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  5/03/2012

Otro Steve para suceder a Ballmer

Por alguna razón no aclarada, Steve Ballmer ha faltado este año al Mobile World Congress, donde se ha presentado la Consumer Preview de Windows 8. Tampoco estará en el CEBIT, donde esta semana se revelarán detalles de la versión Enterprise. En Barcelona, su lugar lo ha ocupado Steven Sinofsky, y en Hannover lo sustituirá Kevin Turner. Inevitablemente, la ausencia de Ballmer ha atizado el recurrente rumor según el cual prepara el terreno para anunciar antes de finales de año su retirada como primer ejecutivo de Microsoft. Abundan los indicios de que el sucesor in pectore será Sinofsky, pero antes habrá que culminar el lanzamiento de Windows 8, que abre otra era para la compañía.

Steven Sinofsky

Steven Sinofsky

Windows 8 existe y, según ha dicho Microsoft, en las primeras 48 horas se han descargado un millón de copias de la Consumer Preview [¿por qué no llamarla beta?], pero no se ha anticipado la fecha de su salida efectiva. El siguiente paso será una RC (release candidate), a la que seguirá la RTM (release to manufacturers). Una secuencia que lógicamente conduce a finales del verano, por lo que la novedad no influirá en las cuentas del año fiscal o, en todo caso, podría atenuar las ventas de Windows 7.

El artífice de los productos más importantes de Microsoft en una década ha sido Steven Sinofsky, que en los últimos años ha puesto orden en los procesos internos de desarrollo de software. A sus 46 años, no es un recién llegado: entró en la compañía en 1989, directamente desde la universidad. Bill Gates reparó pronto en él, y lo escogió como su asistente técnico personal; el siguiente escalón fue asignarlo al equipo encargado de Office, en el que alcanzaría el rango de vicepresidente en 1998. Fue, por consiguiente, el máximo responsable del desarrollo de Office 2003 y Office 2007, adquiriendo una sólida reputación de ejecutivo que cumple y hace cumplir los plazos, una condición vital pero poco corriente.

Esa cualidad hizo que Ballmer lo trasladara en 2006 a la otra división clave de Microsoft, responsable de Windows. Llegó cuando Vista acababa de pasar el estadio de RTM – se puso en venta en enero de 2007 – con la misión de comenzar, con un equipo renovado, el desarrollo de la siguiente versión del sistema operativo, que culminaría tres años después con el nombre de Windows 7. El éxito – 525 millones de copias vendidas hasta la fecha – coronó la tarea, pero Windows 7 no reunía condiciones para competir en el emergente mercado de las tabletas. A Sinofsky le tocaría, pues, comandar el desarrollo de Windows 8, con dos complicaciones: incorporar el interfaz táctil Metro (el mismo de Windows Phone) y poner punto final a la exclusividad de la arquitectura x86.

Cumplida esa misión, ¿qué retos esperan a Sinofsky? Su camino parece despejado para ser el próximo CEO de Microsoft. Han caído varios directivos que un día pudieron alimentar esperanzas de suceder a Ballmer: Kevin Johnson (ahora CEO de Juniper), Robbie Bach, Bob Muglia , Stephen Elop (hoy CEO de Nokia) y el eclipsado Andy Lees (que realmente nunca lució como candidato). Del equipo que ha acompañado a Ballmer, permanecen Craig Mundle y Kevin Turner, que parecen descartados de la carrera por la sucesión.

La única declaración de intenciones de Ballmer que se conoce es la que hizo hace varios años, en la que decía estar dispuesto a dejar el cargo en 2018; pero de un tiempo a esta parte se comenta que las presiones de los accionistas empiezan a hacer mella en ese plan, y se vaticina su retirada después del lanzamiento de Windows 8. Es imaginable que fuera elevado al puesto de chairman [y entonces, ¿qué hacer con Gates?] para tutelar los pasos iniciales de su heredero.

Sinofsky firma sus mail internos como SteveSI. Aparentemente, su personalidad difiere de la del otro Steve, lo que no necesariamente es una desventaja. Un blog muy crítico con Microsoft lo describe en términos que algunos cinéfilos entenderán: “una mezcla de Spock y Spartan”. Desde luego, no tiene el aura de Gates ni la potencia escénica de Ballmer, pero en su favor hablan dos circunstancias: nadie ha tenido que convencerlo del futuro de Internet (como él hizo con el fundador) ni ha metido la pata en público (como Ballmer) con frases contundentes de las que luego tuviera que arrepentirse.


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