11/09/2015

IFA 2015 o cómo crear una nueva categoría (y 2)

PCs, tabletas, smartphones –y ahora wearables – formaban un segundo (o tercer) hemisferio de IFA 2015. La industria de electrónica de consumo lleva más de dos años acariciando la muñeca de los consumidores, con la idea de una nueva categoría que complemente sus ventas en declive o estancadas. No puede decirse, por el momento, que los smartwatches o, genéricamente, los wearables, hayan cumplido con las expectativas, pero en Berlín se vieron muchos modelos apuntando síntomas de lo que pudiera ser una nueva fuente de ingresos para los fabricantes y, sobre todo, para los minoristas, que buena falta les hace. Todo ello con permiso de la industria relojera, que no se queda de brazos cruzados.

Se ha escrito aquí mismo que, históricamente, las TIC no habían tenido gran relieve en la feria berlinesa, aunque puntualmente ha sido escenario de lanzamientos oportunos para llegar a tiempo de la estación navideña. Precisamente, el calendario tiene mucho que ver con la aparición simultánea de una plétora de relojes ´inteligentes` renovados, con vistas al último trimestre del año. Son más atractivos y funcionales que los vistos en el Mobile World Congress de Barcelona, que retrospectivamente pueden ser tildados de primera generación.

La sorpresa, si cabe decirlo así, es que los smartwatches han descubierto la esfera. Como suena: tras los formatos rectangulares y aparatosos, los nuevos modelos retoman la tradición de la industria relojera, y se decantan por rasgos reconocibles para el consumidor que no es un geek: cajas de acero y correa de cuero entre ellos. La pantalla se puede cambiar, incluido las que llevan unas manecillas virtuales y unos números que simulan los de un reloj convencional. Si las marcas advenedizas se allanan a dar estos pasos,es debido a que los modelos precedentes pincharon en hueso.

Jann Wassmann, analista especializado de GfK, considera que el segmento de los wearables se apoya en tres pilares: salud, tecnología y moda. Cada uno define competencias peculiares, y cada producto se centra en uno u otro atributo. GfK calcula que en Europa Occidental se han vendido en el primer semestre 3,2 millones de wearables (en su acepción más amplia: dispositivos de información que se sujetan al cuerpo). El 59% han sido accesorios específicos para salud y deporte, el 19% ordenadores de pulsera para monitorizar la actividad física, y sólo el 21% – menos de 800.000 ejemplares – pueden clasificarse como smartwatches.

Wassmann reconoce que los smartwatches rivalizan con los otros wearables, pero estos cumplen mejor sus funciones específicas. Los relojes multipropósito son menos ´inteligentes´ si se les condena a estar ligados a un smartphone, mientras que los accesorios para amantes del fitness son autónomos. Se repiten así el dilema clásico de especificidad o multifunción, y la discusión sobre el tamaño idóneo de la pantalla. Otro punto señalado por el analista de GfK: si se aspira a que los smartwatches sean un producto de consumo masivo, no deberán exceder los 200 euros, y sería aconsejable no lanzar continuamente nuevos modelos, práctica a la que es propensa la industria pero que incentivaría a retrasar la compra.

De todos modos, los relojes ´inteligentes´ ya empiezan a configurar un mercado relativamente importante y en alza, pese al secretismo de los fabricantes, que en esto imitan la terca opacidad de Apple. GfK estima que este año se venderán en todo el mundo 26 millones de smartwatches y casi la misma cantidad (25 millones) de dispositivos para salud y deporte. Esta consultora es la fuente disponible más fiable.

Con tales cifras, no es extraño que que en la IFA de este año proliferaran productos de esta categoría. Cierto es que Samsung hizo mucho ruido con su modelo Gear2, que está recibiendo comentarios favorables en Estados Unidos, incluso de críticos habituados a hacer la ola a Apple. La lista de fabricantes que mostraron en Berlín uno o varios modelos de smartwatch es prolija: Lenovo-Motorola (con una gama de Moto 360), LG Watch Urbane, Sony Wena, Huawei Watch, Asus ZenWatch, ZTE Axon, TomTom Sparky Runstatic-Adidas Moment, fueron los más destacados. Apartado del pelotón, Swatch mostraba su gama Touch Zero One, avanzadilla suiza en este nuevo campo de batalla.

