Los resultados declarados por Apple tras cerrar el primer trimestre de su año fiscal 2026 han sido irreprochables. La facturación total ascendió a 143.760 millones de dólares, un 16% de incremento, gracias a que el iPhone por sí solo generó ingresos de 85.270 millones (+23%, mejor trimestre en dieciocho años) y volvió a avanzar su contribución porcentual: de cada diez dólares facturados por la compañía, casi seis se debieron al producto estrella. Y no todo se explica por el smartphone: el parque instalado de dispositivos se acerca a los 2.500 millones de unidades que sirven de base a la venta de servicios (30.013 millones en el período). El beneficio neto fue de 42.097 millones de dólares.

Tim Cook
Con estos números, Tim Cook tiene, a sus 65 años y 2 meses, sobrados motivos para no precipitar su retirada, asunto que ha entretenido de lo lindo a los cotillas que abundan en los bares de Cupertino. Es muy probable que la sucesión la tenga decidida, pero de momento otros asuntos requieren la atención del CEO. El más urgente sería la estrategia de Apple en inteligencia artificial, cuyo hito será el relanzamiento de Siri, ahora apoyándose en un acuerdo con Google.
Porque en los últimos dos a tres años, la gran asignatura pendiente ha sido el atasco en IA. No originada, pero sí agravada, por la avalancha provocada por ChatGPT, que a su vez ha obligado a movilizarse a los competidores de Apple. La reacción de esta ha sido titubeante: o no estaba al quite o no supo ponerse a la altura. Es cierto que la compañía de la manzana lanzó en su momento Apple Intelligence e intentó desarrollar internamente capacidades para reforzar un Siri que había envejecido muy rápidamente. En poco tiempo, los muy afines a Android, como Samsung o Xiaomi, engarzaban sus piezas de IA con Gemini para pertrechar sus smartphones con asistentes conversacionales, consigna de la hora.
El caso es que el relanzamiento de Siri, que todos dan por imprescindible, se fue demorando, a lo que se sumó el fracaso de una campaña publicitaria que prometía lo que todavía no podía entregar. Con todo, los ejecutivos a cargo – entre ellos John Giannandrea, por entonces responsable de IA – aseguraron que la compañía no fallaría a la hora de desarrollar sus propios modelos fundacionales. Pues falló. En paralelo, la compañía inició conversaciones con OpenAI y Anthropic en busca de un socio estratégico que ofreciera una IA de primer nivel. Pero la compañía fundada por Sam Altman se arriesgaba a un conflicto de intereses, ya que a la vez fichaba ingenieros de Apple y contrataba al amortizado Jony Ive, con la intención de crear un hardware que, tarde o temprano, le llevaría a colisionar.
En esa fase, Google no entraba todavía en los cálculos de Cook. Tenía en curso un proceso el que se le acusaba de monopolio, en parte debido al acuerdo por el que su buscador aparece por defecto en el navegador Safari, a cambio de unos 20.000 millones de dólares al año. Cuando esta demanda se enterró de improviso , Google volvió a ser candidata a un trato, por raro que parezca a los no enterados de estos enjuagues.
Para ambas compañías, la decisión judicial fue un alivio que facilitó la ampliación de su limitada alianza: gracias a ello, los modelos Gemini se integrarán en Siri y en Apple Intelligence, que se habían quedado desfasados. Algo ha podido Apple salva la cara: internamente se hablará de Apple Foundational Models versión 10, se ejecutarán en la Private Compute Cloud de la compañía y esta pagará a Google 1.000 millones anuales por la cesión de esta tecnología.

