23/09/2022

¿Por qué Adobe paga un dineral por Figma?

Peor momento no pudo elegir Shantanu Narayen para firmar la compra más cara en la historia de Adobe. Los 20.000 millones de dólares que se ha comprometido a pagar por Figma, una competidora treinta años más joven, multiplican por 50 el dinero que esta ingresará en 2022 (y por 100 lo realmente ingresado en 2021). Es una prima excepcional, en una coyuntura económica incierta, lo que ha provocado un descenso del 22% en la cotización de Adobe desde el 14 de septiembre, día en que fue anunciada la noticia. Para colmo, ha puesto sobre aviso a los reguladores estadounidenses que buscarán un motivo para rechazar la operación y, de paso, enviar una advertencia a peces más gordos en trance parecido.

Shantanu Narayen

Narayen, como otros, un adicto a comprar empresas; todo lo que ha comprado en quince años le ha salido bien. Tal vez haya llegado a la conclusión de que ahora o nunca es el momento de apoderarse de un rival pequeño pero peligroso.  El rumor de que Microsoft – tradicional aliado y cliente de Adobe – podría andar tras la pista de la presa, sólo añade una dosis de morbo en estos tiempos de escasez de salidas a bolsa que comentar.

Figma nació en 2012 y presentó al mercado su producto en 2016: una plataforma basada en la nube que sus clientes usan para diseñar interfaces de sitios web y aplicaciones. Coincide con un negocio que ha sido fértil para Adobe, con una diferencia que explica casi todo: esa plataforma permite a múltiples diseñadores editar un interfaz al mismo tiempo y recoger en línea la contribución de otros usuarios afines al proyecto, como desarrolladores de software. Además, ofrece herramientas que facilitan el prototipado sin escribir código: sólo cuando el proyecto está a punto se genera automáticamente el código funcional.

El año pasado, Figma cerró una ronda de financiación por 200 millones que la valoraba en 10.000 millones de dólares, cinco veces más que en 2020 pero a la mitad del precio actual. El cofundador y CEO, Dylan Field, presumió entonces de contar con una base de cuatro millones de usuarios. No cotiza ni es rentable, pero prevé duplicar este año su facturación hasta 400 millones de dólares cuyo mérito reside en que se trata de ingresos recurrentes mediante el modelo de suscripción.

Ya se va entendiendo por qué Adobe apuesta en esta operación cinco veces más dinero que en su anterior compra más valiosa. “Mejor juntas que separadas”, ha proclamado David Wahdwami, presidente de la rama Digital Media [que aporta el 72% de los ingresos de Adobe] y supuestamente candidato a suceder al veterano CEO. “La combinación permitirá acelerar nuestra visión de la creatividad colaborativa”, abundó Narayen, apuntando a la cuestión clave:  la intersección entre dos maneras de practicar el diseño asistido por software.

El planteamiento de Figma tiene como característica que le colaboración entre usuarios da al diseño un alcance masivo, al emplear Internet para que el flujo de trabajo circule en tiempo real y a un coste más barato que el de la suscripción exigida por Adobe. Este factor ha enganchado a las nuevas generaciones que no están a sueldo de las empresas de las empresas. De hecho, los últimos resultados de Adobe revelan indirectamente que ha perdido recaudación en el segmento de consumo si bien preserva su cuota en el profesional.

Hay que remontarse a la generalización del trabajo remoto durante la pandemia para entender por qué la propuesta colaborativa de Figma ha tenido un éxito explosivo, en detrimento del intento de Adobe DX, que se incorporó tímidamente a la corriente. A tenor de lo que han declarado las partes – ya se verá quién manda – Field no sería partidario de incorporar su producto a Creative Cloud sino de integrar ciertos rasgos de este dentro de Figma. No está nada claro qué repercusión tendría una u otra fórmula en el modelo de negocio futuro.

Adobe Creative Cloud lidera con holgura el mercado de software para diseño gráfico, pero en los últimos años la aparición de unas pocas más atractivas, inequívocamente basadas en la nube, han debilitado ese dominio.

Narayen, designado CEO de Adobe en 2007, tardó poco en reinventar la compañía, en parte gracias a adquisiciones que han ampliado su espectro de negocio: desde entonces, la facturación se ha multiplicado por 5,5. Del software en soporte físico de sus comienzos, la compañía se pasó al modelo de suscripción y a la nube. En lo que va de año, factura cada trimestre lo que facturó en todo el 2011. La cotización alcanzó su cénit en noviembre al borde de los 700 dólares y esta semana ha bajado a casi 300 dólares. La capitalización bursátil, que llegó a ser de 320.000 millones, ronda ahora los 138.000 millones, un detalle que tiene su importancia puesto que el pago por Figma se hará parcialmente en acciones.

Los inversores en Adobe se muestran preocupados, de ahí la depreciación, pero la adquisición está bien argumentada. Se sugiere, aunque no se diga así, que la tecnología que aportará Figma servirá lateralmente para transformar otras líneas de negocio siguiendo la brújula del mercado hacia la colaboración. A esta corriente se han plegado los grandes del sector: Microsoft, Google, Oracle, Cisco y Salesforce, por no abundar.  Al mismo tiempo, han surgido startups que emplean el concepto colaborativo en el entorno laboral, casi una moda tras la experiencia dejada por la pandemia. Los expertos coinciden en que el software colaborativo seguirá creciendo en volumen y ganará riqueza visual a medida que se vaya confirmando la apuesta por el trabajo híbrido.

El CFO de Adobe, Daniel Durn, respondia así a un analista preguntón: “de lo que trata en realidad [esta operación] es de reposicionar a la compañía mediante la definición de nuevas categorías que van a dirigir el crecimiento durante las próximas décadas”. Figma – esta es la posición oficial de Adobe – traerá consigo una nueva base de usuarios, una generación que no formado parte de la cartera tradicional de Adobe. Sobre los efectos materiales en el modelo de negocio, no se ha anticipado nada, como por otra parte es natural.

El elemento crítico que podría hacer colapsar la compra no es la opinión que merezca a analistas e inversores. Otra cosa es la posibilidad de un rechazo regulatorio: la administración Biden ha mostrado varias veces los dientes a las Big Tech, pero aún no ha mordido realmente. Y Adobe puede ser una víctima tan fácil como elocuente.


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