Por contraste, el número de smartphones relevantes fue reducido, lo que tiene su explicación: este segmento está muy asentado y la competición se va serenando a la baja, pero su importancia es muy superior a la de sus parientes los smartwatches. Dos modelos fueron el centro de atención: el Mate S de Huawei – pantalla de 5,5 pulgadas – y el Z5 de Sony – también de 5,5 pulgadas pero con la novedad de 4K). También fue muy comentado el Samsung Galaxy S6 Edge+, con pantalla de bordes curvados de 5,7 pulgadas, pero estrictamente no era novedad por haber sido presentado días antes en Nueva York.

Una marca con mucha proyección este año en IFA fue Lenovo, que ganó espacio al trasladarse a un pabellón «noble» [el que antes ocupaba LG, que a su vez se movió a la entrada norte gracias a la mudanza de Samsung al nuevo City Cube del sur de la feria]. Bueno, pues Lenovo mostraba los smartphones Vibe P1 y S1, aunque su baza principal eran las tabletas convertibles y el Phab, una audacia híbrida de 7 pulgadas – entre tableta y smartphone – dejando los smartwatches para lucimiento de su marca Motorola, a la que le queda mucho fuelle.

Dicho cortésmente, las tabletas pasaron sin pena ni gloria por Berlín: el mercado conjetura que su futuro pasa por formatos y aplicaciones profesionales, tras la desastrosa degradación de las tabletas no name. La informática personal trata de recuperar la respiración con formatos que se apartan de la segmentación clásica de sobremesa y portátiles. En teoría, la industria espera que los nuevos formatos aporten crecimiento y una mejora de los márgenes; Windows 10 y los nuevos procesadores Skylake son factores adicionales que justifican esas expectativas. Para quien quisiera ver colectivamente el surtido de alternativas, lo mejor era pasarse por los espacios de Microsoft e Intel.

Lo fundamental es la búsqueda de formatos excitantes y prácticos, los llamados híbridos o 2-en-1. Delgados y ligeros, son nominalmente notebooks, llevan pantallas de 10 a 14 pulgadas y se caracterizan por su fácil conversión en tabletas, ya sea desprendiendo el teclado (como en el HP Envy x2) o haciéndolo rotar (como en el Yoga Pro 3, de Lenovo o el Aspire R13, de Acer). Finalmente, y no son superar reticencias, el Surface Pro3, estandarte de Microsoft, ya tiene clones, como el Lenovo Milx 700, e incluso se ha anunciado que lo revenderán HP y Dell [ausentes de IFA este año]. Por su lado, Toshiba se apoya en Windows 10 para renovar un catálogo cuya joya será el Radius 12 con una pantalla 4K de borde a borde.

¿Tendrán éxito estos formatos? A saber. Una proyección de Gartner eleva las ventas mundiales de este año a 21,5 millones de unidades, con un crecimiento del 77%. Pero no es esto lo que realmente importa, sino que nacen con vocación premium, por lo que podrían aportar a los fabricantes esos beneficios que se les han escapado por el agujero de las guerras de precios.

En IFA 2015 se dejaron ver otros formatos experimentales o que tal vez no pasen de ser nichos de mercado: varias encarnaciones de lo que Intel llama NUC, entre las cuales la más original quizá fuera el bloque del Acer Revo. Ya puesta a miniaturizar un PC, la taiwanesa Asus mostró su VivoStick – también basado en un diseño de Intel – que jibariza un PC hasta reducirlo al tamaño de un pendrive y está dotado de puertos USB y HDMI; se venderá al módico precio de 129 dólares (incluyendo Windows 10). En esta búsqueda de fórmulas híbridas hay que consignar el Acer Jade Primo, definido como un Windows 10 Mobile, una primicia para pasear por los medios aunque sólo sea a título de prototipo. Es la primera manifestación, que se sepa, de la propuesta que Microsoft ha llamado Continuum.

Queda por ver cuándo, cómo y a qué precios llegan al mercado tantas novedades que se supone serían capaces de sacar las ventas de PC del marasmo en que se encontraban hasta la mitad del 2015. Si no repuntan, no será por falta de modelos.

[informe Lluís Alonso]


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