25/03/2015

VMware, «Suiza del cloud computing»

En febrero, junto con el anuncio de vSphere 6, nueva release de su software de virtualización, VMware mostró otras piezas de su estrategia. La fortaleza de la compañía está en su condición de especialista de la virtualización, y pretende apalancarse en ella para arrastrar a su base de clientes y adquirir otro rol. Quiere ser otra clase de actor en la escena del cloud computing, pero ¿qué clase de actor? El mensaje es transparente: la mejor defensa de su cómodo liderazgo en la virtualización – a medio plazo no lo será tanto – es que se le reconozca por la capacidad de manejar tanto las cargas convencionales como las que migran hacia la nube pública. Esta es su idea de la cloud híbrida.

Una clave puede rastrearse en el anuncio de acuerdo con Google por el que los clientes podrán usar el portal de vCloud Air para provisionar ciertas funciones de la plataforma Google Cloud. Ambas partes tienen algo que ganar en el acuerdo, que no llega a tener los rasgos de una alianza. Tras el anuncio, directivos de VMware dejaron entrever extraoficialmente que podrían negociarse acuerdos con otros proveedores de cloud pública. Sin nombrarlos, se referían a Amazon y Microsoft, pero no sería tan sencillo con estos como lo ha sido con Google.

No es una mera estrategia de diversificación. VMware sabe que carece de los recursos financieros que serían necesarios para enfrentarse a rivales de esa envergadura. Ante esta realidad, se diría que ha optado por una línea propia, algo así como la relación especial de Suiza con Europa: hacerse respetar sin necesidad de tener ejército; con buenos transportes y una buena guardia fronteriza [y bancos, claro] es suficiente.

Ha pactado con Google porque entre ambas apenas hay conflicto: sin embargo, el acuerdo no contempla la conexión con Google Compute Engine, que ofrece máquinas virtuales bajo demanda, porque competiría con vCloud Air. Tal como está diseñado, el acuerdo permite a sus clientes acceder a ciertas funciones de la oferta IaaS de Google. Y abre una puerta para que Google piense en extender su presencia hacia el datacenter tradicional.

En una entrevista reciente, Pat Gelsinger, CEO de VMware, explicaba así el acuerdo: «combina la presencia que tiene VMware en las empresas con una oferta única para entregar servicios híbridos (analíticos, almacenamiento y base de datos) con la escala que es propia de Google».

Aparentemente, la batalla de la nube pública (IaaS) estaría decantada. AWS, Microsoft y Google (en este orden) se reparten el mercado, pero los usos empresariales del cloud tienen más variantes en la realidad, que dejan hueco a otros actores. Es ahí donde VMware cuenta con insertarse. Se acerca a esos huecos desde una perspectiva diferente a la de otros que tratan de engancharse: su oferta de virtualización le abre las puertas de muchos proyectos de nube privada. Hubo un momento en el que se habló de la posibilidad de actuar como broker de servicios cloud de terceros, pero si tal proyecto existió, no prosperó. Cada mochuelo a su olivo.

AWS será tan líder de la cloud pública como se diga, pero es vista con suspicacia en los datacenter y a la vez su vulnerabilidad está en la torpeza para forjar relaciones con partners. En todo caso, Amazon tiende a interpretar la hibridez como una estación de paso hacia la conversión total (o casi) a la nube pública. En ocasiones, VMware ha advertido a sus clientes que si estuvieran tentados de mover cargas a AWS [lo que algunos llaman shadow IT] no podrían revertirlas. Por cierto, AWS usa el hipervisor Xen, que no es compatible con el ESX al que VMware debe su existencia. Un eventual acuerdo tendría, necesariamente, alcance limitado.

Por otro lado, Azure trata de hacer valer el arraigo que Microsoft tiene on-premise, y esta base natural es su principal arma contra AWS, un enfoque parecido a aquel con el que VMware trata de explotar su propio yacimiento de vSphere para transformarlo en cloud híbrida. En teoría, no habría obstáculos para soportar cargas de VMware en la plataforma pública de Azure. Pero en la práctica hay un obstáculo que impide el entendimiento: Microsoft prepara el lanzamiento de la última versión de Windows Server, que ha sido rediseñado con un nuevo hipervisor orientado al concepto de nube híbrida.

En la entrevista citada más arriba, decía Gelsinger lo siguiente. «De las cuatro compañías que importan en el mundo cloud, las dos que tienen una posición legítima para una ofrecer una proposición de valor híbrida, son Microsoft y VMware […] tenemos más de un 80% de cuota en los entornos on-premise virtualizados, una posición de liderazgo frente a Microsoft o a cualquier otro».

Gelsinger conoce bien los peligros que entraña la transición de la compañía que dirige desde 2012. El mes pasado, VMware aportó a la comisión de valores de Estados Unidos (SEC) el formulario 10-K, en el que es preceptivo consignar los riesgos que podrían impactar negativamente el negocio y, por tanto, los inversores deben conocer. Allí figura una previsible advertencia sobre el paso del modelo de licencias al de suscripción. Pero una lectura del documento saca a la superficie frases sabrosas como esta: «ciertos mercados para nuestra línea de productos vSphere han madurado […] y nuestras ventas de vSphere han declinado como proporción de nuestro negocio, por lo que procuramos la transición de los clientes hacia nuestras suites y nuestra nueva oferta de infraestructura como servicio».

Más adelante, avisa: «la demanda de productos y servicios basados en vSphere podría declinar si falláramos en introducir nuevas funciones en futuras actualizaciones, y en la gestión de la transición a plataformas de cloud híbrida […]». Y aqui viene lo bueno: «no podemos estar seguros de que EMC no competirá con nosotros en el futuro».


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