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No es una ducha escocesa, pero duele como si lo fuera. A principios de 2012, los oráculos de la consultora iSuppli pronosticaron que este año se venderían 22 millones de ultrabooks (también llamados ultrafinos), la categoría en la que Intel, Microsoft y toda la industria del PC han puesto sus esperanzas de reanimar la demanda. Nuevos microprocesadores, nuevo Windows, diseños esbeltos y nuevos materiales, deberían ser los factores capaces de vencer la anorexia del consumo. Sorpresa a medias: esta semana iSuppli ha bajado el pronóstico a menos de la mitad: 10,3 millones de unidades. Y para que se cumpla, haría falta que en el cuarto trimestre, ya iniciado, se vendan tantas como en los nueve meses transcurridos. En 2013, que debería ser el año del auténtico despegue de la categoría, la cifra también se recorta: de 61 a 44 millones de unidades (de todos modos, más de un 300% de aumento, que ya es decir).
¿Qué está pasando? Según el analista Craig Stice, “la industria no ha acertado a crear entre los consumidores la excitación necesaria para contrarrestar la moda de los smartphones y las tabletas”. Es un reproche bastante injusto: si los productos con Windows 8 no estarán disponibles hasta los últimos días de octubre, el margen para un marketing eficaz es demasiado estrecho. Y si, además, Intel se dedica a poner palos en la rueda sugiriendo – y desmintiendo luego con la boca pequeña – que el nuevo sistema operativo saldrá con fallos iniciales, el efecto es necesariamente negativo. Por otro lado, la propia Intel envía mensajes contradictorios cuando habla prematuramente de un nuevo procesador Haswell que nadie verá hasta bien entrado el año que viene.
El otro problema, determinante, es el precio. A pesar de los 300 millones de dólares que Intel ha destinado a subsidiar nuevo diseños de los fabricantes, estos no han encontrado el modo de acercarse al objetivo de 600/700 dólares de PVP. Por atractivas que sean las prestaciones – que lo son – los consumidores no se precipitarán en acudir a las tiendas: su reflejo comprensible será esperar unos meses. En este contexto, ya que no puede contar con una demanda masiva, la industria opta por preservar los márgenes y aguntar el tipo en lugar de jugársela. Aun así, los analistas sostienen impávidos que en 2016 se venderán 95 millones de unidades. ¿A alguien le sorprende que prospere el discurso sobre la era post-PC?
Esta vez no había secreto que guardar. Todos sabían – Oracle había corrido la voz – lo que iba a anunciar Larry Ellison el domingo por la noche, en la apertura de la conferencia OpenWorld en San Francisco. Cuatro fueron los anuncios: la nueva base de datos Oracle 12c, dos servicios de infraestructura cloud y un servidor de base de datos, Exadata X3. Todo dirigido a demostrar que Oracle tiene una alternativa a las propuestas de “nube sin hardware” que postulan algunos de sus competidores. ¿Cuál es el más importante de los cuatro? En una visión provisional, la gran novedad es la base de datos 12c, que renueva el producto estrella de Oracle por primera vez en cinco años. Leer más
Este miércoles 3, Meg Whitman tendrá una cita importante, la conferencia anual de HP con los analistas. Se supone que revelará el guidance de la compañía para el ejercicio 2013, pero no se apartará de la línea trazada por la CFO, Cathy Lesjak en agosto: “[…] desde una perspectiva macro, el contexto es aún más difícil de lo que pensábamos hace sólo dos meses [por lo que] somos prudentes en nuestras expectativas de crecimiento global de la demanda, tanto de las empresas como de los consumidores”. De lo que no parece haber duda entre los analistas es de la rapidez con la que la CEO de HP está cumpliendo sus planes de reducción de costes: para finales de este año, la nómina se recortará en 11.500 personas, y la cifra se elevará a 29.000 en 2014.
¿El mercado? El lanzamiento de la primera tanda de PC basados en Windows 8 podría insuflar algo de aire a la demanda, aletargada últimamente. Pero falta demostrar que el nuevo sistema operativo – con impresionantes prestaciones para los consumidores – cause la misma impresión en las empresas antes de mediar el ejercicio 2013, cuando ya se les haga insoportable prolongar la vida de Windows XP (que se quedará sin soporte en abril de 2014).
Los analistas tienen asumido lo anterior, por lo que podrían acosar a Whitman por otro flanco: le pedirán pruebas tangibles de que las líneas de negocio orientadas a las empresas (servidores, redes, software, almacenamiento y servicios) están cumpliendo las expectativas por las cuales se han agrupado en una organización común. En particular, le pedirán que clarifique la estrategia de cloud computing, sobre la que podrían escuchar algún anuncio importante. También querrán saber si las ventas de software de Autonomy han avanzado desde la precipitada marcha del fundador de la compañía británica; y si no fuera así, preguntarán si tiene intención de amortizar en libros el altísimo precio pagado.
