El Mobile World Congress de Barcelona no ha zanjado las dudas sobre cuál será el smartphone favorito del 2026. Ha renegado de los mensajes interesados que auguran la muerte a plazo de la categoría, entre otras cosas porque nadie ha sido capaz de anticipar cómo debería ser su reemplazo en formato, funcionalidad y ubicuidad. Es muy improbable que la cuestión se aclare antes del MWC de noviembre, que debería celebrarse en Doha. Entretanto, sin discusión por un año más, las marcas líderes siguen siendo Apple y Samsung, que suman casi un 40% del mercado mundial. Colectivamente, las marcas chinas sonla mayoría, pero esto no les bastará para controlar la brújula de la industria.

Algo se ha roto en la secuencia. Se daba por asumido que Samsung tendría la iniciativa en marzo con los Galaxy de gama alta, poco antes del MWC y en ausencia de Apple, mientras esta esperaría a septiembre para presentar su próximo iPhone. Por una buena razón, la marca de la manzana ha creído bueno contraprogramar presentando, la semana pasada lejos de Barcelona, el iPhone 17e. Y esa razón es conocida: Apple no está todavía en condiciones de lanzar un iPhone capaz de competir en el aprovechamiento comercial de la inteligencia artificial.
La pugna entre las dos marcas tiene otro componente coyuntural, el encarecimiento de las memorias. Ni una ni otra han repercutido el aumento de costes sobre los usuarios. Una porque ha sabido gestionar su inventario y puede soportar el problema; la otra porque se surte de memorias en sus propias fábricas de Corea. Pero el trastorno que provoca esta escasez sistémica no se esfumará. En este contexto, Samsung se juega el año a una baza, la IA, sabiendo que esta es el punto débil de su adversario.
Al cierre del 2025, el mercado mundial de smartphones creció un 2% en unidades entregadas, un porcentaje poco satisfactorio, pero no para Apple y Samsung, que acabaron el año con + 6,3% y + 7,9%, por lo que el protagonismo de ambas marcas se ha acentuado: sus cuotas de mercado se quedaron al borde del 20% para cada una. Apple aceleró en el cuarto trimestre, sobre todo con su liderazgo en China, donde Samsung ha capitulado hace tiempo.
Tras dos años titubeantes en cuanto a la aportación de la IA, los smartphones de todas las marcas punteras empiezan a ofrecer capacidades más atractivas gracias a la IA generativa. En esto, Samsung lleva la delantera por tenerla ya implementada en sus modelos Galaxy de gama alta, mientras que Apple ha dado palos de ciego hasta que su mejor opción ha sido echarse en brazos de Google. Sin embargo, los primeros resultados de incorporar Gemini en el iPhone no se verán hasta el lanzamiento de septiembre.
Por su lado, las nuevas funcionalidades de la IA en los Galaxy S26 buscan ser espectaculares, pero ofrecen un conjunto de capacidades muy útiles [de esto se trata, al fin] para el usuario. Los dispositivos incluyen un agente de IA que descuelga las llamadas de desconocidos, les pide que se identifique y resuma sus motivos, antes de notificar ambos detalles al receptor. A esto se unen otros atajos, como la detección por Galaxy AI de una conversación por WhatsApp si el usuario quiere compartir unas fotos, la IA las busca y preselecciona para que baste pulsar un botón y enviar.
En busca de ser tan útil como le sea posible, la IA de Samsung trata de conectar su ecosistema, incluidos no sólo los wearables, sino también los electrodomésticos y televisores. La compañía coreana tiene en esto una sólida oportunidad de integrar dispositivos de su marca, un viejo objetivo inacabado que ha intentado con su plataforma SmartThings.
La serie Galaxy S26 sirve a Galaxy como estandarte, pero también como campo de pruebas. Las funcionalidades de IA que se demuestran útiles para generar fidelidad y demanda pasan rápidamente a desplegarse en la gama media, la serie A, que es la más vendida de la marca. En ninguno de estos dispositivos se cobra por usar la IA generativa, gesto con el que Samsung aborta intenciones de monetizarla de modo directo, que pudieran tener sus competidores. No obstante, incluye en sus términos de servicio una cláusula por la que se reserva el derecho a ponerle precio en el futuro. No está mal como previsión, porque la IA le supone un coste que puede ir en aumento; claro que ser el primero de la clase que cobra por la IA implica unos riesgos evidentes. Quizás Apple, que no regala nada, podría permitírselo algún día, pero de momento no ha llegado a esa casilla.
