11/04/2016

Santiago Tenorio

Director Global de Tecnología de Redes Móviles del Grupo Vodafone

Ha transcurrido un mes y medio desde el último Mobile World Congress, y mientras los nuevos móviles se buscan la vida en un mercado que parece perder fuelle, los operadores siguen a vueltas con una materia trascendental: cómo resolver la intersección entre una demanda que satura las redes y las inversiones necesarias para mantener la calidad del servicio. El asunto tiene muchas facetas, y algunas se abordan en esta entrevista que es ¡todavía! un coletazo de la última edición del MWC. El interlocutor es Santiago Tenorio – a quien todos llaman Yago – y es el responsable de tecnología de las redes móviles del grupo Vodafone: quince países en Europa y otros once en África, Asia y Oceanía.

Santiago Tenorio

Santiago Tenorio

La economía tradicional del sector, en la que cada operador adquiría los derechos sobre frecuencias y sobre ellas explotaba sus propios servicios, se ha trastornado, porque la capacidad de las redes que los soportan tiene que crecer continuamente. Sobre esta realidad se superpone la aparición de nuevos servicios, que responden al tráfico de datos, de vídeo y televisión bajo demanda y, todavía en fase de despegue, a Internet de las Cosas. Todo ello en un contexto contradictorio, que combina la consolidación de actores establecidos con la aparición de nuevos competidores. Estas tendencias son globales, pero era insoportable la tentación de empezar la conversación por lo más cercano, el mercado español.

La publicidad de Vodafone España presume de tener la mejor red 4G. ¿Cuáles son los atributos de calidad en un tiempo en el que las redes tienen que soportar mucho más que llamadas de voz?

Antes, hasta hace muy poco, era fácil definir la calidad según la capacidad de establecer una llamada y mantenerla, eso era casi todo lo que el usuario esperaba de un operador; muchas veces no se medía la claridad de la voz, que era bastante homogénea. Pero eso, como digo, era antes; el criterio de calidad se ha hecho complejo, y desde luego un componente nuevo y fundamental son los datos. El usuario quiere consumir datos, y los quiere de inmediato, sobre todo si se trata de un vídeo que, además, pretende bajar con más resolución: hace unos años, se daba por contento con 320 pixeles, ahora 480 le parecen pocos, empieza a ser habitual la full HD, y pronto se llegará a 4K.

¿El vídeo es la mayor exigencia actual para una red móvil?

Por ahora está centrada en el downlink [enlace descendente] y no tanto en el uplink [ascendente]. Poder ver un vídeo en alta definición sin buffering [efecto de amortiguación] es un vector de calidad, además de la latencia y la velocidad. Las aplicaciones más usadas actualmente dependen de estos factores: de nada sirve la velocidad si la latencia es insoportable. Afortunadamente, no todos los usuarios son tan asiduos como Piqué [risas], pero todo llegará. Lo que antes era predecible, hoy no lo es: bastaría que Facebook, YouTube, Periscope o Apple cambien sus protocolos, para que cada operador tenga que hacer un enorme esfuerzo de ingeniería para que no se resientan la calidad y la satisfacción de sus clientes. Al final, la mejor definición de calidad es la capacidad que tiene el cliente de hacer lo que quiere hacer, de la mejor manera posible. Esto es lo que se espera del operador.

Entiendo que una cierta predictibilidad es necesaria para planificar los despliegues, empezando por la compra de espectro […]

Depende de la tecnología y de la fase en que se encuentre. Es evidente que cuando un operador lanza servicio 4G, de entrada tiene pocos clientes que tiren de la capacidad instalada, luego habrá que acompasarla con el tráfico que tiende a dispararse. Tampoco se pueden hacer previsiones lineales sobre el espectro, que se subasta con dos años de antelación, en algún caso diez años, lo que significa que compras cuando las frecuencias están disponibles, no cuando las necesitas.

¿Cambiarán las cosas con 5G?

Una de las ventajas que traerá la 5G es elasticidad. En la aproximación a 5G todos trabajamos para que sea elástica; que se puedan orquestar usos distintos y dar a cada uso una capacidad y una escalabilidad según la necesidad del usuario. Una posibilidad es trocear la red de manera que, por poner un ejemplo simple, si tienes conexiones machine-to-machine sea posible multiplicarlas sin perjudicar a los usuarios de telefonía móvil. La elasticidad ya está en 4G en una medida limitada, y se espera que sea una de las aportaciones de 5G.

¿Y la cobertura? Está el eterno problema de la penetración en interiores, y, además, la densidad de estaciones base en los centros urbanos se va acercando a la saturación. Cada año, en el MWC, vemos small cells más compactas y menos intrusivas, pero sigue sin haber despliegues en las calles.

Los operadores llevamos años hablando de las small cells, y la tecnología sigue avanzando, claro, pero la realidad es que en Europa hay pocos despliegues. Aunque las bandas bajas como la de 800 MHz van a ayudar en la cobertura de datos en interiores, estamos muy lejos de la granularidad que se vaticinaba. Por un lado, ya es difícil aumentar la densidad de estaciones base, y por otro desplegar small cells es demasiado caro, por razones no tecnológicas.

¿Qué razones?