La señora Whitman tiene muchas tablas y sabe gestionar la relación con los analistas. Y es consciente de que entre ellos hay una corriente que, machaconamente, saca a relucir la idea de una partición de HP, por la que segregaría sus actividades de consumo. Por tratar de contentar a esa facción de Wall Street, su torpe antecesor, Leo Apotheker perdió el puesto. A la vista de lo dicho y hecho hasta ahora por Meg Whitman, no parece dispuesta a ceder a esas presiones de inspiración poco fiable.
En 2008, un alto directivo de Ericsson se atrevió a predecir que los puntos de acceso público a Wi-Fi llegarían a ser “tan irrelevantes como las cabinas de teléfono callejeras”. Lo que pretendía ser una expresión de confianza en la tecnología móvil celular de Ericsson, resultaría ser una pifia memorable. Cuatro años después, la difusión de WiFi es esencial para la estrategia de los operadores móviles, hasta el punto que la propia Ericsson ha comprado la empresa especializada BelAir, para atender esa demanda de los operadores. Hoy, Ericsson es probablemente el más entusiasta promotor de Wi-Fi entre los fabricantes de equipos para operadores móviles, y así lo dice su CEO, Hans Vestberg. Leer más
John Chambers se incorporó a Cisco en 1991, y cuatro años después fue nombrado CEO. Lleva, pues, 17 años en el cargo – algo insólito en estos tiempos y en esta industria – y, con 63 años de edad, sería impensable que no hubiera cotilleos acerca de sus planes de retirada. En los últimos años, varios presuntos sucesores in pectore abandonaron la compañía tras mostrar su ambición antes de tiempo. Esta semana, Chambers ha declarado abierto una especie de concurso para seleccionar a la persona que herederá su cargo “dentro de dos a cuatro años”. Para entonces, “si el consejo lo quiere y los accionistas lo aprueban”, Chambers estaría dispuesto a seguir como chairman.
Las credenciales de Chambers para condicionar su herencia son por demás evidentes: en 1991, cuando entró como VP mundial de ventas, Cisco facturaba 70 millones de dólares; en 1995, con su ascenso a CEO, había subido a 1.200 millones, y el ejercicio 2011 lo cerró con 43.000 millones de facturación, aunque con un descenso de la rentabilidad.
Según Chambers, hay una lista de 10 potenciales sucesores, a quienes el consejo evalúa trimestralmente con esa intención. No dio la lista completa, sólo mencionó a cuatro que reunirían los requisitos: Robert Lloyd, Chuck Robbins y Edzard Overbeek, además de Gary Moore, actual número dos de la compañía y – se suponía hasta ahora – heredero natural. En su condición de Chief Operating Officer, está previsto que Moore sea el sustituto si al CEO le ocurriera algo [the hit by the bus scenario], pero ni así tiene garantizada la herencia. Puede que este fuera el mensaje que Chambers ha querido transmitir. ¿Por qué y para qué?
Gestionar la sucesión al frente de una gran empresa puede ser problemático si no existen reglas: una personalidad fuerte puede taponar la ambición de quienes esperan su turno. IBM – que ha tenido presidentes legendarios – se aferra a un protocolo por el que se ha guiado Sam Palmisano para seleccionar a Virginia Rometty y luego renunciar antes de lo previsto a la condición de chairman. En EMC, el consejo “ha pedido” a Joe Tucci que se quede como presidente hasta 2015, lo que indica que la sucesión no estaba tan resuelta como se creía. Al parecer, Paul Otellini no tiene fácil la búsquedade un nuevo CEO para Intel, porque varios ´candidatos´ han salido de escena. En cuanto a Microsoft… especular sobre el futuro de Steve Ballmer es un ejercicio estéril. Y así.
El clamoroso ridículo de Apple en relación con los mapas del iPhone ha engendrado una discusión bizantina y un cliché: con Steve Jobs, esto no hubiera pasado. Jean-Louis Gassée, el europeo que llegó más alto dentro de la compañía, discrepa en su blog:“mi admiración por el Querido Líder (sic) no me lleva a disimular la colección de sus muchos errores. Cube, antenagate, MobileMe, Siri – muy lejos de servir para algo útil – o iPhone Maps, han sido decisiones que Jobs tomó o respaldó personalmente”.
Está fuera de nuestro alcance conocer las razones del error, pero nada impide buscarlas. Cuando Apple lanzó el primer iPhone, en 2007, las relaciones con Google eran excelentes – y Android no existía – por lo que pareció natural firmar un contrato de franquicia por cinco años. Que la calidad de cartografía habría de ser una pieza fundamental de los móviles, ya lo avisaba Nokia, también en 2007, cuando decidió pagar una fortuna por la compra de Navteq.
