7/07/2015

7Jul

Lucy Kellaway escribe con un inconfundible estilo delicioso, pero ácido: es difícil que los aludidos por ella se sientan cómodos al leer su nombre en letras de molde. La columna de ayer empezaba con agudeza: «después de tanto postureo, Satya Nadella ha dejado caer dos palabras con significado preciso: duras opciones».

Se refería Kellaway al memorando que el CEO de Microsoft envió por mail hace días a los empleados de la compañía, en cuyas 1.500 palabras ha detectado sobreabundancia de palabras rutinarias como ´plataforma`, ´ecosistema` y ´ADN`, organizadas en combinaciones y permutaciones varias. Eso sí, al servicio de una pomposa misión corporativa: «empoderar (sic) a toda persona y organización del planeta para que alcance mejor sus logros». Es un lenguaje que poco tiene que envidiar al mesianismo de Google. Allí donde Bill Gates iba al grano – han pasado años – y prometía poner un ordenador en cada escritorio y en cada hogar, «el problema de la nueva misión de Microsoft no es tanto su grandiosa pretensión sino su vaciedad».

¿Cuáles son esas «duras opciones» que Nadella asocia con la nueva misión corporativa de Microsoft? Se sospecha que el 21 de julio, a rebufo de los resultados del año fiscal 2015 – probablemente los mejores en mucho tiempo – anunciará una nueva oleada de despidos. La columnista, fiel a su estilo, imagina que lo hará con una grima de ´esto-me-duele-a-mí-tanto-como-a-vosotros`.

En julio del año pasado, a poco de llegar, Nadella anunció 18.000 bajas en la plantilla, que todo el mundo entendió como un ajuste de la herencia recibida, básicamente tras la discutible adquisición de Nokia. La próxima ola ya ha empezado sutilmente: informa el Seattle Times que en vísperas de cerrar el ejercicio, centenares de empleados del campus de Redmond recibieron el finiquito. Otros recortes son consecuencia de la venta de la división de publicidad (con sus 1.200 empleados) a AOL – ahora propiedad de Verizon – y de la transferencia a Uber de una parte del personal de cartografía adscrito a Bing. Habrá unos miles más, producto de la fusión de las unidades Windows y Devices.

El Seattle Times cita al directivo Jim DuBois: «tenemos que eliminar solapamientos, optimizar funciones, alinear disciplinas y adaptarnos a las cualidades que Microsoft necesita para transformarse». No deja de ser otro estereotipo, pero los analistas han interpretado que los recortes serán bien acogidos por Wall Street. No serán fruto de una caída de la demanda sino del exceso de personal en áreas que han perdido valor estratégico.

Los gráficos de YCharts confirman que el ingreso per capita de Microsoft tiende a bajar después de haber subido, de manera que unos cuantos miles de despidos en una plantilla de 118.000 corregirían una métrica que los ortodoxos toman como sinónimo de productividad. Estudiosos de la cuestión [véase Intra-industry contagion effects of layoff announcements] tienen explicado que «el impacto negativo de los despidos sobre el retorno por acción suele coincidir con el reconocimiento de circunstancias adversas en el mercado […] aunque normalmente se procura relacionarlos con la perspectiva de rentabilidad futura».

No es el caso de Microsoft, que no sufre esos problemas. La explicación que probablemente esgrimirá Nadella será la transformación en curso de la compañía, que consiste en alejarse de actividades intensivas en personal para concentrar sus energías en líneas de negocio con una productividad (teórica) más alta. Por duras que sean – y si él lo dice, serán duras – las opciones, tendrán efecto positivo sobre la cotización porque, a medio plazo, mejorarán el margen operativo. Otra cosa es el sazonado lingüistico, y en esto cada cual tiene su estilo.


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