Siempre pongo el ejemplo de Londres, que conozco bien porque mi oficina principal está en Paddington. Cualquier propietario o comunidad pide 5.000 libras anuales por dejar que un operador instale una small cell, que es un cacharrito muy pequeño y tiene un alcance de 50 metros. Probablemente Londres sea un caso extremo, pero aunque el promedio fuera la mitad, en cualquier capital europea la factura sería millonaria; harían falta muchos miles de small cells para que la cobertura fuera aceptable. Instalar 100.000 en Europa, que es una cantidad razonable, costaría por lo menos 250 millones de euros anuales. La limitación no es el capex sino el opex, que hace insostenible el despliegue, y no hay business case que lo aguante. Pensando en esto hemos diseñado un nuevo modelo de despliegue que mostramos en Barcelona [Tenorio se refiere al montaje de células a bordo de coches, que mostraban en el stand de Vodafone con el nombre de crowd cell]

¿Por qué no en farolas o mobiliario urbano¿ ¿Por qué no WiFi?

Ya hay células en farolas y paradas de autobús, pero su inconveniente es que están fijas en la acera, y lo que se pretende es liberar la célula de su enlace. En cuanto a WiFi, es inalámbrico y en ciertos puntos críticos se usa para sacar tráfico de la red móvil, pero el problema de WiFi es que no es portátil, y lo que buscamos es que las células se puedan mover. De ahí que hayamos ideado este proyecto para montarlas en flotas de taxis; además de dar servicio al pasajero servirían como multiplicadores en movimiento.

Si se le pregunta a un consumidor, diría que prefiere WiFi…

Puede ser, además diría que sea gratuito y seguro… y que no se corte. En realidad, WiFi sería más usable si no tuviera necesidad de autenticación […] En la práctica, los estudios indican que la mayoría de la gente usa sólo dos puntos WiFi al día: el de su casa y el del trabajo; para el resto, necesita autentificación, que es una lata. La verdad es que hay muy pocas situaciones en las que WiFi preste mejor servicio que 4G. A partir de estas premisas, habría que buscar posibles modelos comerciales.

¿Qué va a cambiar con Internet de las Cosas?

Todo. El mundo entero. Estamos acostumbrados a hablar de millones de clientes y de unos usos que conocemos, pero con IoT habrá usos en los que la latencia será crítica y otros en los que lo crítico será la velocidad, o ninguna de las dos […], puede haber telecontrol industrial que sea crítico pero sólo necesite 3 bits; en otras situaciones, como la lectura de un contador, da igual que se haga ahora o esta noche. Todo cambiará con IoT: nuestra forma de usar la tecnología, la forma de hacer ingeniería, la arquitectura de las redes, los modelos comerciales… y también nuestra capacidad de controlar las cosas.

Se habla de 5G desde hace años ¿Hay mucho trabajo pendiente para que sea operativa?

Hay consenso en que las redes 5G no estarán operativas hata el 2020 en adelante. Puede que veamos algún caso comercial en las olimpiadas, pero durante los próximos años seguiremos disfrutando de la 4G, que está muy bien. En mi opinión, el driver que va a cambiar muchas cosas es el chipset.

[…] que apenas se menciona cuando se habla de IoT, siempre pensamos en sensores.

¿Por qué hay más dispositivos 2G que 3G? Porque el chipset de 2G es más barato que el de 3G, y si hablamos de poner un chip en cada zapatilla, en cada contador o en cada maleta, el chipset no puede costar 100 dólares, tiene que bajar a 5 dólares, lo que sólo será posible si se alcanza un cierto volumen de producción. Esto es lo que va a cambiar el mundo, y 5G es una arquitectura pensada con esa perspectiva. Si el estándar NB-IoT prospera al ritmo adecuado, veremos una locura de nuevas aplicaciones.

Cuando hablamos de redes, ya no son fijas ni móviles, son convergentes.

Cualquier operador que quiera seguir siéndolo, tiene asimilado el sentido de la convergencia […] Hay tres cuestiones principales: 1) la convergencia surge porque el cliente la demanda; 2) hay sinergias en ambas direcciones: fijo-móvil y móvil-fijo; 3) la inteligencia está en la red core del operador […] La propuesta comercial es la misma, la gestión de los contenidos, también… por eso se tiende a la integración de las redes.

Por lo que me han dicho otros entrevistados, fue un tema de trastienda del MWC.

Una de las discusiones fue cómo ofrecer servicio fijo a través de 5G con ondas milimétricss […] algo que necesita mucho estudio, pero que básicamente evitaría el último tramo de fibra hasta la casa del cliente y, por tanto, multiplicaría la capacidad de la fibra […] por la cara que pone, creo que mejor nos ahorramos los detalles técnicos [risas]. Lo importante es asumir que en los modelos que vienen, los operadores móviles querrán ser fijos y los móviles querrán ser móviles.

Para acabar, volvamos al comienzo. ¿A qué nivel está, comparada con otras del grupo, la red de Vodafone España?

Mi responsabilidad es la tecnología de redes móviles en todas las filiales del grupo Vodafone en todo el mundo. Que alguien como yo, un ingeniero español, llegue a tener esa responsabilidad en un grupo global, ya dice mucho sobre la calidad de nuestra red en España y sobre el nivel de la ingeniería española. Me consta que dentro de la compañía siempre se ha considerado a España como un modelo, y no es casualidad que varios de los suministradores de tecnología de red hayan instalado centros de competencia en Madrid, para estar cerca de nosotros.

[publicada parcialmente en La Vanguardia el 10/4]


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