Para Samsung, otra clave del MWC era diferenciarse del resto de seguidores de Android [su stand era contiguo al de Honor, impresionante]. Este es otro frente de batalla en el que la IA puede ayudar. Todos los Android se apoyan en Gemini, claro está, pero Samsung ha empezado a acoger otros proveedores como Perplexity, que usa para sus búsquedas en Internet y dentro del dispositivo. El adelanto en la marcha de la empresa coreana le sirve, de paso, para pertrechar su gama media con vistas a ganar cuota de mercado.
Porque el crecimiento de Samsung el año pasado, hasta despachar 241,2 millones de smartphones, estuvo liderado sobre todo por los Galaxy A, aunque es cierto que los nuevos plegables así como los S25 mejoraron los números de sus predecesores. 2025 ha sido un buen año para la firma coreana en sus mercados clave, Estados Unidos y Corea, pero cada vez está más sometida a presiones en Europa occidental y América Latina. En todo caso, deja la impresión de no haber sacado el máximo partido al retraso que penaliza a Apple.
Otro factor de relieve, como se ha dicho, es la inquietud por la escasez de memorias. Según Counterpoint Research, durante los tres últimos meses del 2025 los precios de este componente subieron un 50%, a lo que se sumará al menos otro 40% en el actual trimestre y se da por descontado otro 20% antes de junio.
Por ahora, todo indica que los fabricantes han practicado la contención de precios, con lo que no habrá de momento impacto para los compradores de teléfonos. Pero IDC calcula que los chips de memoria representan entre el 15% y el 20% del coste de materiales para fabricar un smartphone de gama media. Subiendo a la gama alta, la horquilla pasa a ser del 10% al 15%. Si decidieran absorber el sobrecoste, a Samsung le afectaría más que a Apple, que apenas roza la gama media con su iPhone 17e.
Una cosa es el margen de beneficio y otra la capacidad de conseguir memorias en un mercado convulso. Es innegable que Apple está en condiciones de negociar contratos de suministro a largo plazo a precio estipulado, pero la dependencia se le puede complicar si el problema se agravara. El bloqueo de las vías de transporte marítimo entre Asia y Europa y el riesgo que corre el suministro de helio, necesario para fabricar memorias y del que Qatar es un importante exportador.
El ritmo de innovación que ha sido característica de Apple durante los casi veinte años de existencia del iPhone lleva tiempo dando muestras de fatiga. Los chips, los sensores y el interfaz han mejorado, pero el producto estrella sigue siendo básicamente el mismo y el llamado «factor aspiracional» se diluye, con lo que el ciclo de vida se estira, contra los deseos e intereses de la marca. Ahora sí – comentan un cortesano – se prepara un rediseño cuyo primer y principal rasgo será la IA generativa, gracias al no tan excepcional acuerdo con Google.
Entretanto, ha decidido pegarse al calendario de Samsung al lanzar su iPhone 17e menos de una semana después de los Galaxy S26. De esta forma, la coreana pierde varios meses para dar aire a las ventas de sus nuevos terminales sin la sombra de un iPhone reciente. Más aún: es el segundo año consecutivo en que Apple lanza una versión barata de su móvil, presuntamente para forzar la fase de renovación de aquellos usuarios que se resistan a desembolsar más de 1.000 dólares o, quizás, la tentación de pasarse a Android.
El iPhone 17e, como antes el 16e, no sólo suponen más ventas para Apple. Son usuarios que contribuyen a engrosar las ganancias de la división de servicios de la compañía. Pero esto puede no ser todo: hay indicios que apuntan a un iPhone plegable, una vez que se ha constatado la existencia de un mercado respetable por rentable. Si no fuera con la próxima hornada, en septiembre, será más adelante.
