15/11/2022

Intel se apunta a las redes abiertas

Sería digno de concurso encontrar algún usuario de dispositivos digitales que desconozca el nombre de Intel, a pesar de que sus chips no equipan ni un solo modelo de teléfono móvil. Sin embargo, la mayoría de esos usuarios desconoce que Intel está presente en la infraestructura de las redes por las que circula el tráfico de voz y datos del dispositivo que llevan en el bolsillo. Se explica por errores pasados de Intel, pero no quita que la compañía se involucre con naturalidad en lo que se cuece en la marmita de las telecomunicaciones. Un tema para conversar, a su paso por Madrid, con Caroline Chan, quien con rango de vicepresidenta es directora general de su división Network and Edge Group.

Caroline Chan

Chan ha pasado su carrera profesional vinculada a las infraestructuras y se excusa de comentar por qué Intel se ha quedado fuera del suministro de procesadores (y luego de módems) al iPhone: no es materia de su competencia. Pero representa a la compañía en los trabajos del Telecom Infra Project (TIP), entidad  que ha celebrado en Madrid su conferencia, tras un paréntesis desde 2019.

El telón de fondo de la conferencia, según Chan, es el siguiente: de un lado, las redes evolucionan hacia arquitecturas abiertas y virtualizadas; de otro, los operadores – y con ellos la industria proveedora – debaten las estrategias adecuadas para capturar las oportunidades que se perfilan en el mercado con 5G y tomarán forma con la siguiente generación. No sería lógico que Intel se abstuviera de intervenir en este debate: es miembro fundador del TIP hace seis años y medio, participando activamente en os comités técnicos relacionados con Open RAN.

El Network and Edge Group combina dos componentes que confirman hasta qué punto la conectividad ha penetrado profundamente en las empresas, sintetiza Chan. “Es notorio que varios de los operadores que han presentado sus resultados últimamente, han puesto de relieve un estancamiento del mercado de consumo a la vez que un despegue de las redes 5G empresariale. Intel lo ha interpretado como un síntoma que le ha llevado a fusionar dos estructuras precedentes bajo una responsabilidad común”.

La diferente percepción de consumidores y empresas ocupó buena parte de la charla, en una pausa de las sesiones de FÿUZ. “Es evidente que cada generación sucesiva de redes celulares ha planteado retos diferentes a la industria. La 3G nos ofreció una enorme mejora de conectividad, pero su impacto sobre Internet no sería verdaderamente explosivo hasta que proliferaron, ya con 4G, aplicaciones y servicios muy demandados, así como los ahora insustituibles contenidos de vídeo […] 5G condensa todas las posibilidades de sus antecesores y las pone al alcance de diferentes mercados: en una fábrica, ofrece prestaciones que el consumidor no conoce ni conocerá. No lo vemos como un punto de llegada: ahora mismo, 5G ha recorrido sólo una parte de su camino, cuando ya empieza a desbrozarse el que lleva a 6G”.

La doctrina de Intel es fácil de compartir: en el mundo digital prevalecen cuatro fuerzas motrices: conectividad, cloud, inteligencia artificial y edge [donde se origina y se procesa un creciente volumen de datos]. Tanto el hardware como el software requieren optimización y flexibilidad que les garantice capacidad de escalar. Y lo que de ello se concluye: “la nueva era de las telecomunicaciones abre la oportunidad de redes de acceso virtualizadas (vRAN) que han de ser diseñadas como ecosistemas abiertos. Intel está vivamente interesada en ese proceso”.

El mérito de la evolución así descrita ha consistido en potenciar los usos empresariales de las redes, otorgando relevancia a la actual corriente de redes privadas que han emergido como un mercado per se, que alienta una reflexión sobre los usos del espectro y las infraestructuras. Caroline Chan no lo dice, pero de sus palabras se desprende que el futuro de las telecos (y con ellas, ya se ha dicho, el de la industria proveedora) no puede brillar como merecen sí dependiera sólo de los consumidores: las encuestas revelan que al 80% de estos, lo que más les importa de la telefonía móvil es el precio, un punto de vista que corroe todo argumento acerca del valor que aporta a la sociedad.

Intel se ha sumado – no hubiera podido oponerse – a la corriente favorable a las redes abiertas. Aunque esta toma de partido pueda parecer, desde una óptica convencional, contradictoria con el dominio que su arquitectura x86 detenta en las infraestructuras de los operadores. Esta “renta de situación” es lo que Intel defiende al trabar desde dentro del TIP: como credencial de legitimidad, Chan recuerda que hace seis años y medio ella misma participó, en representación de Intel, del nacimiento de esta iniciativa que ha sido punta de lanza para que se extendiera la noción de apertura de las redes.

Pero no todos, dentro del TIP, consideran que la arquitectura x86 sea idónea para cumplir los objetivos que se plantean con Open RAN. Tras las bambalinas, al margen de las sesiones públicas de la conferencia, esta disyuntiva se mantiene viva. Desde Estados Unidos a Japón, allá donde emergen las redes de acceso abiertas y virtualizadas [OpenRAN / vRAN] esas infraestructuras emplean procesadores de Intel, una realidad embarazosa para los proponentes de la pluralidad de vendedores con el propósito de bajar costes.

Empiezan a aparecer alternativas, basadas en el concepto de aceleración ´inline`que descarga a la CPU de ciertas funciones. Marvell – seguidor de la arquitectura ARM – sostiene que su solución es más eficiente que la de Intel. Otra compañía de la misma cuerda, Qualcomm, también predica la aceleración. No existen todavía productos de estos fabricantes, pero ya despiertan interés en los operadores. Scott Petty, chief digital and information officer de Vodafone, declaraba a finales del año pasado que los suministradores de OpenRAN no serán realmente competitivos mientras sus procesadores sigan basándose en x86. Tesis que no habrá sentado nada bien a Intel.

Aunque este proceloso asunto no formó parte de la conversación con Caroline Chan, es conocido que Intel ha reaccionado al envite de sus adversarios proponiendo su propia alternativa de aceleración inline, llamada a integrarse directamente en la nueva familia de chips Sapphire Rapids, combinándola con un software que denomina FlexRAN.

La ventaja de Intel en esta batalla reside en que lleva años trabajando su opción, mientras que sus rivales todavía tienen que demostrar la validez de las suyas, en un mercado muy exigente y, en principio, valioso: según estima la consultora DellOro, OpenRAN debería representar en 2026 el 15% del negocio que generarán las infraestructuras de acceso a las redes. El reparto de este maná dependerá – entre otros factores – de decisiones que deberán tomar los operadores, entre los que dista de haber consenso.


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