11/07/2018

Xiaomi saca pecho en el peor momento

En su estreno bursátil del lunes, Xiaomi ha pinchado en hueso, pero sería prematuro sacar una conclusión. El cuarto fabricante mundial de smartphones ha tenido que soportar un cierre inferior al precio inicial fijado. Lei Jun,  su fundador, lo atribuye al  crítico momento que viven las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos. La explicación es formalmente correcta, pero disimula el verdadero problema: las objeciones de la comisión de valores china a que Xiaomi cotice simultáneamente en Shanghai. Por consiguiente, en lugar de los  10.000 millones de dólares que Jun barruntaba, recaudará 4.700 millones, cifra que implica valorar la compañía en 54.000 millones de dólares, lejos del objetivo.

Lei Jun

En todo caso, es el punto de partida de una expansión de Xiaomi, que mira de reojo a Huawei, su gran rival en China y al que quisiera desplazar en el mercado mundial, para lo que tendría que superar las barreras erigidas por la  administración Trump.

El plan de Xiaomi era, inicialmente, una salida a bolsa dual en Hong Kong y Shanghai. Desde que Alibaba desembarcó en 2014  en el índice de Nueva York, el gobierno chino ha buscado fórmulas para convencer a los gigantes tecnológicos de su país de que coticen localmente. Xiaomi iba a ser el primer caso de salida simultánea en China y un país extranjero [aunque el estatus de Hong Kong dista de merecer este adjetivo]. Era el caso perfecto: una marca líder en China, con proyección internacional. El plan se vino abajo cuando Xiaomi no pudo contestar adecuadamente las 84 condiciones planteadas por el regulador chino.

Esto no quita mérito al hecho de que Xiaomi es la primera gran compañía que sale a cotizar en la antigua colonia británica desde que se cambiaron las reglas para permitir que los fundadores dominen los derechos de voto con independencia de su participación en el capital. Esto era importante para Jun, que a sus 48 años tiene una ambición desmesurada. Este hijo de profesores sancionados durante la Revolución Cultural de Mao, se define como emprendedor en serie desde que en fundó una startup de comercio online que vendió a Amazon por 75 millones de dólares en 2004. En la actualidad, a través de diversos vehículos de inversión – uno de ellos Xiaomi – Jun participa en cientos de empresas.

Esa pasión capitalista es compatible con mantener una relación estrecha con el régimen: Jun es miembro de la Asamblea Nacional Popular,  órgano legislativo chino que se reúne anualmente y recientemente ha ratificado el reinado de Xi Jinping. Esta condición no le ha servido, sin embargo, para lograr que su empresa pasara el filtro para cotizar en Shanghai usando un mecanismo creado ad hoc para  Alibaba o Shanghai,  los CDR o certificados de depósito similares a los ADR vigentes en Estados Unidos. Las empresas beneficiarias pueden emitir estos títulos para que ciudadanos chinos adquieran acciones cotizadas fuera del país sin infringir la legislación local.

Alibaba, Tencent y Baidu, conocidas colectivamente con el acrónimo BAT, pero la cabeza de puente debía ser Xiaomi, que iba a emitir esta clase de títulos hasta que se manifestaron las reticencias gubernamentales. En los círculos especializados se ha llegado a comentar que a los reguladores les preocupaba que el precio de la acción se fijara a la altura de la ambición de Jun y sus cofundadores, con el riesgo de un batacazo. Pero Xiaomi prefirió dejar para más adelante la emisión de CDR antes que aceptar una salida a precio más bajo.

Finalmente han salido a la venta 2.180 millones de acciones a 17 dólares hongkoneses (la horquilla estaba entre 17 y 22). La valoración implícita no es un gran salto con respecto a los 45.000 millones en los que se valoró la compañía en su ronda de financiación de 2014. Aun así, ha atraído a nombres como Qualcomm, el  inversor internacional George Soros, la operadora China Mobile o firmas de inversión chinas.  Mención especial merece la entrada de los millonarios más prominentes del sector tecnológico chino: Li Ka-shing (ex presidente del conglomerado hongkonés CK Hutchison), Jack Ma (fundador de Alibaba) y Pony Ma (su homólogo de Tencent).

Con estos mimbres, Lei Jun y Xiaomi tendrán que afrontar la anhelada expansión internacional. Ya han amagado, desembarcando en España a finales de 2017 y en Francia e Italia el pasado mayo. Sin embargo, el 70% de las ventas de la compañía se hacen en China: en 2017, la cuota de mercado en su país pasó del 8,9% al 12,4%. Pero también ha tenido un  éxito contundente en India, donde ha derribado del primer puesto a Samsung. Esto ha facilitado que sus ingresos aumentaran un 67% el año pasado.

Europa es terreno de caza para Xiaomi, lo que llevará inevitablemente a chocar con Huawei. En realidad, a Xiaomi le queda mucho que hacer antes de seguir escalando. En el primer trimestre despachó 2,4 millones de smartphones en Europa, mientras Huawei alcanzaba los 7,4 millones de unidades, por no hablar de Apple (10,2 millones) y el líder, Samsung (15,2 millones).

Su ritmo de expansión impresiona: ha abierto tiendas en varias ciudades europeas, entre las que se incluyen París o Milán (en España está presente en Madrid y Barcelona) y ha atacado con acierto el segmento de precio medio y bajo. Aunque presume de compararse con la gama premium, la realidad es que la mayor parte de los móviles que vende están por debajo de 200 dólares, precio que aplana los márgenes.

Este planteamiento comercial no es atractivo para los inversores, pero tampoco gusta a los operadores, con los que – salvo demostración en contrario – tendría que contar para afianzar su cuota en Europa. Forjar buenas relaciones con ello es complicado, en todo caso más complicado que abrir tiendas propias o franquiciadas. Tal vez Xiaomi confía mucho en su capacidad de gestionar el canal online.

Evidentemente, la compañía no tiene intención de limitar su margen de beneficio al magro 5% que dice obtener actualmente. También puja por generar ingresos por la venta de servicios, publicidad y aplicaciones, así como la de otros productos de hardware.

La estrategia de Xiaomi pasa por conseguir una masa crítica de fieles (ahora tiene 190 millones de usuarios), a los que colocar el resto de su catálogo creciente. En el caso de los servicios, el margen supera el 60% y su porcentaje en los ingresos totales está creciendo. La pega es que suelen ser los usuarios de smartphones de gama alta quienes más gastan en servicios, justamente el público contrario al que compra Xiaomi.

El siguiente paso en su internacionalización debería ser Estados Unidos. Así lo ha referido Lei, que expresó su intención de estrenar ese mercado a finales de 2019 (antes había dicho que en 2018), pero el ambiente está caldeado. Lo más probable es que Xiaomi se enfrente a una persecución parecida a la que viven ahora mismo Huawei y ZTE. Con una diferencia: Xiaomi no se involucra en la infraestructura de las redes, por lo que es difícil acusarla de espionaja. Y desde luego – en esto Jun tiene razón – la tensión política y comercial entre Estados Unidos y China es un factor poco halagüeño para las intenciones del fabricante.

[informe de Pablo G. Bejerano]


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