12/08/2019

Apple no quiere depender de los chips ajenos

Al cabo de una tortuosa historia, parece que al fin Apple conseguirá ser tecnológicamente autónoma… pero a medio plazo. En origen, la disyuntiva era que si quería llegar al mercado a tiempo con un iPhone 5G – el tiempo, siempre el factor tiempo – debería ponerse en manos de Intel para que esta entregara (en plazo, claro) un nuevo módem. O bien, lo que acabó haciendo, tragarse el sapo de un acuerdo con Qualcomm tras una ingrata querella. Como esto ya ha sido contado aquí, no se repetirá. Los adversarios firmaron la paz a la vez que Intel se retiraba y ponía en venta activos relacionados con ese desarrollo. ¿A quién? Buena pregunta: no encontró ni habría encontrado mejor cliente que Apple.

Johny Shruji

El acuerdo de compraventa, por unos 1.000 millones de dólares – la redondez es de momento sospechosa – permitirá a Apple reforzarse para producir su propio módem, bajo la dirección del ingeniero israelí Johny Srouji, a la sazón vicepresidente senior a cargo de la tecnología de hardware.

No hay, que se sepa, relación alguna entre el ascenso a primer plano de Srouji y la casi simultánea salida de Jony Ive, el mago del diseño y compinche de Steve Jobs, pero la coincidencia vale para subrayar que la prioridad número uno de Apple no es otro diseño ´emblemático` sino la eliminación de la dependencia de tecnologías que no controla. La mejora y optimización de ´las tripas`, el interior, es más importante por ser más determinantes del ascendente negocio de servicios.

Gracias a las más de 8.500 patentes adquiridas a Intel y a los 2.200 empleados que cambian de empresa, Apple puede proponerse el desarrollo de su módem para las futuras generaciones del iPhone. Entretanto, el de sus primeros modelos 5G – no antes de la segunda mitad de 2020, presumiblemente, que ya es dar ventajas – será suministrado por Qualcomm, a la que ha garantizado un contrato por seis años prorrogable por otros dos. Es el generoso tiempo máximo que va a tener Srouji para cumplir el objetivo.

Por su lado, Intel ha tenido que tragarse otro sapo, la vergüenza de perder por tercera vez un cliente tan importante como Apple. Su CEO, Bob Swan, ha procurado ser balsámico: “este acuerdo nos da la oportunidad de centrarnos en el desarrollo de tecnologías para las redes 5G y a la vez de retener propiedad intelectual que consideramos crítica en otras áreas de negocio”. No hay por qué dudar de su palabra, pero el pato lo ha pagado injustamente Sandra Rivera que se ha quedado sin su vicepresidencia de plataformas de red para pasar a una posición creada a su medida, Chief People Officer. Aunque la información es imprecisa, sugiere que Intel podrá seguir utilizando una parte de la tecnología transferida a Apple para aplicarla a otros dispositivos, particularmente de IoT y vehículos autónomos.

Desde luego, para Apple el diseño de semiconductores no es una novedad. Comenzó aproximadamente con el fichaje de Srouji, procedente de IBM, en 2005, la fase preliminar del primer iPhone. Con los años – y alguna adquisición siempre ayuda – conseguiría  independizar sus desarrollos in-house de procesadores cuya fabricación contrata a terceros (Samsung primero, TSMC luego). El logro más elogiado de su equipo de desarrollo ha sido el chip A11-Bionic, para el iPhone 8.

En una entrevista con la prensa de su país natal, Srouji explicaba así el porqué de esta búsqueda de una autosuficiencia que sólo gozan Samsung y Huawei. “Mi equipo lleva bastante  más de un año trabajando en el diseño de chips que los usuarios no verán hasta 2020 o más allá […] Esta escala de tiempo es fundamental para contrastar nuestros conocimientos con las capacidades de fabricantes externos, hasta obtener exactamente lo que queremos. Gracias a que controlamos desde el silicio hasta el software, además de la propiedad de un sistema operativo, somos los responsables finales de que el hardware que llega al usuario responde exclusivamente a las especificaciones de IoS, a diferencia de quienes tienen que ajustarse a la evolución de otros (sic) sistemas operativos”.

