23/01/2015

23Ene

Habrá pocas ilustraciones más claras de las dificultades de pasar de un modelo de negocio exitoso a otro, sin duda necesario y prometedor pero, inevitablemente, un tránsito doloroso. Los resultados de SAP al cierre de 2014, publicados esta semana, son elocuentes: los ingresos crecieron un 4% (17.600 millones de euros) comparados con 2013, pero el beneficio operativo cayó un 3% (4.300 millones). La ascendente actividad basada en cloud se incrementó un 45% (1.100 millones), pero la parte del león sigue representada por el modelo de negocio tradicional de software y servicios on-premise (14.900 millones). Es el resultado de una estrategia.

Sus resultados serán buenos o malos según lo que se espere: la compañía alemana se ha visto forzada a alertar por segunda vez – ya lo había hecho en octubre – del deterioro de su beneficio, a la vista de algo que, en principio, debería ser positivo: la aceleración de la demanda de clientes que prefieren montarse en la nube en lugar de contratar licencias convencionales, lo que desequilibra el modelo de negocio. Naturalmente, mientras esto ocurra dentro de su base de clientes, a menos que consiga un mordisco de la de sus rivales.

¿Cuánto tiempo durará este fenómeno? Según Luka Mucic, CFO de la compañía, «esperamos que las suscripciones a la nube excedan en 2018 los ingresos por licencias de software». Mientras llega ese momento, Mucic ha recortado el objetivo de beneficio operativo para 2017: de 7.700 millones a 6.300 millones. Más lejos todavía, en 2020, la meta es que los ingresos oscilen entre 26.000 y 28.000 millones de euros, con un rango de 8.000 a 9.000 millones de beneficio. Para el final de la década, la contribución del cloud se habrá multiplicado por siete con respecto a 2014.

El CEO de la compañía, Bill McDermott, hizo cuanto pudo para que la conferencia con analistas girara en torno a la plataforma HANA: que si el número de usuarios ha pasado de 450 a 1.400 en un año, que si es el producto de más éxito en la historia de SAP, que si la estrategia en torno a HANA, iniciada en 2010, ha sido su mayor acierto [compartido con Jim Snabe, por entonces co-CEO], que el 3/2 conoceremos un anuncio sobre HANA […] Pero los analistas, que razonan con vocabulario bursátil, volvían una y otra vez a preguntar sobre los efectos de la transición a la nube sobre el margen de beneficio.

McDermott se mostró como un tipo intenso y directo: «ninguna compañía del mundo cloud puede guiarse por el margen; lo relevante es el progreso constante de los ingresos operativos, para que el negocio crezca a largo plazo». Uno de los analistas – creo que Walter Pritchard, de Citi – llevaba calculado que el margen de SAP ha tocado fondo en 2014 – efectivamente, cayó del 26,6% al 24,7% – por lo que daba por abandonado el antiguo objetivo del 35% en 2015, y así ha sido: Mucic lo fía más largo, hasta 2017. A lo que McDermott tenía esta respuesta: «en el negocio cloud, nuestra cuota de mercado crece, pero no sería prudente centrarnos en perseguir el margen: yo podría prometer el margen que usted quisiera, si renunciara a crecer en el cloud«.

Esta cuestión del margen no es un juego aritmético. SAP se encuentra en medio de su transición de modelo de negocio, y ese tránsito tiene consecuencias que se manifiestan en un deterioro del margen. Es lo que les ocurre a todas las compañías de software, cada una según sus circunstancias. A Oracle, sin ir más lejos, y tampoco las «nativas» del cloud, como Salesforce o Workday pueden sacar pecho en esto.

La cuestión a tener presente es esta: un crecimiento desproporcionado del negocio cloud ejerce necesariamente una presión [ojalá que de corto plazo] sobre los márgenes: los costes de venta y entrega del servicio suben de golpe, mientras los ingresos y los beneficios se generan gradualmente. Esto se ha traducido, en el caso de SAP, en que ha tenido que modificar sus cálculos previos – ese 45% de crecimiento de cloud ha recortado el margen operativo en 2014 – y jugar todas sus cartas a una partida de larga duración, confiando en el impacto de las economías de escala. Mientras tanto, el negocio recurrente de licencias se achica, y cada empresa – y sus accionistas – sabrá si prefiere que se achique más o menos rápido.


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