30/09/2026

Huawei: un cluster de IA y un ritual sucesorio

Vaya uno a saber cuándo Ren Zhengfei, fundador de Huawei, comprendió que un día tendría que competir con Nvidia, aquella empresa de raíces taiwanesas que vendía tarjetas gráficas para videojuegos. De lo que no hay duda es de que esa será la primera tarea de su sucesor, sea quien sea, cuando toque. Cooperar con Estados Unidos está excluido, sólo queda dar batalla, es una lectura posible de lo dicho por Guo Ping, presidente del consejo de supervisión de la compañía, en la conferencia Connect 2026 . Recursos no le faltan: dilatada experiencia en el mercado de equipos de telecomunicaciones y en el diseño y fabricación de semiconductores avanzados y cuenta con el apoyo incondicional de  su gobierno.

A mediados de setiembre, en su multitudinario evento en Shanghai, Huawei ha dado a conocer el sistema Atlas 960 SuperPoD para inteligencia artificial. No hacía falta nombrar a Nvidia; para cualquiera era evidente contra quién va dirigida la novedad. En un boletín corporativo, Guo Ping sostiene que en adelante el foco de la compañía será el desarrollo de tecnologías propias de computación y conectividad, pero negó tener planes de expandirse a negocios en los que está ausente. Nada de dispersar fuerzas en otras industrias; la apuesta definitiva de Huawei es perseverar en su trayectoria: suministrar infraestructura digital y soluciones de IA, tanto para el mercado interno como al internacional. “Nuestra mayor preocupación será mantenernos competitivos y esto es lo que haremos”. , resumió.

Este anuncio, continuidad de otros precedentes, confirma una estrategia central de la compañía: disponer de capacidades e infraestructuras que contrarresten el estrangulamiento dictado desde Washington. La secuencia de los SuperPoD es la crespuesta proporcional a la oferta para IA de su rival estadounidense, que como cabeza del mercado mundial influye sobre la evolución del mercado de IA. En concreto, la solución óptica UnifiedBus responde a la tecnología de interconexión NVLink, de Nvidia, que soporta la comunicación entre los chips gráficos dentro de sus gabinetes.

Por su parte, el Ascend 960DT es un chip diseñado para el entrenamiento de modelos, cuyo rendimiento duplica el del anterior de la serie, 950, presentado el año pasado y hasta la fecha el más potente, que está siendo usado para cargas de IA como alternativa a las GPU de Nvidia, que no pueden exportarse a China. El chip anunciado hace dos semanas estará disponible en el primer trimestre de 2027. En cuando a Ascend 960PR, dedicado a inferencia, saldrá al mercado en el tercer trimestre, con adelanto sobre los plazos previstos.

El actual presidente rotatorio de la compañía. Wang Tao (también conocido como David Wang Tao) afirmó en la conferencia de Shanghai: “Nuestra línea de chips Ascend sigue una calculada cadencia anual; en 2028 y 2029 saldrán sucesivamente los 970 y 980”. La parte más sensacional de los anuncios de Shanghai ha sido el cluster Atlas 960 SuperPoD.  Un paper publicado la misma semana por  Liao Heng, investigador de la compañía, revela que ya se ha desplegado un sistema experimental de nodos de 256K que extiende la misma arquitectura más allá de un SuperPoD individual. “Es un sistema, una máquina – escribe el autor – en lugar de una red de más de 200.000 máquinas separadas”, en el que UnifiedBus 2.0 (en chino Lingqu) conecta un gran número de procesadores, módulos de memoria y recursos de computación, con la finalidad de que chips separados funcionen como ordenadores individuales”.

Resulta sintomático que Heng, tras doctorarse en la Tsinghua University y cursar  un postdoc en Princeton, permaneciera en Estados Unidos hasta volver en 2008 a su universidad original y luego se incorporase a HiSilicon, la filial de semiconductores de Huawei. Actualmente, se desempeña como científico en jefe de esta rama de la compañía y es el principal arquitecto en el desarrollo de los chips Ascend.

El diario South China Morning Post  atribuye a Liao Heng la afirmación de que China tiene capacidad para fabricar cualquier chip que haya sido diseñado en Estados Unidos, precisando que su cuello de botella se encuentra en el software, particularmente en CUDA, propiedad de Nvidia. reconociendo que todo  intentos de clonar CUDA han resultado ser una condena al eterno segundo puesto, razón por la que Huawei ha optado por desarrollar conjuntamente hardware y software.

Todo lo anterior se ha producido en un ambiente de confrontación con Estados Unidos, que ninguna cita bilateral  podrá disimular  . La IA es uno de los frentes más explosivos en esa rivalidad. Por cierto, las reiteradas proclamas en favor de la autonomía china en I+D resuenan como ecos de la expectativa en torno a una próxima ausencia de Ren Zhengfei, quien durante décadas ha mantenido el control absoluto sobre un organigrama corporativo inaudito.

