22/01/2021

Europa reconoce que pinta poco en la nube

Mientras el gasto de Europa en servicios de cloud computing se triplicaba en menos de tres años, la participación de los proveedores europeos bajaba del 26% al 16%. Aunque fragmentarias, las cifras de Synergy Research han confirmado lo que cualquiera podía apreciar empíricamente: la Unión Europea ha estado adormecida mientras veía crecer el poder de tres gigantes estadounidenses. Hasta que un tal Donald Trump les despertó del letargo en 2018 con su CLOUD Act (Clarifying Lawful Overseas Data), como respuesta a la negativa de Microsoft a ceder datos – presuntamente relacionados con el narcotráfico – almacenados en sus servidores de Irlanda y, por tanto, fuera de alcance del gobierno federal.

Bruno Le Maire y Peter Altmaier

Sólo entonces empezaron las instituciones de Bruselas, azuzadas por Alemania y Francia, a diseñar una iniciativa que acabarían bautizando como GAIA-X y cuyos padrinos fueron Peter Altmaier y Bruno Le Maire, ministros de Economía y de Finanzas de esos países. El pistoletazo de salida fue celebrado en nombre de la soberanía digital de los europeos: “no somos China ni Estados Unidos, somos países europeos y tenemos nuestros propios valores y nuestros intereses comunes que defender”, proclamó Le Maire con la aprobación de Altmaier a su lado.

La Comisión Europea ha hecho gala de su respaldo formal al proyecto, pero cabe preguntarse por qué fueron los ministros de dos países miembros, y no un comisario europeo, quienes comparecieron para anunciarlo. Una respuesta plausible seria que sólo Alemania y Francia cuentan con empresas con envergadura como para aspirar a competir con los gigantes estadounidenses de la nube.

El documento iniciático del proyecto GAIA-X señala que “la infraestructura digital europea está de facto en manos de un pequeño número de corporaciones no europeas. Europa es notoriamente débil en el desarrollo de sistemas operativos, no tienen motores de búsqueda relevantes ni tampoco redes sociales de alcance global; [todo lo cual] conlleva la carencia de infraestructuras cloud competitivas”.

La consultora Synergy Research estima que Amazon Web Services, Microsoft y Google ingresan en sus arcas el 66% de lo que Europa gasta en cloud computing. El 34% restante se reparte entre competidores europeos y asiáticos, además de proveedores estadounidenses menores. Lo más revelador es descubrir que el prestatario europeo con mayor cuota de mercado es Deutsche Telekom, un exiguo 2%, seguido de cerca por OVHcloud y Orange, ambas francesas, con poco más del 1% cada una.

En la década anterior, cuando empezó a jugarse la partida del cloud computing, los apostadores europeos faltaron a la cita. Como resultado, este negocio está controlado por tres gigantes estadounidenses: Amazon Web Services, Microsoft (Azure) y Google Cloud. La gran mayoría de las empresas y organismos públicos europeos confían en ellos por ausencia de alternativas europeas igualmente sólidas.

Hablar de porcentajes es patético. John Dinsdale, fundador y analista de Synergy, desvela apenas unas pinceladas sobre los valores absolutos. El mercado europeo de cloud computing – dice – generó una facturación de 5.700 millones de euros en el tercer trimestre de 2020, tres veces más que los ingresos del primer cuarto de 2017. Más dinero pero menos cuota.

Este gráfico expone la pérdida de mercado que han sufrido los proveedores europeos. Extrapolando, se puede  concluir que en el primer trimestre de 2017 facturaron 424 millones de euros y que tres años y medio más tarde crecerían hasta 912 millones. Del 26% al 16% de cuota, un síntoma de debilidad, como indica la curva azul.

Los proveedores europeos – apunta Dinsdale –  “intentan ganar tracción en el mercado orientando su oferta hacia determinados segmentos y casos de uso, poniendo énfasis obvio en aquellos en los que legalmente se exige una estricta soberanía y la residencia comunitaria de los datos”.

