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  13/02/2026

Sólo la industria apuesta por 6G (y no mucho)

Vuelve el Mobile World Congress a Barcelona y con esta ocasión vuelven a aflorar materias clásicas del sector de telecomunicaciones. Con los operadores en horas bajas, se agita el debate recurrente sobre su consolidación, bloqueada por una regulación hasta ahora inamovible. De ella – como de la intrincada discusión sobre el espectro – se ocupará pronto este blog. Entretanto, corresponde escribir sobre el estado de 6G, la nonata generación de telefonía móvil. Primera constatación: sólo interesa a la industria, inquieta por la perspectiva de unos despliegues que no sabe cómo financiar. Segunda: la indiferencia de los usuarios lleva a temer que se alargue el ciclo de vida de los dispositivos.

Los fabricantes de equipos para redes – principalmente Ericsson y Nokia – siguen casi ritualmente los trabajos del 3GPPP, pero es notorio que buscan reducir su exposición en esta carrera generacional . Distinta es la actitud de las compañías chinas, Huawei y ZTE, con ánimo y recursos para contribuir a los comités técnicos internacionales: formalmente, hacen caso omiso de los intentos de desalojarlos de los mercados occidentales, pero también en su propio país se observan síntomas de haber alcanzado la meseta.

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Samsung, líder en smartphones que dio tarde el salto al negocio de infraestructura 5G, naturalmente ha ganado cuota de mercado como una suerte de tercera vía   . Pero unos y otros tropiezan en la misma piedra: la penuria financiera de los operadores  .

A principios de la próxima década – ya falta menos – debería comenzar el despliegue de las primeras redes comerciales 6G, que coexistirán con las actuales 5G y, cada vez menos, con las 4G. La discusión no está en la secuencia, sino en si producirá un cambio generacional profundo o será sólo una evolución de las prestaciones de 5G, aún no desarrolladas del todo. El factor decisivo será, qué duda cabe, la capacidad de financiar esos despliegues.

Lo que está clarísimo es que la inteligencia artificial estará metida en las redes 6G de forma nativa (ya se habla de AI-RAN), mucho más que en la actual norma 5G Advanced. Y que probablemente se empleará la misma tecnología de forma de ondas que en las dos generaciones precedentes. Lo que significa que el cambio no será tan radical como a priori se tenía pensado.  Y, presumiblemente, que las prestaciones no irán demasiado lejos (tampoco es una gran sorpresa).

El horizonte 2030 responde a un calendario heredado de tiempos más boyantes. Está previsto que los Juegos Olímpicos de Los Angeles sean un ensayo general con pruebas avanzadas, que se pretende sean una demo de la tecnología a la vez que un escaparate de sus prestaciones. En cualquier caso, hay consenso suficiente en un punto crucial: 6G será una evolución de la actual 5G Advanced más que una nueva generación propiamente dicha.

En este sentido se ha pronunciado en un documento la Next Generation Mobile Networks Allianceuna asociación de operadores en la que están los grandes europeos  . Este grupo de compañías mino embros se declaran molestas porque la cuna asociación de operadoresomplejidad de las especificaciones de 5G deja abiertos demasiados escenarios, por lo que las pesadas inversiones que han hecho en infraestructura 5G no han tenido como consecuencia un aumento significativo de los ingresos. Mal negocio.

En realidad, la evolución de 5G está siendo más lenta que lo previsto en 2019. Este año, 2026 – como había pasado hacia 2016 con 4,5G y hacia 2005 con 3,5G, ya debería estar comercialmente disponible la actualización de la quinta generación, astutamente denominada 5G Advanced para no dar a entender que coincidía con la mitad del recorrido. Esto, en la mayoría de los países avanzados.  No se trata sólo de un retraso sobre el calendario, sino que el despliegue de la versión autónoma o 5GA, aprobada en 2019, aún está en sus inicios, especialmente en Europa, porque sigue dependiendo de 5G NSA, ligada a 4G.

