2/07/2012

Google entreabre su infraestructura

Con el aluvión de anuncios de la conferencia de desarrolladores Google I/O, es muy lógico que la atención mediática se haya concentrado en la tableta Nexus 7, en el nuevo Android 4.1 (Jelly Beam) y en otras novedades que afianzan la posición de la empresa ante el consumidor. Otra noticia, menos popular pero no menos relevante, es la decisión de Google de dar otro paso en su estrategia cloud, con la presentación de Google Compute Engine, que carga directamente contra un rival crecido, Amazon, y otro al que siempre ha tenido entre ceja y ceja: Microsoft. “Es una pieza que nos faltaba, eso es todo”, simplificó Urs Hölzle, vicepresidente a cargo de la infraestructura de Google.

Durante años – una década según Hölzle – Google ha acumulado, refinado y testeado su infraestructura para dar soporte a servicios y aplicaciones alojados en sus centros de datos alrededor del mundo. La naturaleza (“la salsa secreta de Google”, se ha dicho) y la magnitud de esa infraestructura – incluso sus fallos, que los tendrá – han sido invisibles para los usuarios. Lo que importa es que funcione. La salsa se mantendrá secreta, pero Google Compute Engine [en adelante GCE] permite conocer, o al menos atisbar, la fuerte ambición a la que responde.

En el mercado hay otras ofertas IaaS (Infraestructura como Servicio). Amazon, con su servicio Elastic Compute Cloud (EC2) es el líder, seguido a cierta distancia por Rackspace – casi desconocido en Europa – y otros competidores menores. En el estado de la competencia, Google ha encontrado motivo suficiente para pensar que este es el mejor momento para sacar a la luz ese plan que ha masticado durante años. ¿Por qué ahora? Por un lado, Amazon muestra una vocación inequívoca de competir con Google en distintos terrenos, y es lógico que se le pague con la misma moneda. Por otro lado, Microsoft va transformando sutilmente Azure, su fórmula PaaS (Plataforma como Servicio) en IaaS. Frente a estos dos peligros reales, no potenciales, Google ha decidido convertirse a su vez en amenaza. Lo hubiera hecho de todos modos, pero el matiz tiene importancia.

A quienes opinan que Google llega tarde, Hölzle replica que en realidad es el momento justo porque “en una visión global, el 99% de las empresas todavía no están en la nube [y porque] hoy todo el software se escribe pensando en la nube, y tanto el almacenamiento como los servicios se desplazan hacia la nube”. De lo que se desprende una primera conclusión: la batalla por conquistar la voluntad y la capacidad creativa de los desarrolladores de software se libra entre cuatro dueños de plataformas y/o infraestructuras cloud: Amazon, Apple, Google y Microsoft, a los que podría sumarse Facebook. Cada uno por sus razones y con sus métodos, pero este es el denominador común.

Puede afirmarse que Google tiene hoy una suite de productos disponibles en la nube [Google Apps], y que Microsoft tiene la suya [Dynamics, Office 365], y en el peldaño superior las dos ofrecen sus plataformas respectivas para que empresas y desarrolladores alojen su software en la nube: App Engine, en el caso de Google, Azure en el de Microsoft. Ambas han llegado a la conclusión de que necesitan coronar esos esfuerzos con un servicio de infraestructura, que les permita redondear un catálogo de servicios gestionados desde sus centros de datos. Algo parecido estará cavilando Apple desde que lanzó su servicio iCloud, por ahora de alcance limitado. Amazon recorre el camino en sentido opuesto: desde 2002 alquila su infraestructura (EC2), pero su instinto competitivo la lleva a redefinirla como una plataforma para atraer desarrolladores, necesarios para su estrategia.

Amazon, gracias a que empezó mucho antes, y a unos precios agresivos, se ha apoderado del liderazgo del mercado IaaS con una cifra de negocios que no desglosa pero se estima oficiosamente en unos 1.000 millones de dólares. Los competidores no sólo están celosos por la cifra, sino porque aquella, apoyándose en su clientela de infraestructura, está avanzando hacia las otras acepciones de cloud computing: una plataforma para nubes privadas e híbridas, y aplicaciones entregadas como servicio. Uno de los problemas de Amazon es la frecuencia con la que da disgustos a sus clientes, la última vez la semana pasada.