Naturalmente, esta debilidad carga de razones la aparición de GAIA-X. Se ha constituido como fundación sin fines de lucro acogida a la jurisdicción belga. Su misión es promover una infraestructura de datos federadas. Y, para ello, empieza por definir los requisitos técnicos que deberán cumplir los proveedores para interoperar respetando la regulación europea en la materia.

Inicialmente, veintidós compañías (once de cada país) financian el arranque del proyecto. Entre ellas destacan cuatro proveedores de servicios cloud: Deutsche Telekom, Orange, OVHcloud y Atos. También forman parte conglomerados industriales de la talla de Bosch y Siemens o EDF y Dassault Systèmes, otro rasgo de paridad francoalemana. No se conocen planes para incorporar compañías de otros países, lo que limita las posibilidades de institucionalizar la iniciativa.

Los promotores se han ocupado de dejar muy claro que de ningún modo pretenden crear un consorcio empresarial. Ni binacional ni europeo – sus adversarios transatlánticos lo tomarían a chufla – sino de crear las bases de un ecosistema abierto que permita desarrollar intercambios de datos y servicios. “Las compañías miembros deberían merecer la oportunidad de desarrollar e integrar componentes de GAIA-X y tener acceso a toda la información necesaria, incluyendo los mecanismos de autenticación”. Los productos resultantes serán propiedad de cada compañía y no será obligatorio que apliquen el régimen de licencias open source.  El concepto arquitectónico de sus principales elementos se presenta en el gráfico siguiente:

Como el objetivo es – nada más, pero nada menos – que impulsar una infraestructura de datos abierta y que respete estrictamente la regulación europea, el documento fundacional estipula que los propietarios de los datos decidirán por sí mismos cuáles compartir con los usuarios y cómo organizar los derechos de acceso y las condiciones de su procesamiento. Con ello se evitan polémicas prematuras. En particular, deberán posibilitar la selección y control de la localización y confidencialidad de los datos. Asimismo, “será muy importante que los servicios [que surjan de GAIA-X] incorporen mecanismos de defensa que protejan de ciberamenazas internas y externas”.

Probablemente es tarde para recuperar la cuota de mercado perdida a manos de los gigantes estadounidenses, pero no es este el propósito explícito sino otro: implantar unas normas europeas para el almacenamiento de los datos que migran a la nube y con ellas inspirar unas directrices para la contratación de proveedores – europeos o no – amén de funcionar como polo de intercambio de datos entre empresas. Al final, se supone, el modelo europeo acabará por avanzar en otros mercados.

Loa inspiradores de la iniciativa quieren evitar que sea criticada desde Estados Unidos – donde el RGPD sigue despertando reticencias – como  proteccionista. Para curarse en salud, no han cerrado la puerta a la entrada de empresas no comunitarias siempre que acepten las reglas de juego en sus cuatro pilares: apertura, interoperabilidad, transparencia y confianza.

De momento, la única compañía no europea – pero con arraigo en Europa – aceptada como miembro de la fundación GAIA-X ha sido Hewlett Packard Enterprise. “Creemos firmemente en este proyecto porque, pese a sus orígenes europeos, tiene una interesante relevancia global. Aporta respuestas a una cuestión crucial de la era digital: cómo podemos crear efectos de red en un mundo abierto y descentralizado”, ha declarado Johannes Koch, director general de HPE en Alemania, a la prensa de su país.

Rápidamente ha asomado una aparente contradicción. OVHcloud, empresa francesa en auge desde que en 2017 adquirió la infraestructura de VMware, ha firmado hace poco un acuerdo con Google Cloud para desarrollar una oferta  conjunta de nube privada – en principio reservada a sus clientes franceses pero susceptible de ampliación a otros países donde opera, entre ellos España – mediante la integración de Anthos en su infraestructura. Obviamente, es una operación de mutuo beneficio, porque sirve a Google para ganar peso frente a sus dos mayores.


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