La última edición del informe Top500 sobre el parque de superordenadores (HPC), publicada en junio, da cuenta de los movimientos en la tabla y permite analizar la potencia de cálculo instalada (globalmente y por países). China ha colocado en el primer puesto a la más potente de sus máquinas . El informe se puede considerar como un barómetro rico en detalles sobre esta rama tecnológica. Y permite atisbar las estrategias de las principales marcas, particularizando esta vez en HPE, que ha suministrado una cuarta parte del total y seis de los diez primeros. Una conversación con Adriano Galano, responsable de AI & HPC en la filial española, arroja luz sobre la evolución del mercado en Europa.

Adriano Galano
En el Top500 de junio, HPE aparece con 124 superordenadores, 6 de ellos entre los 10 primeros. Mi interés inicial es otro: el parentesco (no sé si es la palabra idónea) entre la computación de alto rendimiento (HTC) y la inteligencia artificial (IA). Su cargo en la compañía suma las dos competencias, por algo será.
Es una tendencia reconocible desde hace tiempo, que se hace más visible por distintas razones. Los laboratorios nacionales de Estados Unidos y los de países punteros como Japón y Corea, entre otros, evolucionan en esa dirección y tras esa huella vamos todos. Los investigadores como usuarios primarios de la supercomputación, pero también ciertas industrias clave, están impulsando la convergencia entre dos mundos que tienen afinidades pero también diferencias.
Yo he dicho parentesco y usted convergencia. Coincidimos en que no se trata de sustituir una tecnología por otra […]
Por supuesto. De ninguna manera estamos ante una tendencia a reemplazar el papel de la la supercomputación tal como la hemos entendido durante décadas para la simulación y modelización de procesos físicos. Lo que estamos viendo es el ascenso de otra ola, que por momentos tiene la intensidad de un tsunami, es la ola de la IA. En consecuencia, las infraestructuras se van equipando con sistemas acelerados, con nuevos tipos de chips especializados en distintas cargas de trabajo, bien sea para entrenamiento o para inferencia. Quiero insistir en esto, se trata de una demanda movida por cargas de trabajo que, en compañías como HPE, podemos atender gracias a nuestra herencia tecnológica. Siempre recomiendo fijarse en el perfil de quienes adquieren esas máquinas, porque en HPE distinguimos tres tipologías de las llamadas AI factories.
Le escucho
Una primera tipología está orientada a implementar casos de uso en las empresas tradicionales, que tras 30 años usando una informática que podemos considerar clásica, están apresurándose a introducir la IA en campos como gestión documental, tratamiento de voz, reconocimiento de imágenes, etcétera. A esta tendencia, muy notoria, respondemos con nuestra solución de Private Cloud AI, que combina los beneficios de una nube híbrida con los de la IA.
Hasta ahí, sin apartarse de lo conocido. ¿Qué me dice de las otras tipologías?
Imaginemos una gran organización financiera, industrial o de defensa. Nos dice que quiere un datacenter con 10.000 GPU como infraestructura de base. Bueno, para hablar de 10.000 tarjetas de IA tienes que ser capaz de lanzar el trabajo para el que están destinadas, que puede ser el entrenamiento de un modelo afín a las necesidades de tu organización. A esto, nosotros lo llamamos HPE AI factory at-scale. Y luego hay una tercera, una especialización de la anterior, que etiquetamos como soberana […] y que necesita parámetros de seguridad, de separación, de protección del dato… normalmente porque sus casos de uso están relacionados con la seguridad nacional.
Vale, pero ¿cómo incorporan unos centros de supercomputación como el BSC u otros europeos esas tipologías que les llegan desde el campo de la IA?
La ola de la IA es tan fuerte que Europa ha comprendido que, para ser competitiva, necesita invertir en infraestructuras con miles de aceleradoras, de donde sale otro concepto, las gigafactorías. Hay un plan de inversión muy importante, cercano a 200.000 millones de euros en los próximos cinco años, en el que se va a introducir el mecanismo de financiación pública-privada, con Euro HPC como instrumento. No me extenderé porque lo he leído en su blog [risas]
¿Qué cambia, aparte del modelo de financiación? En los casos de uso, quiero decir.
Cuando quien va a usar esas máquinas es una compañía proveedora de servicios o una de telecomunicaciones, obviamente no busca lo mismo que un centro de supercomputación: persigue un retorno de la inversión sobre sus activos, cuántos tokens por segundo va a ser capaz de generar […] por lo que la economía de una gigafactoría es naturalmente diferente de la que conocemos en los centros de supercomputación. Por lo demás, la convergencia actúa sobre unos criterios más próximos a los usuales en la IA que a HPC.
Podemos volver el asunto luego, pero querría conocer la marcha de la demanda del mercado de supercomputación. Otro día habrá que preguntarse por la aportación real de la IA […]
La demanda de supercomputación sigue una línea constante en torno a 12.000 millones de dólares anuales, aunque el reparto por geografía es variable y quizá lo más interesante, pero hay que rastrearlo en las tripas del informe, en sus tablas secundarias […] Se observa que ganan terreno nuevos casos de uso, aparte de los que han sido dominantes durante décadas. Y aquí es donde aparece la IA asociada a las máquinas de HPC
A eso iba mi pregunta inicial
Antes, déjeme recordar que nuestro papel en el mercado obedece a que HPE tiene una historia muy rica en supercomputación . Ahora, vayamos por partes: la joven IA generativa, de la que habla todo el mundo, no ha nacido para sustituir a la de HPC, que tiene décadas sobre sus espaldas. Ahí tiene un equívoco por deshacer, ya que los patrones de una y otra son necesariamente diferentes. Una fórmula matemática muy compleja, desde el punto de vista de la computación, genera muchísimos datos, es el principio básico de la HPC. En la IA es al revés: tenemos muchos datos con los que hemos de encontrar un patrón […] Lo que significa que las cargas de IA y de HPC pueden compartir una infraestructura común, pero el tipo de trabajo que hacen es diferente. ¿Le pongo un ejemplo?
