28/11/2016

La sombra de EMC es alargada en la nueva Dell

En tres años, con dos movimientos audaces, Michael Dell ha convertido la empresa que lleva su nombre en un gigante que podría facturar unos 75.000 millones de dólares, dependiendo de su perímetro final. La compra de EMC ha sido para él tan importante como para montar una colosal ingeniería financiera para pagar el doble del valor que tenía su propia empresa cuando la retiró de cotización en febrero de 2013. Ahora toca a la nueva Dell Technologies demostrar que merecía la pena llevar la contraria a un sector que en los últimos años ha destejido operaciones de parecida inspiración [Hewlett Packard] o ha renunciado al mito de que hay que estar presente en todos los segmentos del mercado [IBM].

Michael Dell

Michael Dell

Esta semana se celebrará en Madrid y Barcelona el Dell EMC Forum, secuela local del Dell EMC World de mediados de octubre en Austin (Texas). Cuenta Mario Kotler, colaborador de este blog en Estados Unidos, que en su componente expositivo – destinado a los partners estadounidenses de las empresas fusionadas – se dio protagonismo casi absoluto a la oferta de infraestructura, lo que en principio hablaría de un mayor peso de EMC [sensación que podría ser engañosa, porque de lo que se trataba era, prioritariamente, de calmar al canal de esta].

Por cierto, la ausencia de VMware en Austin puede justificarse formalmente porque la misma semana se celebraba en Barcelona el VMworld Europa, pero a la vez subraya el hecho de que Dell ha prometido la máxima autonomía a esta compañía de la que controla el 80%.

Nada más aparecer en escena, Michael Dell presumió de liderazgo: pregonó enérgicamente que Dell Technologies es a partir de ahora «la mayor compañía de sistemas de empresa», como suministrador global número uno en cuatro de los mercados que abarca su actividad: almacenamiento, servidores, virtualización [a través de VMware] y PC [aparentemente se refería al valor de las ventas no a las unidades despachadas]. Obviamente, la frase disimulaba las zonas grises que aún perduran.

Dell Technologies aúna todas las marcas del conjunto, dividiéndose en siete áreas de producto. La marca Dell seguirá usándose para el Client Solutions Group, al mando del veterano Jeff Clarke con rango de presidente. En el organigrama de Dell EMC – de hecho, más de la mitad del bloque – tendrá primacía David Goulden, quien fuera CEO de la rama principal de EMC, pero no ha quedado del todo claro si Howard Elias será su subordinado o su par como presidente a cargo de Services & IT.

Con estos nombramientos, se ha querido disipar las dudas acerca del reparto de papeles y confirmar que la integración ha ido como la seda. El reto será ver cómo se relacionan las divisiones del negocio, porque en muchos casos hay solapamientos de productos, necesidad de sumar equipos y hasta de simultanear estrategias. Cada una por separado, Dell y EMC han consolidado a lo largo de los años sendas culturas propias y queda mucho trabajo por hacer en ese terreno. Trabajo que recaerá en el chief integration officer Rory Read (antiguo directivo de Lenovo y CEO de AMD).

Al margen del factor humano y a juzgar por los primeros movimientos, se ha interpretado que los componentes de la antigua federación de EMC tendrán influencia decisiva en aspectos clave de la estrategia: seguridad definida por software para el centro de datos [SecureWorks quedará subordinada a RSA], almacenamiento cloud, analítica de Big Data, entre otras, como se verá.

La principal dificultad de cohesión debería aparecer en el catálogo de cabinas de almacenamiento, donde las familias de Compellent y Equalogic (Dell) han competido durante años con las de EMC, aunque sus clientelas no son idénticas. Al menos durante unos cuantos meses, Dell EMC tiene el mayor interés en tranquilizar a los clientes con el compromiso de no discontinuar ningún producto, pero ya se verá en cuáles pone más énfasis comercial.

