12/07/2013

12Jul

One Microsoft, es el lema que según Steve Ballmer inspira la radical reorganización anunciada ayer. A diferencia de lo que pudo esperarse, no habrá una línea divisoria entre dispositivos por un lado y servicios por otro; es lógico, porque de hacerlo así hubiera agravado la fractura entre virreinatos a la que se ha culpado por la persistencia en errores estratégicos que se manifestaban demasiado tarde y se enmendaban a regañadientes (la rectificación sobre Xbox One es el último ejemplo).

Desaparecen las cinco unidades de negocio – Windows, Server & Tools, Business Division, Entertainment & Devices, y Online Services – cada una con un presidente, para dar paso a cuatro «grupos de ingeniería» temáticos a cargo de sendos vicepresidentes ejecutivos, de las que se segregan las funciones centralizadas como marketing y finanzas, hasta ahora gestionadas por cada unidad. Aunque no se admita públicamente, con este criterio Ballmer quiere impedir que ninguno de sus lugartenientes pueda arrogarse un éxito exclusivo, que pudiera interpretarse como ventaja en una eventual – lejana, por lo que se ve – carrera sucesoria. Ninguno de los directivos promovidos o recolocados tiene a priori esa cualidad.

Hay algunas novedades significativas. Una de ellas es la consolidación, a las órdenes de Terry Myerson – hasta ahora a cargo de la ingeniería de Windows Phone – de las tres vertientes de Windows, entre ellas la que rige la familia Xbox. Si hay una estrella ascendente, es Julie Larsson-Green, quien deja su breve responsabilidad por el desarrollo de Windows para asumir un papel aún más delicado, un nuevo grupo llamado Devices and Studio, a cargo del hardware de Xbox y la familia de tabletas Surface, además de accesorios y juegos. Satya Nadella, que hasta ahora dirigía Server & Tools, encabezará el Cloud and Enterprise Group, de nueva creación.

Algunos de estos movimientos se asemejan a los que se han producido en Apple y Google estos últimos meses, pero de ello no puede deducirse una emulación sino la confirmación de que Microsoft se alinea con las nuevas tendencias del mercado. Ya era hora, dirán sus críticos.

La reestructuración implica la salida de algunos directivos, pero no la del veterano Kevin Turner, que conserva la posición de COO aunque pierde la responsabilidad sobre el marketing. Puede que sea el premio por no haber dado pie a figurar en las quinielas de supuestos candidatos al puesto de Ballmer.

Entre otras preguntas, falta saber qué efecto tendrá la reorganización sobre el esquema de presentación de resultados, ya que sería ilógico mantener la clasificación basada en las cinco unidades de negocio que van a desaparecer. La respuesta, el jueves 18, cuando Ballmer presente las cuentas del año fiscal 2013, cerrado en junio.


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