competidores se derrumban uno tras otro. Si Windows Phone no lo remedia, que esta sí que es otra historia.

30May

30/05/2012

El descalabro de Facebook en su salida a bolsa podría tener consecuencias que ni el más escéptico imaginaba hace pocos días. Los inversores minoristas, un colectivo de millones de individuos en Estados Unidos, han empezado a proclamar su desconfianza acerca del funcionamiento del mercado bursátil. Su argumento es fácil de entender: bancos, brokers, inversores institucionales y directivos de Facebook, han ganado millones, de dólares, mientras ellos han perdido dinero . Sospechan que no es la primera vez que ocurre – aunque no en esta magnitud – y se temen que volverá a ocurrir, a menos que los reguladores intervengan.

Por supuesto, hay fundamentalistas que sostienen que el rigor de la regulación – acentuado tras el fraude de Enron en 2001 – explica por qué las salidas a bolsa se organizan de modo que inicialmente favorecen a los enchufados, dejando los riesgos a cargo del inversor despistado. A fortiori, del argumento se desprendería la conveniencia de rebajar el rigor de la regulación. The Economist teorizaba días atrás sobre el desprestigio al que se están condenando las empresas cotizadas, una fórmula inventada en el siglo XIX para capitalizar el desarrollo de la industria, y de la que con muchas mañas se han valido ciertas empresas de Internet, convencidas de estar alumbrando una nueva sociedad.

Otra perversión del “capitalismo popular”, que no es nueva pero ha alcanzado su cénit desde la OPV de Google, es el poder omnímodo de los grupos de fundadores, que acumulan un poder de voto inalcanzable para el resto de los accionistas aunque se pusieran todos de acuerdo. Esta es, ni más ni menos, la receta de Mark Zuckerberg. Ahora salta la duda de si otras empresas que esperaban salir próximamente a bolsa a rebufo de Facebook, lograrán repetir el truco o si el público, ya avisado, verá el doble fondo de la chistera.

Facebook, up in the air*

30/05/2012

Visto lo visto, la recurrente discusión entre burbuja sí / burbuja no, suena un poco pueril estos días, y convendría aparcarla hasta tener más noticias. La salida a bolsa de Facebook, que debía desmentir a los escépticos, ha resultado ser un fiasco, convirtiendo “la mayor OPV de la historia” en una chapuza no menos histórica. Orquestada al alimón por la bisoñez de la empresa y la codicia de los bancos colocadores. Los pequeños inversores se sienten engañados y la pregunta que muchos se hacen ahora es si en los próximos meses Facebook será capaz de impulsar su modelo de negocio con el vigor suficiente como para justificar una valoración que, a día de hoy, es racionalmente excesiva. Leer más

29May

29/05/2012

Normalmente, estos comentarios –que en casa llamamos epístolas – tratan algún asunto distinto al del post del día. Procuro, por lo general, darle un enfoque más personal y, si soy capaz, desenfadado. Contra la costumbre, hay un nombre que vincula ambas piezas de hoy: Mike Lynch, el inglés que fundó Autonomy en 2005 y el año pasado la vendió a HP por más de 10.000 millones de dólares.

La noticia es que Lynch se va de HP, en circunstancias no aclaradas. Antes, se ha ido el 20% de los que llegaron con él. Es natural que un empresario se aleje de su criatura tras venderla a otra empresa más grande. Y es tan natural como que Lynch ganó personalmente 800 millones de dólares con la transacción. Parece que se produjo lo que el tópico suele llamar un choque de culturas. Cuando HP compró Autonomy, al mando de la primera estaba Leo Apotheker, convencido de que la compañía debería vertebrarse en torno al software (antes, había comprado Vertica, también especializada en business analytics). El problema es que Meg Whitman, su sucesora, no tiene la misma idea del futuro.

Hay otro elemento con el que se debería contar. Mike Lynch no es un producto estereotipado de una escuela de negocios, sino un matemático doctorado por Cambridge y condecorado por Isabel II. Su tesis doctoral versó sobre Thomas Bayes, un matemático del siglo XVII que durante toda su vida buscó una fórmula que demostrara la existencia de Dios. Un tipo como Lynch (47) no se iba a quedar sentado esperando que Whitman le encontrara mejor destino dentro de la compañía. Los periodistas se preguntan qué planes tiene en mente.

La señora Whitman pide más tiempo

29/05/2012

Si la candidata republicana Margaret Cushing Whitman hubiera ganado en 2010 las elecciones en California, hoy tendría que apechugar con el déficit que Arnold Schwarzenegger dejó a su sucesor, el actual gobernador Jerry Brown. Pero Meg Whitman perdió las elecciones y volvió por la puerta grande a la empresa privada. Como CEO de HP desde hace ocho meses, apechuga con otros problemas: en los dos trimestres cerrados desde su llegada, los ingresos de la compañía han bajado un 5% y los beneficios un 38%. Como es sabido, la herencia recibida es una excusa de patas cortas, por lo que Whitman se empeña en demostrar que lleva el timón y marca el rumbo. Convence, pero todavía no vence. Leer más


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