El grupo de fundadores de la compañía ha alcanzado la edad del relevo. En particular Ren, quien cumplirá 82 años el mes próximo; tres de los presidentes rotatorios (más jóvenes) se han jubilado; sigue activo Guo Ping (1966), transferido a presidir el consejo de supervisión. Si de lo que se trata es de ascender en la jerarquía corporativa, la figura más conocida internacionalmente sería Yu Chengdong (Richard Yu) nacido en 1969, pero su nombre no es el que más suena en Shenzhen. Durante un tiempo se mencionó la posibilidad de que Meng Wanzhou (1972), hija del fundador, pudiera sucederle en la cúspide de la compañía , pero el rumor se ha apagado. Ahora mismo, el candidato más plausible es David Wang Tao, quien hoy concluye su presidencia temporal, pero ha salido reforzado con el rango de vicechairman, en la práctica chairman en funciones.

Wang nacido en 1972, ingresó en la compañía en 1997; ha pasado por todas sus líneas de negocio, si bien su experiencia internacional se reduce al tiempo en el que  dirigió la filial de Italia y Suiza. En los dos últimos años ha actuado como “coordinador general”, cargo equivalente al que en occidente se conoce como COO (chief operating officer). Por esos méritos correspondió a Wang presentar en Connect 2026 el nuevo cluster para IA, que pese a no tener tantas prestaciones como los sistemas más avanzados de Nvidia, suple esta limitación con la `fuerza bruta´ que hace posible la computación de miles de procesadores en paralelo. Es muy probable que, a escala unitaria, los chips de Huawei no sean tan eficientes como los de su rival, pero su comportamiento sistémico los hace competitivos en muchos apartados.

Sobre el papel, Atlas 960 SuperPoD, con hasta 4.000 chips Ascend 960 supera entre 2,3 y 2,5 veces la capacidad de entrenamiento e inferencia con modelos de 10 billones de parámetros, de su antecesor en Atlas 950 SuperPOD, alimentado por 8.192 unidades de procesamiento neuronal (NUP) Ascend 950. El sucesor eleva la cuenta a 15.488 NUP alojadas en 220 gabinetes que ocupan 2.200 metros cuadrados.

“Los supernodos son una opción inevitable cuando se desea construir centros de datos a ultra escala”, aleccionó David Wang a la audiencia, prometiendo que Huawei ya está en condiciones de iniciar la producción masiva.

Con este lanzamiento, la compañía ha alcanzado un hito industrial de interés geopolítico: contar con unos sistemas totalmente diseñados y fabricados en China con tecnología propia, supone esquivar las sanciones estadounidenses -dictadas por la administración Biden en 2017 y agravadas por su sucesor – que hoy prohíben a la taiwanesa TSMC actuar como contratista para fabricar los chips para Huawei utilizando maquinaria de la holandesa ASML 

Durante Connect 2026, Guo Ping afirmó que el mercado interno de 1.400 millones de personas en China es suficientemente grande como para asegurar la continuidad de Huawei, “lo que no quiere decir que vayamos a limitarnos al mercado interno”. Para los observadores, las restricciones estadounidenses han servido de acicate para el desarrollo de tecnología propia con el respaldo explícito del presidente Xi Jinping, quien ha colocado la cuestión en el centro del próximo pleno del comité central del partido comunista.

La IA es una gran oportunidad – abundó Guo – para adquirir una ventaja competitiva decisiva. Huawei no necesita desarrollar modelos propios, sean LLM o de otra variedad: le basta con suministrar la tecnología necesaria para que los servidores que funcionan  con procesadores Ascend o Kunpeng puedan trabajar con cualquier modelo de IA. No obstante, reconoció lagunas relacionadas con la adopción de loa modelos de pesos abiertos popularizados por compañías chinas , lo que puede obligar a una integración más profunda entre IA y la nube acerque a la compañía a esa faceta del mercado.

Hay que recordar que, según estimaciones de Morgan Stanley, el mercado chino de IA alcanzará los 67.000 millones de dólares en 2030, con un 86% de cuota para empresas locales, frente a menos del 50% el año pasado. De lo que resulta natural que la hegemonía económica de Huawei, hoy asentado en las telecomunicaciones y la computación, debería extenderse a los mercados que la inteligencia artificial hará aflorar.

En 2025, Huawei ingresó 881.000 millones de yuanes [135.000 millones de dólares al cambio actual], de los que el 43% fueron generados por la división ICT en la que se concentran los negocios de infraestructura. Extraoficialmente, ICT contribuiría con más del 60% de los beneficios operativos. En consecuencia, la mayor parte de los recursos destinados a I+D proceden de ICT y soportan las operaciones de otras ramas de la compañía.

No depender de Estados Unidos ni de compañías que no sean chinas es una meta de las autoridades de Pekín. Una de las pruebas de fuego que se verá en las próximas semanas será la introducción de un procesador para smartphones cuya tecnología de fabricación se califica como revolucionaria 

Si los planes salieran tal como se presume, el impulso de la compañía en este dominio puede darse por descontado. Una conclusión es posible: a tenor de los anuncios de Connect 2026, Nvidia puede irse despidiendo de vender chips en China por mucho esfuerzo que hiciera  Jensen Huang para tratar de convencer a Trump. Aun así, le habría faltado seducir a sus clientes en China y en los países que giran en su órbita, que han perdido interés en la tecnología estadounidense.

 

 


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