Los despidos masivos de Oracle, que algunas voces cifran en cerca de 30.000 personas, han empañado los buenos resultados del tercer trimestre del año fiscal 2026. Por otro lado, no es de ahora que la compañía marcha sobre arenas movedizas: cuando puede, saca pecho con su crecimiento y cuando no, disimula con promesas que podrá (o no) cumplir. Ahora mismo, el capex está disparado y la deuda suscita desconfianza porque la alianza con OpenAI flojea. Pero lo cierto es que la coyuntura del negocio no justifica en absoluto tamaña escabechina. Este es el paisaje que ha encontrado la nueva CFO, Hilary Maxson, pero no se espere de ella una explicación: habrá que ensayarla desde este modesto blog.

Tanto por el número de afectados como por los malos modos con que ha sido ejecutada la medida, el despido del 18% de la plantilla es una mala noticia que, lógicamente, ha copado los titulares sin entrar en los detalles. No hay que buscar los motivos en un estrés de la demanda ni tampoco en una bajada de los márgenes, sino más bien en lo contrario; la doctrina actual de Larry Ellison prescribe que es el momento idóneo porque la compañía está ante la oportunidad de afianzar un cambio histórico en su modelo de negocio.
Midiendo las palabras, un analista ha calificado el movimiento como “reasignación de capital muy agresiva”. A ver. En los primeros nueve meses del año fiscal, Oracle ingresó 48.200 millones de dólares y obtuvo un beneficio neto de 12.000 millones. En el mismo período, dedicó 39.200 millones a capex, esencialmente en centros de datos para IA: la intensidad del gasto de capital ha sido del 81% calculada sobre ingresos y equivale a más de tres veces el beneficio del período.
Son cifras altamente inusuales para una empresa que durante décadas ha vivido del ciclo software-mantenimiento-aplicaciones, con baja intensidad de capital y una rentabilidad satisfactoria. El giro radical dictado por Ellison se ve con más claridad en el balance que en la cuenta de resultados: los activos de infraestructura han engrosado un 92% hasta llegar a un valor en libros de 83.600 millones, a la vez que la deuda total trepaba hasta 130.000 millones, cantidad importante para una empresa cuya capitalización bursátil era ayer de 466.000 millones.

Entretanto, los intereses de la deuda suman algo más de 4.000 millones que, estos sí, habrá que restarlos de la cuenta de ganancias y pérdidas. O compensarlos con otra fuente dineraria, teniendo en cuenta que la deuda ya no podrá crecer al mismo ritmo.
Faltaría añadir que estas proporciones son sostenidas por el negocio de infraestructura cloud (OCI) y por la capacidad de computación al servicio de la IA, que aportan el 52% de los ingresos totales de la compañía. Mientras tanto, el negocio de software puro, origen de Oracle, cede siete puntos en el cómputo total, pero su facturación crece un respetable 37%.
Ha sido, pues, un trimestre histórico; por primera vez en quince años, los ingresos totales han crecido más de un 20%. De modo que la justificación de los despidos no puede estar ahí sino en una maniobra audaz de Ellison, que propugna financiar el capex y el servicio de la deuda sin por ello perder rentabilidad. Los aficionados al rugby saben que esto se llama patada a seguir.
La variable de ajuste (sic) pasa a ser el empleo, en este caso llamada – ya se ha dicho – reasignación agresiva de capital: restar dinero de las nóminas para destinarlo a pagar las infraestructuras. Esto implica un programa de reestructuración rápida que, hasta el final del año fiscal el 31 de mayo, va a costar a la compañía unos 2.100 millones. A cambio, a partir del día siguiente, ya en el año fiscal 2027, el ahorro se podrá estimar en n unos 4.000 millones [curiosamente, la cantidad coincide con la factura de los intereses].
Lo que Oracle identifica como negocio cloud (IaaS más PaaS) ingresó 8.914 millones en el tercer trimestre, un 52% del total, aportando 2.700 de los 3.000 millones de incremento, lo que confirma que la nube es el principal motor de crecimiento. Clay Magouyrk, quien comparte el puesto de CEO con Mike Sicilia y es responsable directo de esta rama de la compañía, ha puesto énfasis en que que los ingresos de las bases de datos multicloud crecieron un 531% y los de infraestructura IA lo hicieron un 234%.
Ahora bien, puesto que la demanda no ha bajado – y no parece que baje salvo cataclismos – cabe preguntarse si Oracle podrá hacerle frente con una plantilla reducida en casi una quinta parte. Porque los empleados no son sólo un coste, sino generadores de negocio. Se ha publicado un cálculo – probablemente sesgado – según el cual Oracle debería construir una fuente de ingresos impulsada por la IA que sea casi del mismo tamaño que todo su negocio cloud existente, que en los nueve meses pasados aportó 24.100 millones.
La narrativa de Oracle diría que tal cifra es posible, que los modelos de IA son cada vez más potentes y le permitirán seguir siendo competitiva. Aquí aparece otra vez el prejuicio de quienes predicen que los agentes de IA van a perjudicar no sólo al modelo de software más tradicional sino también al software como servicio .
El otro CEO de Oracle desde septiembre pasado, Mike Sicilia , ha querido despejar toda duda al negar tajantemente que esa tendencia tenga algún efecto sobre la compañía, aunque dejó caer que puede tenerlo en competidores más pequeños o menos diversificados.
Pausa para respirar: Ellison ha optado por romper la trayectoria de la compañía que fundó hace 49 años. De cara al mercado bursátil, su argumento favorito es un backlog de 553.000 millones de dólares en obligaciones de rendimiento pendiente (RPO) que es un 325% superior al de hace un año. Pero el RPO es un indicador inestable y de doble filo, sobre todo si está escorado hacia un cliente dominante como OpenAI , habituado a apostar con fichas ajenas.

Volviendo a la intensidad de la inversión: Oracle es más pequeña que el resto de los hyperscalers, por lo que tiene que apoyarse en el mercado de deuda para financiar su expansión.
Volviendo a la IA, Oracle se ha convertido en un negocio de infraestructura revestido de software pero muy intensivo en capital y confiado en unos ingresos que no están garantizados al 100%. Su aliada OpenAI está generando negocio a las grandes tecnológicas; excepto el acuerdo vigente con Microsoft se trataría de promesas de ingresos, que se registran como RPO.
Comparativamente, la posición de Oracle en este capítulo es a la vez privilegiada y arriesgada : de los 553.000 millones en RPO, más de 300.000 millones vienen de OpenAI y el proyecto Stargate, con ostensibles carencias financieras. Por su lado, la exposición de Microsoft es del 39% y la de AWS sólo del 16%.
En la presentación de resultados trimestrales, se quiso templar el tema afirmando que la conversión de esos 553.000 millones de RPO está más cerca, gracias a que la compañía tiene asegurados más de 10 GW de capacidad en centros de datos que estarán operativos en los próximos tres años. Además, el 90% de esa capacidad no será financiada por Oracle sino por sus partners. Así las cosas y con el anuncio de que en los últimos meses ha acelerado los plazos de cobro hasta en un 60%, la compañía mantiene su previsión de 90.000 millones de facturación en el año fiscal 2027, que empezará el próximo 1 de junio.
Hilary Maxson, que reportará a Magouyrk, tiene un horizonte marcado: que los ingresos procedentes de la nube alcancen los 166.000 millones de dólares en 2030… si todo saliera según lo planeado.