1/10/2021

Por qué Windows 11 y porqué ahora

No han pasado tantos años desde que reputados analistas auguraban la muerte del PC, arrinconado por el ascenso fulgurante de las tabletas, como si fueran mutuamente intercambiables. Error de pronóstico: el PC vive un renacimiento que no parece pasajero, en el que Microsoft ha percibido la oportunidad de exprimir más y por más tiempo su producto estrella, Windows. La pandemia tiene mucho que ver, debido al incremento de la demanda tanto de empresas como de consumidores. Finalmente, Windows 11 estará disponible el martes próximo. Una sorpresa, en cierto modo, ya que Microsoft había sugerido que no habría nuevos numerales, sino que modernizaría Windows 10 a base de actualizarlo periódicamente.

Aquella promesa se basaba en la prioridad estratégica que Satya Nadella, CEO desde 2014, ha puesto en la nube, de modo que en su visión, el destino de Windows acabaría desembocando en un modelo as-a-service. El mercado ha cambiado, la demanda de PC se ha disparado y Nadella ha tomado buena nota. Microsoft ha tomado un camino que, en principio no estaba en sus planes. Las previsiones de IDC aventuran que en 2021 se venderán 357 millones de unidades, un 18,1% más que el pasado año. Aun así, habrían sido más si no fuera por los problema de la cadena de suministro, que han alargado los plazos de entrega hasta cuatro meses en algunas configuraciones.

En teoría, Microsoft no se ha apartado de la línea esbozada por Nadella en aquella conferencia Ignite de 2015 que coincidió con el lanzamiento de Windows 10. Claro está que, por aquellas fechas, los usuarios podrían actualizar sus versiones antiguas a Windows 10 gratuitamente, generosidad que tenía como contrapartida una renovación acelerada del parque instalado. La idea de partida de Windows 11 no difiere de aquella, pero lo que Microsoft calló cuando hizo el anuncio era que no todos – ni mucho menos – los PC en uso se podrían actualizar.

Astutamente, la compañía esperó unos meses para comunicar la lista de requisitos que debe reunir un PC para ser “elegible” para Windows 11. Algunos son de hardware, lo que es comprensible, aunque en exceso restrictivas. De manera que la gratuidad del nuevo sistema operativo no será tal. ¿Se podrá seguir usando Windows 10? Claro que sí, puesto que la fecha de caducidad del soporte será en octubre de 2025. Pero nadie duda de que Microsoft pretende realmente que los usuarios compren un nuevo ordenador y lo hagan cuanto antes.

Es lógico. Además, es oportuno. Windows genera a Microsoft unos 6.600 millones de dólares cada año, que suponen el 14% de sus ingresos totales. Así que, si el mercado sigue agitado y creciendo a un ritmo que no se veía desde hace años, ¿por qué renunciar a una facturación fresca? Además, no existe contradicción alguna en la doble apuesta de Microsoft: Azure de un lado y la pareja Windows + Office (ahora Microsoft 365) por otro.

En fin, que Windows 11 verá la luz la semana que viene en condiciones muy distintas a las que se vivían cuando nació su predecesor. Windows 10 fue en 2015 el recurso para reavivar un mercado desfalleciente, mientras que ahora ocurre justo lo contrario: la demanda de ordenadores revitaliza la del sistema operativo.

Una duda que puede contemplarse es si los usuarios se van a precipitar a comprar nuevos ordenadores sólo porque vienen equipados con Windows 11. Lo normal sería que el crecimiento de las ventas no se alinee con las cualidades del sistema operativo. Y 2021 no es 1998, año en que algunos madrugaban para comprar el nuevo Windows antes que nadie. Hoy, a decir verdad, los fabricantes no necesitan Windows 11 para satisfacer una demanda que desborda sus capacidades.

Eso sí, a partir del martes todos los que necesiten comprar un PC van a comprarlo con Windows 11 porque Microsoft y su ´ecosistema` están muy convencidos de que las ventas de PC se mantendrán en niveles altos al menos durante tres años. No porque lleve el número 11 sino por una combinación insólita de factores: teletrabajo, streaming, colaboración en línea, gaming, ciberataques que van a exigir nuevas aplicaciones. Si a más de mejorar sus prestaciones, a un ordenador se le añade una interfaz y un sistema operativo renovados, los usuarios se sumarán al desfile, casi con seguridad.

