4/05/2015

A Salesforce le sobran pretendientes

Una semana ha pasado, a vueltas con una noticia, o más bien no-noticia. Según la agencia Bloomberg – ¿chivatazo o rumor interesado? – Salesforce estaría estudiando la posibilidad de dejarse comprar. Lo curioso han sido los comentarios: en lugar de preguntarse por qué Marc Benioff, fundador y CEO de la compañía, estaría dispuesto a sacrificar a su criatura, se han centrado en conjeturas sobre la identidad del eventual comprador de una empresa que hoy vale en bolsa 50.000 millones de dólares, lo que significaría que la operación pasaría a la historia como la compraventa más cara de una empresa de software. Por eso, el primer rasgo del eventual comprador debería ser una enorme fortuna líquida.

Marc Benioff

Marc Benioff

No está Salesforce en la típica situación de esas empresas que, una vez alcanzada cierta altura de su desarrollo, se ven estranguladas para seguir creciendo y competir, por lo que prefieren aceptar una oferta oportuna. ¿O sí lo está? Se trata de una empresa madura, que sigue creciendo a buen ritmo aunque decreciente, y que cada año pierde dinero (262 millones en su ejercicio cerrado el 3 de enero, 232 en el anterior). Calificarla de madura no es menoscabar su potencia: Salesforce ha triplicado sus ingresos en los cinco últimos años, pero sufre en su core business el acoso de poderosos rivales, algunos de los cuales hoy se postulan para comprar sus activos.

Benioff ha querido salir de la disyuntiva expandiendo su actividad hacia mercados adyacentes y verticales – marketing, analytics, etc – mediante adquisiciones que han ayudado a corregir el deterioro del crecimiento orgánico En los últimos cinco años, Salesforce ha desembolsado 4.200 millones de dólares para absorber empresas – todas pequeñas – que cumplían ese requisito pero no bastaban, ni individual ni colectivamente, para resolver el problema de unos márgenes en constante descenso. Sin embargo, su acción se encuentra en máximos históricos, y tendría sentido que Benioff pensara estar ante el momento en el que lo mejor es vender al mejor precio posible.

Prácticamente todos los analistas coinciden en que el pretendiente mejor colocado debería ser Oracle. Hay razones históricas para que así piensen: Benioff creó Salesforce en 1999, tras abandonar su cargo de directivo muy cercano a Larry Ellison, a quien convenció de invertir personalmente capital en su aventura, cuando la idea de vender software como servicio parecía condenada al fracaso.

Desde entonces, Ellison y Benioff han tenido enfrentamientos sonados y reconociliaciones sorprendentes – hasta compiten por poseer la mejor isla en Hawaii – pero una confluencia empresarial entre ambos no sería insensata. Ante todo, por una lógica de negocio: Oracle ha planteado que el 95% de su software y servicios va a estar disponible en modo cloud, pero todo sugiere que ese deseo sólo puede cumplirlo inorgánicamente. Ellison está habituado a tirar de chequera, y lo cierto es que hacerse con la propiedad de Salesforce estaría al alcance de su mano, con una tesorería de 44.000 millones de dólares, sin contar con una emisión de deuda por 10.000 millones de dólares, interpretada como un síntoma de que podría estar preparando alguna adquisición de gran escala, quizá la última de su prodigiosa carrera.

Los enterados no acaban de creer que un personaje como Benioff pudiera aceptar un trato con Ellison en el que le tocara hacer de perdedor tras tan complejas relaciones personales. De ahí a imaginar un acuerdo que a medio plazo lo convertiría en accionista privilegiado y sucesor in pectore del septuagenario fundador de Oracle, que el año pasado cedió sus funciones como CEO para quedarse con el papel de chairman. No pocos opinan que Benioff sería el heredero ideal para dirigir Oracle en la nueva era, mientras que Mark Hurd, actual co-CEO junto con Safra Catz, es considerado un directivo a la antigua usanza.

Actualmente, la mitad de los ingresos de Oracle son recurrentes, pero en una próxima guerra de precios se encontraría en posición de debilidad al no poder apoyarse en servicios de infraestructura como los que prestan Amazon, Microsoft y Google. Si estos volvieran a bajar otro 30% sus tarifas, como vienen haciendo regularmente cada año y medio, ¿cuál sería la respuesta de Oracle? Tratar de competir en el mismo terreno sería suicida, por lo que su estrategia alternativa consistiría en dar el asalto definitivo para asegurarse el liderazgo de las aplicaciones como servicio. Para ese objetivo, no encontrará mejor instrumento que Salesforce.

