12/07/2013

Chromebook encuentra su razón de ser

Chromebook nació sin otro rumbo claro que no fuera hacer daño a Microsoft. Dos años después, el derrotero de Windows se ha encargado de despejar su camino. Porque, tras un arranque fuerte, Windows 8 perdió fuelle y ha requerido una rectificación urgente. Si a Chrome OS se le reprochaba al comienzo su dependencia de la nube – es decir, su atadura a los servicios de Google – Windows 8 ha sido criticado por trastornar el modelo de interfaz con el que los usuarios estaban familiarizados. Pero no ha sido este el principal factor gracias al cual la triada navegador/sistema operativo/portátil planteada por Google está ganando un reconocimiento, que quiere convertir en cuota de mercado.

El factor principal ha sido otro. Varios fabricantes se han tomado a pecho el giro de Microsoft hacia la promoción de su propio hardware – estrategia que se concretó en la tableta Surface – quebrantando el modelo OEM que ha regido sus relaciones durante décadas. Ante esa evidencia, decidieron que jugar a dos cartas no perjudicará su negocio sino al contrario, puede ampliarlo. Y ese es el papel de Chromebook, en un contexto de descenso de las ventas de PC, que han caído globalmente un 11% en la primera mitad del año, según IDC.

Por su lado, Chromebook ha progresado mucho en todos los sentidos desde su anuncio en 2011, sobre todo en la conquista de socios para su producción y distribución. Las cifras de ventas han pasado sin llamar la atención, pero el modelo lanzado por Samsung ha estado en la lista de portátiles más vendidos por Amazon (sólo en Estados Unidos) desde comienzos de año. Y el presentado por Acer llegó a vender más de 150.000 unidades en un mes.

El volumen de demanda puede mejorar mucho, gracias a que Google ha ampliado su canal de distribución en tiendas físicas. En Estados Unidos, los Chromebook conviven con Windows en BestBuy, Walmart y Staples; en Reino Unido, en la cadena Tesco, mientras que en Holanda, Francia, Suecia y Alemania ha alcanzado acuerdos con distribuidores locales (oficiosamente, hay negociaciones similares en España). El apoyo de los fabricantes ha dejado de ser tímido: a los casos de Samsung y Acer, se han sumado Lenovo, con un Chromebook orientado a la educación, y Asus. Llamativo es el caso de HP, por tratarse de un socio preferente de Microsoft que ha intimado con Google; el pasado febrero, anunció un portátil con Chrome OS [que no se ha visto en España] junto con una tableta Android. Y tiene más productos en camino, según una entrevista que este blog publicará el lunes 15.

En uno de sus informes, Gartner identifica Chromebook con la ola de ultrabooks, para los que emite un pronóstico mejor que para el conjunto de los portátiles. La aparición en el mercado de los procesadores Haswell facilitaría esa evolución, gracias al rendimiento de las baterías. Porque también Intel se ha arrimado a Google.

Con este conjunto de circunstancias, se puede augurar a los Chromebook un futuro que en 2011 no parecía en absoluto asegurado. Que Google está dispuesta a jugar a fondo esta carta, lo demuestra el hecho de que ha instalado en Taiwan un centro de I+D especializado, con un equipo de 40 ingenieros, que trabaja en contacto con los fabricantes y contratistas de ese país.

El objetivo del centro es desarrollar una «experiencia de usuario superior», cuyo primer exponente ha sido el Chromebook Pixel. ¿Es un paso para replicar la estrategia que sigue con sus tabletas y smartphones Nexus? No se ha dicho oficialmente, pero tiene muchos visos de ser así. La diferencia entre el Pixel y los otros Chromebooks de terceras marcas consiste en que el primero es táctil, mientras los otros no, por ahora.

El precio es asunto clave. En Estados Unidos, Chromebook representa una cuarta parte del mercado de ordenadores de menos de 300 dólares, lo que significa que ha ocupado el lugar que durante unos años fue de los netbooks. Pero esto no puede ser suficiente para la ambición de Google. No se sabe cuál será la orientación de los fabricantes, pero es un hecho que en este momento no hay en el mercado un Chromebook en la horquilla de 550 a 1.250 dólares (escalón que ocupa el modelo Pixel). Hay una ancha franja por cubrir, y se puede repartir sin preocuparse por los solapamientos que hay en la oferta de PC.

Pese a todo, Chrome OS sigue teniendo límites que lo hacen apto sólo para una capa de usuarios acostumbrada a navegar permanentemente y a usar servicios web para casi todo, un perfil cada vez más abundante pero no tan extendido como el que cubre Windows. Otra carencia son los programas, ni de lejos comparables a los que arropan el sistema operativo de Microsoft.

Para superar esta desventaja, Google trata de animar a los desarrolladores a producir aplicaciones para Chromebook, como pudo apreciarse en el evento Google I/O, para distribuirlas a través de su Chrome Web Store. Después de todo, su negocio está en Internet, y el software que sea válido para su navegador engordará el tráfico del que se alimenta este gigante. Dos pájaros de un tiro.


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