El esquema original de Apple Intelligence (ver gráfico) tendrá que adaptarse a la nueva realidad. Lo que significa, entre otros avances, que la actualización de Siri estará pronta cuanto antes. Apple podrá decir que cumple lo que prometió en su WDC de junio de 2024 y en la conferencia de desarrolladores de este año subir otro escalón, con lo que por ahora se conoce como el nombre Campos. El asistente del iPhone será, por fin, conversacional y captará el contexto relevante, podrá buscar en Internet, crear contenidos, generar imágenes o analizar archivos. Estará integrado en las apps básicas de Apple y no sólo en el iPhone, también en el iPad y el Mac. Se pondría así a la altura de lo que esperan los usuarios de ChatGPT. Copilot y Gemini.Campos está siendo diseñado de forma tal que los modelos subyacentes se puedan cambiar sin gran fricción. Es, a priori, una puerta abierta a mudar de socio o a implementar sus propios modelos. Ya habría sido probado discretamente en China, pese a que en este país – que junto con Hong Kong y Taiwán aporta el 17,7% de los ingresos de Apple, aún no está disponible Apple Intelligence. También se baraja la posibilidad de ejecutar la nueva versión de Siri directamente en la infraestructura cloud de Google, dotada de los deseados TPU en lugar de los servidores con los que cuenta Apple. Objetivo: ganar en precisión y agilidad.
Estos movimientos son indicadores del camino que Cook y su equipo quieren marcar a la compañía a corto y medio plazo, con la IA como pieza estructural en el software. El artífice de este volantazo – dejar de lado los modelos propios y confiar en un tercero, que a la sazón es Google pero no tiene por qué serlo para siempre – ha sido Craig Federighi, responsable de software y ahora responsable de la estrategia de IA. El reemplazo de Giannandrea, quien llegó en 2018 procedente de Google , tiene trabajado para Google en el equipo de Gemini. Queda clarísimo que reportará a Federighi.
En este punto viene una encrucijada. ¿Priorizará Apple sus propios modelos de IA o dejará este elemento en manos de terceros? Hay que tener en cuenta que la división IA de Apple está mermada por las bajas de quienes se han marchado en busca de salarios mejores y entornos más estables. No será fácil construir prontamente modelos fundacionales competitivos al más alto nivel con estos mimbres. Y si esta parte se externaliza definitivamente, significa que los modelos de IA se tratarán como una commodity, una de las tendencias a las que apunta este sector. Cierto es que, por ahora, la IA que se ejecuta en local se desarrolla internamente, pero la prioridad parece estar en los grandes modelos que funcionan en la nube y que van a apuntalar las funcionalidades de Siri.
Todo lo anterior ensalza a Federighi como uno de los directivos preeminentes de la casa de la manzana. Esto tiene importancia señera en la fase que se abre de cara a la sucesión de Cook. Lleva al mando desde 2011 – un poco más si se cuenta su interinato durante la enfermedad de Steve Jobs – y más pronto que tarde tendrá que salir al paso de los rumores.
Federighi es muy popular entre los usuarios de Apple por la habilidad para transmitir los mensajes de la compañía en las sucesivas conferencias WWDC. Es una cara conocida que lleva sobre sus hombros el software y la IA, dominios cada vez másimportantes en el funcionamiento de Apple. Pero no es automático que Federighi vaya a ser el sucesor de Cook. El “tapado” ha saltado a primer plano el año pasado: se llama John Ternus, es responsable de hardware y hace poco ha añadido a sus competencias la de diseño, que en Apple siempre han tenido gran relevancia y andan huérfanas desde la partida del muy mediático Jony Ive, ahora cómplice de los proyectos de Sam Altmann .
Puede que Ternus esté más inclinado por los aspectos industriales que por el look and feel que era la pasión de Ive, pero eso es justamente lo que Apple necesita en esta etapa. Fue Ternus quien presentó el iPhone Air y la cara que Apple escogió para las entrevistas tras el anuncio. A sus 50 años, es el más joven de los altos directivos de la compañía, a la que se incorporó en 2001 para trabajar en una generación diMac. Cuatro años después, lideraba el equipo de hardware para esa categoría y en 2013 tomó el mando del grupo dedicado al iPad. En esa trayectoria, le ha tocado de cerca la migración de los chips de Intel a los diseñados dentro de la compañía.