EMC aumenta la credibilidad de Dell entre las empresas y elimina de una vez por todas esa imagen (falsa) que asocia la marca Dell exclusivamente con sus PC. Si se busca una prueba anecdótica del peso que tendrá la antigua EMC en la nueva estructura, valga el hecho de que, aunque el cuartel general estará en Texas, el negocio de infraestructura para empresas – que combina servidores y almacenamiento – se dirigirá desde Massachussets. Michael Dell se ha comprado un piso en Boston para estar más cerca de su nueva posesión.

David Goulden declaró a la prensa en octubre que la transformación digital estimulará la demanda de productos hiperconvergentes y nuevas plataformas de almacenamiento de objetos, para soportar contenedores y el desarrollo de nuevas aplicaciones nativas en la nube. La hiperconvergencia plantea un parteaguas: antes de la fusión, EMC vendía sistemas integrados con servidores fabricados por Quanta, pero a partir de ahora adoptará los PowerEdge de Dell, lo que se pondrá de manifiesto inmediatamente en su oferta de vxRail y vxRack.

Hay varias razones para destacar este aspecto como prueba del nueve de la integración. Porque el crecimiento que viven los sistemas convergentes e hiperconvergentes supera al de los servidores tradicionales, pero están lejos de representar un porcentaje significativo del mercado. Según David Goulden, el futuro sin duda favorece a la hiperconvergencia, pero «el 80% de los clientes todavía prefieren el enfoque convencional de servidor y almacenamiento, aunque crece muy rápido el interés por los appliances, que aúnan ambas ingenierías».

Por otra parte, ulteriormente podría haber cambios en la estrategia de productos de VCE – filial de EMC que ha caído en la cesta de Dell Technologies, filial que sigue usando servidores de Cisco, pero que en algún momento podría pasarse a los PowerEdge.

Hay muchos otros aspectos que considerar. Por ejemplo, la herencia de Dell en materia de networking es débil, por lo que Dell EMC va a depender de VMware, que con NSX se ha colocado como adversario de Cisco. Igualmente, en la infraestructura para gestión de movilidad – un punto ciego en la oferta clásica de Dell – tendrá que recurrir a AirWatch, también integrada en VMware. En su rueda de prensa, Michael Dell dijo confiar en que el aumento de conexiones de dispositivos móviles en las empresas se traduzca en mayor demanda de servidores y almacenamiento.

La estrategia cloud abre una disyuntiva que puede no ser tal, dependiendo de la flexibilidad de las partes. Los comerciales tendrán varias cartas que jugar, quizá demasiadas. Virtustream, sólo a medias integrada en EMC, podría ganar peso, lo mismo que su contemporánea Mozy, discreta oferta de almacenamiento cloud. Puede que al final se consagre una división del trabajo con VMware. El reciente acuerdo de esta con Web Services, es otro dilema, porque Michael Dell no pierde ocasión de decir que es un aliado firme de Microsoft, que además de rivalizar con AWS tiene a punto Azure Stack, que competirá con VMware el año próximo. No hay prisa por decantarse: lo importante es tratar de tener contento a todo el mundo, interna y externamente.

Las buenas relaciones con Cisco se mantendrán en un equilibrio delicado. Pero la antigua hostilidad recíproca entre Dell y HP no ha hecho más que agravarse desde la fusión de la primera con EMC y la escisión de la segunda en dos compañías. Dell apostó por sobredimensionarse casi al mismo tiempo en que HP optaba por separarse en dos compañías. Michael Dell pone a HP Enterprise como ejemplo de que ser más compacta no implica necesariamenteor ser más ágil; por el contrario, suele decir, ser una empresa más grande permite atender mejor las necesidades de los clientes, ganando posibilidades de ventas cruzadas. Sobre todo si, como es el caso, Dell y EMC sólo tenían en común un bajo porcentaje de su clientela respectiva.

[informes de Arantxa Herranz y Mario Kotler]


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