¿En qué consiste, esencialmente, la propuesta GCE? Aparentemente, es simple: máquinas virtuales sobre demanda, ubicadas en centros de datos de Google. Por ahora, sólo en Estados Unidos y con carácter limitado. La documentación publicada sugiere que el uso inicial de esa infraestructura cloud se especializará en tareas de codificación y rendering de video, trabajos de big data sobre Hadoop o cargas de trabajo masivas en misiones científicas. La gran limitación no hay que buscarla ahí, sino en que sólo contempla instancias virtuales bajo dos variantes de Linux (Ubuntu y CentOS), minoritarias al fin, y sin anticipar si alguna vez acogerá otras variantes de Linux, mucho menos si aceptará Windows (su exclusión la aísla del 80% de las cargas de trabajo corporativas).

No parece que Google contemple la expansión a corto plazo de su oferta IaaS fuera de Estados Unidos. Su plataforma App Engine, que ha estado operativa desde 2008, sólo ahora empieza a prestarse desde tres centros de datos en Europa, y esto debido a que la legislación de Alemania y Reino Unido estipula que los datos de organizaciones basadas en esos países se alojen en servidores extracomunitarios.

En realidad, no son muchas las compañías dispuestas a mover cargas de trabajo a la nube en su modalidad IaaS. Pero esta representa, para un proveedor, la oportunidad de rentabilizar infraestructuras normalmente sobredimensionadas. Google cuenta con la que probablemente es la mayor trama de centros de datos conectados entre sí, y esa puede ser su ventaja frente a Amazon, cuya red no es tan amplia – sus necesidades no son comparables a las del buscador – y sólo ahora empieza a estar interconectada. Por otra parte, la infraestructura de Amazon es neutral, ya que trabaja con cargas en Windows y Linux, mientras que algo muy raro tendría que pasar para que Google acepte la presencia de Windows.

Microsoft, con una enorme inversión en centros de datos, ha añadido recientemente 48 países (uno de ellos, Rusia) al alcance geográfico de Azure, que suma 89 mercados. Está por tanto, en óptimas condiciones para que su oferta de infraestructura funcione como expansión lógica de su plataforma. Y ha hecho algo más, muy importante: desde comienzos de junio incorpora servidores Linux: si no quiere perder terreno ante Amazon, tiene que abandonar el dogmatismo.

Con la fuerza de su condición de especialista en virtualización, VMware avanza hacia este terreno, pero todavía no puede decirse que merezca ser reconocido como proveedor de plataforma o infraestructura cloud. Otros competidores, que vienen avalados por sus modelos de servicio históricos – IBM, HP y, con su singularidad, Oracle – se mueven en aguas adyacentes, con ofertas de difícil catalogación. Apple – cuya infraestructura le permitiría entrar en ese juego prefiere centrarse en lo que le obsesiona: reforzar el cerco de su jardín, para que quien entra no salga.

El precio será un elemento fundamental en las batallas venideras. Amazon, Google y Microsoft tienen en común unas economías de escala que les permiten afrontar una competición feroz. Según dijo Hölzle en el evento de San Francisco, la compañía está en condiciones de alquilar su infraestructura a tarifas un 50% más bajas que sus competidores. La alusión a Amazon era evidente, pero el CTO de esta, Werner Vogels, ya ha advertido: “quien revise nuestra historia, verá que hemos bajado los precios veinte veces, de manera que podremos seguir haciéndolo”.

A priori, las comparaciones de precios no son factibles, entre otras cosas porque a nadie interesa la existencia de una métrica estándar. Si todos los proveedores de cloud pública ofrecen funciones similares ¿por qué es tan arduo comparar el valor de una oferta con el de otra? Cada vendedor construye sus tarifas sobre distintas definiciones de instancias de servidor virtual: Google ha definido la GCEU (Google Compute Engine Unit), mientras Amazon se decanta por su propia unidad de medida, EC2 Compute Units (ECUD).


Contacto Suscríbete RSS


Sobre el autor. Copyright © 2024 El dominio norbertogallego.com es propiedad y está administrado por Diandro SL. B85905537. Creative Commons