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  7/04/2026

OpenClaw: ¿necesitaba la IA un talismán?

Jensen Huang habla mucho y bien, pero se cuida de pisar charcos. Si lo ha hecho con relación a OpenClaw habrá sido con motivos. El ruido en torno a este framework de código abierto – la mejor definición técnica conocida –ha superado lo imaginado cuando los primeros desarrolladores jugaban con las posibilidades del invento. Nacido como Clawbot en noviembre, han bastado cinco meses para convertirse en la fórmula más universal y eficaz para crear agentes de IA, coincidente con la gran explosión – o moda, según los escépticos – de los agentes de IA. Nadie mejor que el fundador de Nvidia para detectar su potencial y añadirle su propio sello para que encaje en las necesidades de las empresas.

De entrada, con ese ánimo disfrutón que suele acompañar los inicios de los desarrollos de código abierto, Clawbot tuvo que cambiar su nombre a Moltbot: el original era tan parecido a Claude que Anthropic se quejó, con razón. El segundo bautismo – escogido por su similitud con Moltbook, la red social para bots programada precisamente por uno de ellos siguiendo instrucciones de su dueño – tampoco fue el definitivo. Así, por descarte, quedó en OpenClaw, un nombre que refleja su esencia: se inspira en el modelo de Anthropic y es de código abierto.

De OpenClaw se ha dicho que demuestra la utilidad real de los agentes de IA. Su flexibilidad permite que esta tecnología no está disponible sólo para grandes empresas, sino también a pequeñas entidades y a desarrolladores individuales. Entre las tareas para las que ya se está usando figuran la navegación automática entre diferentes páginas web, la ejecución de resúmenes en pdf, la anotación automatizada de citas en el calendario, el envío y borrado de emails en nombre del usuario o, incipientemente, las compras online.

Con los agentes de IA, la industria pretende que la IA generativa pasiva se transforme en activa. De hacer sólo consultas a ejecutar tareas de forma automática; estos bots pueden accionar, tomar decisiones y, a la postre, ejecutar procesos completos por sí solos. Las facilidades que ofrece OpenClaw para bajar del concepto al terreno lo han convertido en el proyecto de código abierto de más rápido crecimiento que se recuerde. En GitHub ya tiene más de 145.000 estrellas de favorito y más de 200.000 forks (copias del código con modificaciones aportadas por los usuarios).

El interés por el proyecto empezó en Silicon Valley, pero ha traspasado las fronteras. Tanto es así que a estas horas China ha tomado la delantera y con mucha diferencia  . La adopción en el gigante asiático ha sido masiva y rápida, por parte de los usuarios, pero también por las compañías chinas. Claro está que ha sido facilitada por su gratuidad y su carácter abierto, que permite desarrollar nuevas integraciones con aplicaciones. Una clave del éxito es su memoria persistente, con la que el agente recuerda interacciones anteriores, incluso de semanas atrás. Se adapta a los hábitos del usuario e impulsa una hiperpersonalización de sus funciones.

Hay quien dice que OpenClaw está sobrevalorado porque la industria y los medios necesitaban disipar las controversias en torno a la IA y su impacto real. Para que no haya equívocos: la instalación es compleja y se requiere una alta capacidad de computación (los costes del LLM que va por detrás hay que pagarlos  ), Sobre todo, tiene profundas lagunas de seguridad. Basta recordar que la compañía especializada Palo Alto Networks ha calificado OpenClaw como “una triada letal” de vulnerabilidades: 1) acceso a datos privados, 2) exposición a contenido no fiable [todo Internet, con su mochila de desinformación] y 3) habilidad de comunicarse con fuentes externas. Su conclusión es, nada menos, que OpenClaw preanuncia una crisis de seguridad en la IA.

Aquí entra Nvidia en escena. En su conferencia GTC 2026, su CEO Jensen Huang presentó NemoClaw: básicamente es una versión remozada de OpenClaw, con una capa de seguridad y de privacidad añadida. Se trata, pues, de un framework para ejecutar agentes de IA, en el que Nvidia ha trabajado en su configuración con Peter Steinberger, el creador de OpenClaw. Para entonces, Steinberger ya estaba en nómina de OpenAI, que lo fichó en coincidencia con su lanzamiento de OpenAI Frontier, una plataforma abierta para que las empresas construyan y gestionen sus flotas de agentes.

Anteriormente, Nvidia ya había presentado una suite de software para construir agentes, NeMo Agent Toolnit, que finalmente contraería a Agent Toolkit. De donde provienen las herramientas que refuerzan NemoClaw, con la finalidad de que pueda utilizar cualquier agente programador de código abierto – incluido NemoTron, propio de la compañía, para construir y desplegar agentes. La plataforma también acepta modelos propietarios como GPT-4 o Claude o bien aquellos que se ejecuten en modo local. En teoría, NemoClaw es agnóstico en lo que a hardware respecta, pero Nvidia ha indicado sus sistemas DGX Spark y RTX PC como las mejores opciones para desarrollar bots.

El proyecto aún se encuentra en una fase primitiva, una versión alpha. Pero Huang aprovechó la ocasión del GTC para atizar la lumbre diciendo que “ha llegado el momento ChatGPT” para los agentes de IA. El CEO de Nvidia llegó a comparar OpenClaw, en su carácter de infraestructura, con lo que en otras circunstancias representaron Linux, HMTL, el protocolo HTTP o Kubernetes para el impulso de la nube. No fue un pleonasmo descuidado: según dijo, “todas las empresas necesitan hoy tener una estrategia de OpenClaw”.

¿Por qué tanto énfasis? En China le habían adivinado el pensamiento y la fiebre se ha extendido tomando como emblema el logo de OpenClaw, una langosta. Hasta el punto de que se han visto largas colas en Pekín y Shenzhen para que un técnico les instalara el software en sus dispositivos. El patrocinio de estos eventos lo han asumido compañías tecnológicas como Tencent y Baidu.

Los grandes actores de la IA en China, sean gigantes o startups, se han apresurado a actualizar sus chatbots para integrar una oferta de agentes. Alibaba y Tencent han mejorado sus herramientas de compra y de pago con OpenClaw mientras su rival Zhipu lanzaba AutoClaw, una versión local orientada a facilitar el despliegue en entornos empresariales.Tendrá que pasar tiempo para que se calmen las aguas, se pase el impacto inicial y pueda comprobarse su saldo en el mercado chino. De momento, las autoridades han anunciado un plan para fortalecer la economía con la expansión de la IA en la mayor parte de las industrias y de la sociedad. Una iniciativa como OpenClaw casa bien con esta ambición: se le atribuye un gran potencial de utilidad y es gratuita.

Aunque las autoridades ya han recomendado prudencia. Han emitido algunas advertencias de seguridad a la vez que recomendaban a las agencias gubernamentales – y especialmente a la banca y sectores sensibles – que limiten el uso de OpenClaw. Al final, para gente profana en tareas de programación no es fácil saber qué permisos y acceso a datos han dado a los agentes.

El de China es un caso excesivo, probablemente pasajero, pero ilustra el entusiasmo suscitado por esta novedad nacida de la inteligencia artificial. La industria tecnológica en su conjunto se aferra a los agentes, cuyo concepto se materializa hoy en OpenClaw, como a un talismán para legitimar la IA y toda la fanfarria que la acompaña, a la que el ubicuo Huang ha contribuido con su celebridad.

[informe de Pablo G. Bejerano]


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