Ha llamado la atención la frase con la que Safra Catz ha querido tirar balones fuera cuando fue preguntada por la cuestión: «la compra de Salesforce por alguno de nuestros competidores sólo podría ser positiva para Oracle, porque causaría en el mercado una enorme disrupción».

En la práctica, hay poderosos argumentos para sostener que Microsoft podría ser una candidata tan buena como Oracle. Más aún, si la comprara, equivaldría a asestar un golpe directamente dirigido contra Oracle. En apoyo de esta hipótesis se ha mencionado la excelente relación personal que han establecido Benioff y Satya Nadella desde que llegaron a un acuerdo por el que Salesforce distribuye Office 365 a sus clientes. Días atrás, Benioff asistió en primera fila a la presentación de Nadella en la conferencia Build, y esa misma noche compartieron mesa y mantel en San Francisco con otros directivos de la industria.

La pregunta de si Microsoft tiene con qué comprar Salesforce, está respondida de inicio: su tesorería supera los 95.000 millones de dólares, con lo que sería el más rico de los supuestos aspirantes. El precio equivaldría, aproximadamente, a dos años de free cash flow, la apuesta más gorda en la historia de la compañía pero no por ello descabellada. Daría Microsoft un salto decisivo para consolidarse en cabeza de la tabla como proveedor de software para empresas y también, previsiblemente, como proveedor de servicios cloud en todas sus modalidades. En rigor, serían muchas más las sinergias que los solapamientos: el único producto de Microsoft que compite con Salesforce es Dynamics CRM, pero nunca ha llegado a ser una amenaza real.

Tercero en discordia, pero con menos armas de seducción: IBM. Presentar una oferta por Salesforce se inscribiría en su estrategia de hacer de cloud su principal área de crecimiento. En los pasados tres años, ha destinado 4.500 millones de dólares a adquirir una docena de compañías relacionadas con la nube, entre ellas SoftLayer, por la que pagó 2.000 millones. Pero los 50.000 millones (o más) que costaría Salesforce es subir a otro nivel: conseguiría ser una empresa de software mucho más grande, pero poco más. Con su liquidez actual (9.000 millones) no podría hacerlo, pero tras dedicarse durante años a acumular autocartera, podría intentar el pago en acciones. No es plausible suponer que Benioff – o sus empleados, generosamente dotados con opciones – esté preparado para convertirse en accionista de IBM. Por otra parte, esta tendría dificultades para explicar los motivos para apartarse de la disciplina financiera que predica.

¿Por qué no incluir a Google en esta nómina de candidatos? No tendría problemas de dinero, y es notorio que, una vez atrapados los consumidores, trata de ganar atractivo ante las empresas. Es un competidor de peso en IaaS y comprar Salesforce le daría casi automáticamente fuerza para competir en las aplicaciones para pequeñas y medianas empresas. Además de heredar software de automatización de marketing y gestión de campañas. Pero no parece que Google esté en primera fila ante la ventanilla.

Fuera de escena atisban otros actores ajenos a la trama. SAP, por ejemplo, firmó el año pasado una alianza estratégica con Salesforce, que para ambas tenía el valor de unirlas contra Oracle. Pero la compañía alemana no podría – ha prometido a sus accionistas no hacer adquisiciones de envergadura – y su portavoz advierte, por si acaso, contra la posibilidad de que a alguien se le ocurra vincularla con el supuesto plan de Benioff. Curiosamente, nadie ha pensado que a Amazon – y no por falta de dinero – pudiera interesarle entrar en el mercado SaaS, que supondría un cambio de modelo de negocio para el que probablemente no está preparada.

Es posible que tantas especulaciones desemboquen al final en una solución más pedestre, la formulación de una alianza (o más de una) que colocaría a Salesforce en el fiel de la balanza de la pugna por el mercado SaaS, en el que está circunscrita a un papel importante pero incompleto. La nota insólita en esta ronda la pone un informe de analistas de Stifel Nicolau, que acotan su lista de nombres a Oracle y Microsoft pero dejan caer el nombre de Apple. Si fuera por dinero,…

A todo esto, ni siquiera se puede afirmar que la versión de Bloomberg sea verosímil.


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