El contrato con Google vencía en 2012, pero la amistad caducó antes. Tan fuerte era el empeño en darle un escarmiento, que Apple cometió el error –incoherente con la leyenda de su perfeccionismo – de confiar el control de calidad de sus mapas a un algoritmo, en lugar de recurrir a personas de carne y hueso. Cartógrafos, sin ir más lejos. Así salieron las cosas; se arreglarán con tiempo y dinero, pero el papelón no será olvidado. Por cierto, en el iPad, siguen funcionando los mapas de Google, objeto de otro contrato vigente.
Otra discusión online de estos días gira en torno a los cinco millones de iPhone 5 que Apple dice haber vendido el primer fin de semana. Cualquiera diría que son muchísimos, pero el analista Gene Munster – que se columpió sin necesidad al pronosticar ocho millones – nos explica la diferencia por un supuesto fallo en la cadena de suministros. Argumento peligroso, porque esa refinada logística de Apple ha sido uno de los méritos que encumbraron a Tim Cook. Sé que predico en el desierto, pero mi consejo sería que tanto los apologistas como los críticos de Apple se tomen una pausa o, al menos, bajen el volumen. Aunque ahora veo que a Apple le va la marcha: la última ocurrencia es reabrir el melón del veredicto en su juicio contra Samsung (en el que no ha recaído sentencia) pidiendo más dinero. A lo que Samsung ha replicado pidiendo un nuevo juicio.
Millones de consumidores sólo saben de Amazon que es una tienda on line. Lo es, lo ha sido desde su origen, y así ha conseguido ser el mayor minorista de Internet, con una facturación (48.000 millones de dólares en 2011) que le envidian grandes superficies de primer rango. El comercio electrónico es el principal componente de sus ingresos, pero fijarse sólo en esto daría una visión miope de la compañía. Los servicios han ganado terreno en sus resultados gracias a que ha sabido desarrollar una enorme maestría logística, una confianza casi religiosa en su capacidad de computación y sobre ambos pilares ha montado un muy eficaz sistema de atención al cliente. Leer más
Dentro de una semana, en OpenWorld, el evento anual de Oracle que convoca una multitud en San Francisco, se espera que Larry Ellison anuncie la tercera fase de su conversión (tardía, aunque él lo niegue) a la religión del cloud computing: software como servicio, plataforma como servicio y, esto es lo nuevo, infraestructura como servicio. Hasta ahora, se las ha arreglado bien para que las ofertas de SaaS y PaaS no perturben el crecimiento del negocio de software en su vertiente convencional (9% el pasado trimestre).
Como Oracle habrá aprendido de la experiencia de sus competidores, ese es un ejercicio delicado, en el que nadie puede decir que ha encontrado el equilibrio. En su caso peculiar, para que la oferta cloud compense los ingresos recurrentes (y los golosos beneficios) por la venta de licencias, la cuota de mercado tendría que subir mucho, y esto no es sencillo. Es lo que Ellison llama “transición tecnológica”. Por primera vez, la compañía ha desglosado (verbalmente) sus ingresos cloud del trimestre: 222 millones de dólares. No es mucho pero por algo se empieza.
Por mucho que Ellison y sus lugartenientes lo presenten como una trayectoria lógica, que lo es, la adición de una actividad IaaS puede tener efecto negativo sobre la venta de hardware; les ha pasado a otros, y no hay por qué pensar que no le pasará a Oracle. Con una diferencia: Oracle es un recién llegado al hardware, y esto se nota en sus cuentas. Desde que consumó la absorción de Sun, ese capítulo de sus ingresos ha descendido sistemáticamente, trimestre tras trimestre. En parte, porque eliminó del catálogo los productos de bajo margen, pero no puede estar ahí toda la explicación para un descenso del 24% en los últimos doce meses.
Oficialmente, el mensaje de Oracle es que habrán de pasar uno o dos trimestres antes de alcanzar el umbral deseable, mientras la familia Exadata/Exalogic/Exalytics sigue creciendo a tasas de tres dígitos. De todos modos, la compañía sigue gozando de una respetable rentabilidad, con un beneficio neto de 2.034 millones (+ 11%) en el trimestre.
La noticia saltó a finales de julio, al borde de las vacaciones, y en primera instancia pareció que este post podía esperar. Desde entonces, han sido tantas las repercusiones, que es hora de reparar la omisión: el anuncio de la compra de Nicira por VMware, por 1.200 millones de dólares, ha tenido la virtud de situar el concepto de software-defined network (SDN) en la agenda de la industria. En marzo circulaban rumores acerca del interés de otras compañías: Juniper, IBM e incluso Cisco, que eventualmente podría ser la más afectada. Pero, curiosamente, en la quiniela no aparecía VMware, la que ha pujado más alto al destinar a la compra en cash una quinta parte de su tesorería. Leer más