A simple vista, el calendario confunde a cualquiera, pese a la regularidad de los procesos. Los primeros trabajos en torno a las especificaciones 6G se estudiarán en la reunión del 3GPP, órgano reglamentario de la UIT, el próximo junio; luego, un año y medio más tarde, se pasará revista a lo recomendado. Siempre con vistas a la aprobación definitiva de la Release 21 durante 2029. Muchos expertos consideran que sería más realista fijar ya como objetivo el 2030.

Tiempo hay, pero falta consenso para tomar las decisiones clave en cada etapa. Lo previsible es que China aprieta, con sus operadores y sus fabricantes (China Mobile y el dúo Huawei-ZTE a la cabeza) y Corea del Sur la secunde apoyándose en la fuerza de Samsung. Europa titubea, no es difícil saber por qué: la debilidad financiera de la mayoría de los operadores y de los dos fabricantes en liza: Ericsson y Nokia.

Si la Comisión Europea, con la comisaria Teresa Ribera a cargo del dossier, no llega pronto a una solución de consenso con las compañías operadoras para impulsar su plan Europa Digital, el futuro de 3G en los 27 países miembros podría retrasarse irremediablemente. De momento, la reciente propuesta de ley de redes digitales (DNA) ha sido tachada de poco ambiciosa por el conjunto de los operadores que se agrupan en GSMA Europe. Se les había prometido, dicen, una revolución legislativa que, esperaban, estuviera en línea con sus demandas de flexibilizar las fusiones transfronterizas. Este asunto largamente pendiente, por un lado, y el seguidismo a Estados Unidos en la confrontación con China, son los dos puntos negros.

Puede decirse que estos dos años darán la clave del parto de 6G y la ambición con la que vea la luz. Después, claro está, se verá la reacción de los mercados. Sólo una cosa está clara sin discusión: la inteligencia artificial formará parte nativa de las redes 6G, tras incorporarse gradualmente a la generación actual en los años que le quedan de vigencia.

Cuando se empezó a gestar 5G, a mediados de la pasada década, la IA era sólo un concepto novedoso. Su verdadero catalizador, ChatGPT, fue presentado por OpenAI a finales del 2022 y el golpe de efecto chino con los sistemas de código abierto llegó hace un año con DeepSeek. No pasa un mes sin que se difunda algún anuncio, de modo que atisbar siquiera el alcance de las redes nativas 5G-IA y 6G-IA dentro de un lustro es ahora mismo un ejercicio fútil.

Las excelencias de 5G que se prometieron a finales de los 2010, con una latencia casi instantánea y una explosión de redes privadas en grandes empresas, apenas se han cumplido, especialmente en Occidente, sin que hayan aparecido las aplicaciones capaces de suscitar entusiasmo de empresas y consumidores.

En los pasados cinco años se han encendido muchas redes 5G en el mundo, aunque la mayoría con una actualización de software desde 4G, sobre todo en Europa y con las suministradas por Huawei; pero también las de Ericsson y Nokia se han ido actualizando para aprovechar las instaladas. La queja insistente de los operadores es que la introducción de 5G “real” crea poco valor e incrementa en poco la facturación. A cambio, requiere mucha inversión, con más razón en 5G Advanced. Se consuelan consiguiendo mediante software actualizaciones que añaden capacidad a unas redes que estaban bastante congestionadas.

Con la introducción de IA en las redes 5G (y 6G) se conseguirá una notable mejora de la eficiencia de espectro, tanto en las bandas de frecuencia de 3,5 GHz como en las futuras de 6 GHz. Ya se está ganando en alcance de la señal y en penetración, uno de los grandes problemas que se presentan al aumentar la frecuencia desde la típica de 2GHz con 4G a los 3,5 GHz de la actual generación.

De todas formas, no está claro que estas mejoras se puedan mantener sin un incremento significativo del consumo eléctrico, otra de las preocupaciones de los operadores. La eficiencia energética es fundamental, no sólo para no gastar tanta electricidad sino para que no sean necesarios equipos más grandes y disipar así el calor generado. Lección insoslayable: en las telecomunicaciones, como en general en todos los circuitos electrónicos, siempre hay contrapartidas que hacen inviables las mejoras sin inconvenientes. Por mucho que avance la tecnología.

[informe de Lluís Alonso]


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