Aunque un centro a base del I+D en semiconductores de Apple está en San Diego, muy cerca de la sede de Qualcomm, otra muy relevante se encuentra en Herzliya, al norte de Tel Aviv. Al poco tiempo de iniciar su actividad en el país, en 2011, Apple adquirió una startup israelí, Anobit, especializada en memorias flash; a finales del año pasado cerró la compra de Dialog Semiconductor, que le suministraba chips encargados de gestionar las baterías de sus dispositivos.

Con la venta de activos a su único cliente en este campo, Intel escribe el final de una aventura que inició en 2011 con la compra parcial de la alemana Infineon, que suministraba módems 3G a Apple. El propósito era transparente; entrar en la cadena de suministro de Apple; pero al poco el cliente canceló el contrato con Infineon y lo traspasó a Qualcomm, que presentaba una ventaja devisiva, conocer al dedillo la tecnología usada por grandes operadores de telefonía móvil.

A Intel, que carecía de vínculos comparables, le quedaba la opción de abandonar el campo o perseverar invirtiendo en el desarrollo de módems 4G y procesadores de bajo consumo, con los que competir con Qualcomm.  Anecdóticamente, durante el juicio entre esta última y Apple, se conoció un testimonio – que a ninguna de las partes interesó rebatir – según el cual la paridad de recursos invertidos, el producto de Qualcomm daba un rendimiento tres veces superior a los intentos de Intel.

En 2015, el CEO de Intel, Brian Krzanich, tomó la decisión de contratar a Venkata (Murthy) Renduchintala, por entonces presidente de ingeniería de Qualcomm, a quien otorgó plenos poderes para influir en la estrategia de móviles, desplazando a la responsable, Aicha Evans. La medida que tomó Renduchintala pilló a muchos de sorpresa: después de invertir 10.000 millones durante los tres años precedentes, Intel capituló y renunció a sus planes de procesadores para smartphones, pero mantuvo en pie la rama de módems, que según su experiencia iba a ser clave para el despegue futuro de 5G.

De pronto, ese mismo 2016, el cielo se abrió para Intel. Apple decidió usar su módem 4G en algunas versiones del iPhone 7, coexistiendo con otro de  Qualcomm. Era el preludio a un conflicto judicial con este suministrador. Era un buen negocio, la perfecta revancha de Krzanich.

Así las cosas, a lo largo de 2017, Apple se ofreció a colaborar con Intel en el diseño de un módem 5G, que se llamaría 8060. En noviembre, Srouji delegó las pruebas en un ingeniero de su equipo que había trabajado en Infineon antes de la compra por Intel. Como resultado, Intel prometió que el prototipo definitivo estaría disponible en mayo de 2019, pero seis meses antes del plazo canceló el proyecto y puso a su gente a trabajar en otro diseño, que bautizó como 8160.

Quizá fuera entonces cuando Srouji aconsejó a Tim Cook recomponer las cosas con Qualcomm. Dicho y hecho: era la única posibilidad razonable de incorporar un módem 5G al iPhone que – según la entrevista citada – Apple lleva tiempo preparando. Este pacto no cancela las intenciones de autonomía; todo lo contrario, las agudiza pero cumplirlas requiere tiempo. Tim Cook ha declarado que Apple “ya controla todas las tecnologías primarias que incorporan sus productos”. No es del todo cierto: hay una pieza de silicio que no controla [aunque estuvo a un paso de entrar en un consorcio que intentó comprar Toshiba Memory (hoy Kioxia) sin conseguirlo]. Incluso para Apple, ese segmento sería un jardín endiablado, así que por ahora ahí tiene un límite a su deseo de autonomía.


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