13/10/2014

13Oct

Vivo en un país donde, cuando un cargo público mete la pata ante un micrófono, pretende luego matizar o esconderse tras el pretexto de que sus palabras han sido sacadas de contexto por la prensa. Vivo en un país donde una dirigente empresarial ha afirmado que las mujeres que aspiren a desarrollar una carrera profesional no deberían tener hijos, a menos que a su marido le gusten mucho los niños. Pensaba en esto ayer, al leer la reacción que han merecido – en otro país – las palabras de Satya Nadella, CEO de Microsoft, invitado a participar en una conferencia de mujeres empleadas en la industria de las TI en Estados Unidos.

La audiencia se ha calculado en 10.000 personas, y el diálogo tenía formato de conversación de buen rollo entre Nadella y Maria Klawe – científica y miembro del consejo de Microsoft – hasta que, a la pregunta ¿qué aconsejaría usted a las mujeres que aspiran a desean avanzar en su carrera profesional pero no se sienten cómodas abogando ellas mismas por su promoción?», Nadella dijo una frase que desató el escándalo: «no se trata realmente de pedir una promoción sino de tener fe en que el sistema funciona y le dará aquello a lo que tiene derecho […] Creo que esto es un buen karma […] A largo plazo, la eficiencia iguala, y un enfoque de largo plazo ayuda a resolver la cuestión de si las mujeres están bien pagadas y bien recompensadas».

Los resortes saltaron inmediatamente, y Nadella no tardó nada en comprender que debía rectificar. En lugar de ponerse a la altura de aquel que dijo «de todos modos, yo tengo la vida resuelta», en vez de activar los recursos de su agencia de relaciones públicas, el CEO de Microsoft tuvo lo que hay que tener: escribió un mail a los 120.000 empleados de la compañía – 29% de mujeres – admitiendo que su frase fue «completamente errónea».

Si uno ve el vídeo, puede llegar a creer que a Nadella se le fue la olla. Durante la conversación, rindió un homenaje a las mujeres que guiaron su carrera profesional, y no olvidó decir que su esposa ha sido un factor determinante de la ´armonía` de su vida y la de sus hijos. Este era el contexto, puede decirse, pero lo importante es el texto y el subtexto de una frase fatal. Lo único bueno del episodio es que la frase no ha sido considerada errónea sólo por la audiencia de 10.000 féminas presentes. Si de algo han servido, el error y su retractación han dado un impulso nuevo al debate sobre la diversidad de las plantillas.

En mi opinión, suele tratarse la cuestión con un enfoque tramposo, cuando se toma como métrica el número de mujeres que ocupan cargos de CEO en la industria de las TI, una visión elitista y tan toscamente mediática como los premios a las mejores empresas para trabajar, que acaban decorando salas de espera.

En los años 70, el movimiento feminista urgía a la acción colectiva, a intervenir en política, ese era su karma. Recientemente, Sheryl Sandberg, COO de Facebook y cuyo intelecto está fuera de discusión, ha escrito un libro, Lean in: Women, Work and the Will to Lead, en el que (escribo de oídas) es que, con independencia de las variadas formas de discriminación existentes, las cosas no cambiarán si las mujeres no hablan por sí mismas. La abstracción del planteamiento, según me dicen, lleva a Sandberg por el camino de enfatizar la responsabilidad personal, omitiendo señalar la necesidad de que las empresas cambien sus prácticas.


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