Ternus y Federighi coinciden en una circunstancia. Ninguno de los dos tuvo puestos de dirección en vida de Steve Jobs. Si uno de ellos fuera el nuevo CEO, se eclipsará la sombra tutelar del mitificado cofundador. Por ahora no hay indicios de que Cook tenga prisa en dejar su puesto, pero se da por probable que transicione (sic) como chairman de la compañía, puesto que ocupa el afable Arthur Levinson, quien tiene contrato hasta 2027.
Yendo más lejos, puede que este no sea el momento más adecuado para abordar la sucesión. Los factores macroeconómicos y políticos aconsejarían no cambiar de timonel. Pero también ocurre con las circunstancias que vive la compañía. Bueno sería que antes de un cambio semejante Apple estabilizara sus capacidades en IA para que se asiente en la oferta de productos y servicios. Por el contrario, opinan algunos analistas, esta es la coyuntura propicia para iniciar lo que llaman transición controlada. En los próximos años, Apple tendrá que imponer su propio espacio en el ciclo tecnológico que se anticipa.
Está previsto el lanzamiento de productos fundamentales este año y el próximo. El más esperado será el iPhone plegable, destinado a subir el precio medio gracias a las expectativas creadas por competidores que abrieron antes ese segmento. Otro serán unas gafas con IA, similares a las Ray-Ban Meta, con pantalla integrada y cámaras para controlar el entorno; no dejarán de ser un dispositivo de nicho, pero también lo son el iPad o el Watch y son rentables, que es lo que finalmente importa. Como ocurre con otras novedades, la entrada (calculadamente tardía) de Apple debería asentar la categoría en un momento en el que la industria conjetura cuál será la alternativa al uso compulsivo del smartphone. Una primera respuesta ya es evidente: para que un dispositivo sea atractivo, necesitará contar con una IA conversacional que ofrezca garantías.
Otro vertical en el que Apple podría expandirse son los dispositivos de seguridad para el hogar. Se rumorea que en 2026 verá la luz un smart home de la marca y tal vez una familia de cámaras de seguridad, incluso un timbre con Face ID. No le sería difícil conquistar una cuota de este mercado bastante disperso y de calidad dispar. Diversificaría su catálogo de hardware y abriría nuevas fuentes de ingresos por servicios, entre ellos el almacenamiento de vídeo.
Si lo que parece un asentamiento de la IA competitiva en el iPhone se concretara al fin, de la mano de Gemini, empujaría las ventas. Por ahora, Apple Intelligence sólo está disponible en el iPhone 15 Pro y superiores, pero casi la mitad de la base instalada consta de dispositivos más antiguos, así que la mejora de Siri impulsaría una renovación a gran escala.
En fin, que no todos los vientos soplan a favor. Una vez más queda demostrado que el grueso de los ingresos depende del iPhone, pero en 2026 este mercado debería encogerse un 2,1%, según la consultora Counterpoint Research. El aumento de precios de las memorias sacrifica márgenes y añade costes a la cadena suministro. No se ha notado el pasado trimestre, pero Cook se ha sumado elocuentemente a las advertencias de sus colegas . Hay que señalar que los inventarios de Apple, normalmente generosos, han tenido que soportar una fase de alta demanda. Según TechInsights, el precio de una memoria encarece en 57 dólares el coste de materiales de un iPhone y no de los más caros.
En este repaso, no sería sensato obviar los riesgos geopolíticos. Las tensiones entre Estados Unidos y China no benefician a Apple, por distintas razones, tras haber disfrutado de un 38% de incremento en las ventas en la geografía que consiente en llamar Greater China. Ha capeado el temporal, pero en el trimestre los aranceles adicionales le han costado 1.400 millones de dólares. Es una zozobra menor, pero obliga al timonel Cook a mantener firme el rumbo. Por ejemplo, acudiendo solícito a incontables encuentros en Mar-a-Lago. Para otros, esta sería una buena razón para empezar a retirarse.

