16/03/2010

Por qué el iPad cambia el juego

Célebre antes de nacer, el iPad está a punto de romper aguas. Estará en venta el 3 de abril en Estados Unidos y a finales del mismo mes – sin confirmar – en otros nueve países, entre ellos España. Pero la secuencia  de reservas anticipadas está siendo la mejor campaña de lanzamiento que hubieran podido imaginar los epígonos de Steve Jobs: el primer día se recibieron 120.000 peticiones online, de compradores que, obviamente, sólo lo han visto en vídeo. Hay muchos miles dispuestos a comprar cualquier dispositivo que lleve la marca de la manzana, pero la repercusión de la noticia vale tanto, o más, que las colas ante las tiendas el día en que Apple lanzó el iPhone.

La acogida mediática que está teniendo el iPad se polariza en dos actitudes extremas: los fanáticos le dan la bienvenida, los escépticos lo califican como un gadget sin atractivo más allá de la base habitual de usuarios de la marca. Una parte de las expectativas, sean positivas o negativas, se ha montado sobre los retrasos en el suministro de componentes, que aparentemente habrían obligado a retrasar unos días el lanzamiento. Nada grave, ni inusual. O una falsa alarma deliberada, dicen los mal pensados; parecen ser ciertos los problemas que limitaron la fabricación prevista para marzo, pero no lo suficiente para impedir que se cumplan los objetivos de Apple. Que dé un paso al frente el primero que sepa cuantificar esos objetivos.  Gene Munster, el analista que mejor conoce los entresijos de Apple, no da cifras, pero apunta: “estamos ante una típica situación de inventario corto, un cuello de botella en el suministro a las tiendas que probablemente hará que el iPad se agote durante varias semanas, pero esto ayudará a estimular la demanda”.

¿Será un éxito o el primer fracaso de Apple? es la pregunta más socorrida que le han planteado durante semanas a este cronista, que sinceramente lamenta no tener una respuesta, aparte de aclarar que en todo caso no sería el primer fracaso de Apple: ya fracasó el Newton, precursor de los tablets, pero en aquellos años Steve Jobs se había marchado de la compañía. Como mucho, las líneas que siguen pretenden poner en orden algunas hipótesis.

La primera dificultad nace del hecho de que el iPad es el primer producto realmente nuevo que Apple presenta en los últimos tres años, por lo que no hay antecedentes que fundamenten una opinión objetiva. La segunda, que no resulta evidente a qué categoría pertenece. Taxonómicamente, ha sido clasificado como un tablet, pero realmente poco tiene que ver con los dispositivos que se venden, con éxito menos que discreto, con la misma etiqueta.

Hay que reconocer el sentido de oportunidad de Gartner, que ha publicado un informe en el que, por primera vez, recoge específicamente la categoría tablet, para pronosticar que este año se venderán 10,5 millones de unidades, grosso modo algo menos del 3% del mercado total de PC. Pero, ¿es realista contar al iPad como otro ´factor de forma´ dentro del magma de los PC? Afortunadamente, Gartner no se achanta con las cifras: “el escenario más probable es que las ventas de iPad alcancen los 4,2 millones de unidades”; esto es, que Apple se llevaría en su primer año un 40% de la categoría, y si esto no es un éxito, ya me dirán. La cifra de Gartner es cautamente inferior a la que circula entre los analistas de bolsa, y una de las razones por las que la acción de Apple alcanzó la semana pasada su máximo histórico (ver gráfico). Su capitalización bursátil supera así la de Hewlett-Packard y está a tiro de piedra de Microsoft.

Pero el informe de Gartner dice algo más interesante, acierte o no con las cifras: “el iPad sólo tendrá un efecto incremental sobre el mercado, sin detraer consumidores a los netbooks y laptops, ni mucho menos a los smartphones”. De lo que se deduce que o bien este tablet multimedia es una especie nueva  con fuerza para crear su propio espacio vital o, lo que parece más probable, empezará su existencia peleando con otra especie ascendente, los e-readers.

AppleSi esto es así, pudieran tener razón aquellos que reprochan a Apple que después de dos o tres años de desarrollo, ha engendrado poco más que un e-reader. Pero no un e-reader cualquiera, puesto que ofrece funciones que no tienen el Kindle ni otros congéneres, y se venderá a un precio muy superior: 499 dólares la versión más barata, 830 dólares la más cara (y, de momento, sólo con conexión WiFi; la 3G llegará más adelante). Por comparación, su competidor,  Kindle, se vende a 260 dólares e incluye conexión 3G.

Este será el primer territorio donde ambas especies tratarán de prevalecer; en este combate, casi lo de menos será el hardware. Cuando hace años Apple lanzó el iPod, el diagnóstico generalizado fue que su interés era ganar dinero con el hardware mientras dejaba que las discográficas se llevaban la mayor tajada de las ventas de música. Con el iPhone, la ecuación se equilibró bastante, pero con el iPad inaugura otra estrategia: el dispositivo es un medio para vender masivamente contenidos, empezando por los libros electrónicos.

Es cuando menos curioso comprobar que Barnes and Noble, la más extensa cadena de librerías de Estados Unidos, ha desarrollado una aplicación que – si fuera aprobada por Apple – le permitiría vender libros electrónicos para el iPad. La condición “si fuera aprobada por Apple” es crucial, porque en tal caso Amazon – que ya tiene una aplicación de esas características para el iPhone – intentaría dar el salto al iPad. Con lo que este se convertiría, por mor de estos competidores en una plataforma casi universal de venta de libros electrónicos. No es descabellado pensar que esto podría desencadenar una guerra de precios. Y este es sólo uno de los aspectos competitivos que se pondrán de manifiesto con la irrupción del iPad en un mercado que, a diferencia de los reproductores de música y los smartphones, está en su primera infancia. Apasionante.


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