¿La pega? Tal como está el mercado en este momento, con una severa escasez de componentes y perturbaciones logísticas, los PC con Windows 11 pueden ser tan difíciles de encontrar como una Playstation 5. No hay que olvidar en ningún momento que Microsoft ya no es aquella de Bill Gates y Steve Ballmer: ahora juega en varios tableros a la vez y su gran estrategia no puede estar anclada a un sistema operativo y una suite ofimática.

Uno de esos tableros de juego es desde hace varios años el hardware, donde la compañía juega con un movedizo alfil llamado Surface. Apareció en 2012 con dos objetivos: a) mostrar al mundo que el PC no estaba condenado y b) mostrar a la industria que debería haber unas reglas de diseño a las que atenerse. Desde entonces, los diferentes modelos de la familia Surface no pelean por un puesto en el ranking encabezado por Lenovo, HP o Dell, pero se han hecho un hueco respetable y, al parecer, rentable. En esta partida, Microsoft reconoce dos adversarios: los Chromebook impulsados por Google y los Mac de su eterna némesis, Apple.

Surface, que obviamente forma tándem con Windows 11, abarca una larga gama de dispositivos, desde portátiles a pizarras digitales pasando por portátiles. La nueva generación de estas máquinas se presenta como destinada a la productividad en la era del trabajo híbrido, llegando por arriba a los modelos Pro8 y Laptop Studio. Pero los realmente singulares serán el Duo 2 y el Go 3.

El primero viene a ser el enésimo intento de la compañía para meterse en el mercado de los dispositivos emparentados con los smartphones. Trata de apoyarse en el presunto tirón que puedan tener los plegables propugnados por Samsung.

Una noción elemental de mercadotecnia diría que el Surface Duo 2 debería ser ideal para aprovechar las ventajas de Microsoft 365 (descendiente de Office) y de Microsoft Teams, incorporadas en un dispositivo único que se pueda llevar en el bolsillo. Su precio (1.649 euros) no es apto para todos los presupuestos, pero tampoco es una excepción en la categoría.

El segundo dispositivo de la gama, más barato, permite entender otro de los objetivos de Microsoft. Surface Go 3 tiene un precio de salida de 439 euros y ha mejorado en prácticamente todo: potencia, calidad de pantalla, memoria, capacidad de la batería. El porqué del precio hay que buscarlo en el público al que va dirigido: el mercado educativo.

Hasta ahora, gracias al arrastre de su sistema operativo, el hardware de Microsoft ha estado presente en prácticamente todos los sectores de actividad, excepto uno que se le ha negado, la educación. Pero durante el confinamiento, con un sobresalto de necesidades, se ha visto que colegios, universidades, profesores y estudiantes no podían permitirse pagar 1.500 euros por un PC, signo de debilidad que Google supo ver.

Desde que asomaron hace una década, los portátiles Chromebook han ido conquistando un mayor número de escuelas y prácticamente ningún fabricante ha resistido la tentación de pasar por la exigente ventanilla de Google para que le deje incorporar al menos un modelo a su catálogo. En este momento, HP lidera claramente ese capítulo. Están claras las ventajas que reúne Chromebook: arranque instantáneo, actualización de las aplicaciones sin demora y sin intervención del usuario, acceso desde la nube y, desde luego, su precio atractivo.

Sobre estos supuestos, Microsoft va a plantar batalla a Google; Surface Go 3 tiene algo a su favor. Son muchos los usuarios – acostumbrados al entorno Windows – que se quejan de las dificultades de adaptarse a Chromebook. Otro factor ha sido consecuencia de la pandemia: muchos colegios tuvieron que dotar a profesores y alumnos de equipamiento para clases online de la noche a la mañana y esas clases de desarrollaron con Teams, la herramienta colaborativa de Microsoft.

Con estas credenciales, Surface Go 3 sale a competir de tú a tú con los Chromebook de distintas marcas a las que, de forma sibilina, Microsoft envía un mensaje: Windows 11 es un sistema operativo más versátil que Chrome incluso en el mercado educativo.

Al fin y al cabo, esos fabricantes están amarrados a Microsoft y a lo que ésta decida hacer con Windows, sobre el que funcionan el 88% de los PC del mundo. Al mismo tiempo, Nadella no quiere que sus ingenieros renuncien a dar batalla a Apple. Sobre todo ahora, cuanto el último lanzamiento de la familia Mac ha recibido críticas que distan de la admiración que solía disfrutar la marca de la manzana.


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