[…] se lo iba a pedir
Si tengo que diseñar un avión o un automóvil, una de las áreas fundamentales es la dinámica de fluidos, disciplina que me permitirá entender cómo se comporta el avión ante las turbulencias o cuál es el coeficiente aerodinámico del coche. Esto típicamente, se ha hecho con un software de computation aerodynamics, que hace simulaciones y nos dice – resumo – cómo el coche va a cortar el viento según se vaya desplazando. La nueva tendencia en manufacturing es hacer ese cálculo y luego, con un modelo de IA, generar datos sintéticos que ayuden a completar la simulación. Es lo que llaman un modelo subrogado, que permite extrapolar el patrón. Mi respuesta es que son complementarias, sin lugar a duda.
No dejaré para más tarde preguntarle por el papel de Europa en el último Top500. Sólo en la UE tenemos 130 superordenadores que suben a 141 si contamos Reino Unido. No sé si es poco o es mucho, pero algunas de las últimas incorporaciones a la tabla tienen que ver con lo que comentaba […]
Europa tiene grandes activos, usted lo ha dicho; cuatro de los diez primeros y nueve de los veinte primeros están en suelo europeo. Esto introduce una cuestión relevante, la soberanía. Me extenderé un poco sobre el superordenador Daedalus, instalado en Grecia por EuroHPC y el GRNET, un equivalente al BSC. Ocupa el puesto 31 en Top500, pero sobre esa máquina que ha suministrado HPE va a funcionar la AI factory griega, cuyo nombre será Pharos AI. Ahora mismo estamos en la fase de instalación completa del sistema. La inversión, si no me falla la memoria, ha sido de 41 millones de euros.
¿Hay algún otro proyecto significativo de HPE en Europa? Lo pregunto porque estamos habituados a hablar de los grandes superordenadores en Estados Unidos y muy poco de lo que se hace en la UE […]
Muy oportuna su pregunta. En el informe de junio aparece otra gran máquina de HPE, el HPC-7 de la empresa energética italiana Eni. Su potencia es de 525 petaflops y lo más significativo es que, si la sumamos a la HPC-6, también de Eni, es el mayor cliente industrial del mundo con más de 1 exaflop instalado. Además, la lista registra otra máquina de HPE en Suecia, llamada Argenius, que es gemela del Daedalus.
No dudo del compromiso de HPE con Europa, pero ¿por qué la compañía no participó del concurso para la ampliación del Mare Nostrum, del Barcelona Supercomputing Center?
En la última convocatoria no nos presentamos porque coincidía con otras dentro de la UE, algunas de las cuales ganamos, así que fue preciso priorizar. Tenemos una estrecha colaboración con el BSC y con su equipo: estamos continuamente dialogando sobre escenarios a corto, medio y largo plazo, haya o no una licitación en perspectiva.
Toca preguntar por la computación cuántica, últimamente convertida en un fetiche mediático, como supuesta sucesora de la IA. Participan unos grandes actores, pero abundan los pequeños. ¿Cuál es la estrategia de HPE?
Al menos a corto plazo, HPE no va a fabricar una máquina cuántica ni tampoco procesadores de qubits. La idea actual se resume en ser una compañía quantum ready. No tenemos una estrategia alternativa a las que ya existen, pero lo cierto es que hemos impulsado la formación de un consorcio, Quantum Scaling Alliance, con otras siete organizaciones y cuyo liderazgo descanse en nuestro HP Labs. Una empresa europea de cuántica con la que colaboramos es la finlandesa IQM. Y el pasado julio, la compañía firmó un acuerdo con Rigetti para desarrollar un superordenador híbrido cuántico-clásico para la universidad de Pittsburgh y que debería entregarse el año próximo.
¿Cuál es la lógica de esas colaboraciones?
Trabajar con los aliados en la integración de las diversas técnicas para que las tres tecnologías – HPC, IA y quantum – convivan en beneficio mutuo. Creemos que hay tareas que son propias de la cuántica que pueden descargarse hacia un sistema de supercomputación o de IA: ¿cómo hacemos que la experiencia de uso sea lo más transparente u holística posible para un investigador? O sea que no trabajamos con un enfoque único, entre otras cosas porque la cuántica está en una fase en la que hay diversidad de opciones: iones atrapados, annealing y otras técnicas sobre las que seguir trabajando. Esto implica que el mercado tardará en consolidarse […]
Por último, es notorio que HPE tiene excelentes relaciones con Nvidia , pero no sé si hay contradicción en el interés de esta por penetrar en el negocio de la supercomputación. También podría haberla en las visiones respectivas sobre networking , tras la integración de Juniper en HPE […]
No lo veo así. En HPE tenemos desde hace años superordenadores desarrollados junto con Nvidia, como el Perlmutter en el NERSC de California, una máquina de 2021 que todavía ocupa el puesto 34 en el Top500. En Europa, tenemos sistemas con Nvidia, porque el uso de GPU no está en absoluto reñido con la supercomputación. Lo que pasa, y puede que esto destile su pregunta, es que la explosión de la IA ha desplazado la prioridad presupuestaria hacia las GPU en detrimento de las CPU. En mi opinión, lo determinante no es eso sino las cargas de trabajo. De paso, le recuerdo que tenemos una alianza en torno a un portfolio que se llama Nvidia AI Computing by HPE, cuyo fundamento es nuestra tecnología de refrigeración líquida, en la que la compañía posee más de 300 patentes.