21/06/2013

No es para tanto, ni es para mañana

Algo más de dos minutos. Este fue el tiempo que, dentro de su presentación, dedicó Eddie Cue, senior VP de software y servicios de Apple, a anticipar lo que dentro de un año o dos podría ser un ámbito de aplicación de iOS, cuya versión 7 se anunció en la conferencia de desarrolladores. Evitó llamarlo iCar – como sugiere desde ya algún blog y a lo mejor se ha registrado – pero objetivamente es posible preguntarse por qué lo hizo, si la información es tan escasa y su concreción tan difusa. Muy sencillo: porque la industria del automóvil es un socio potencial para Apple, y sólo con mostrar en pantalla los logos de una docena de marcas, se excitan las glándulas del marketing.

Eddie Cue

Eddie Cue

Para una empresa que de ordinario guarda celosamente sus intenciones, el gesto es inusual. ¿Qué reveló Cue? Poca cosa: que Apple trabaja en la conectividad de su sistema operativo con los sistemas a bordo de coches, empezando por el infotainment, pero con voluntad de ir más allá. En un 95% de los nuevos coches que se venden, dijo, ya se puede disfrutar de música con un iPhone conectado. En pantalla, lucía un logo desconocido hasta ahora, iOS in the Car, junto a los de varias marcas dispares y – estas cosas hay que cuidarlas – de variado origen geográfico.

El anuncio de Apple, visto y no visto, trata de no crear expectativas exageradas y, al tiempo, decir al mundo que la compañía está en la onda. Claro que el concepto de infotainment no es nuevo ni mucho menos, pero se ha convertido en una prioridad para la industria del automóvil en su búsqueda de argumentos de combate contra la anemia de la demanda. Y Apple no es el único partner posible para integrar esa categoría con la tecnología del smartphone.

Nadie con los ojos abiertos ignora que los avances en automoción han pasado hace tiempo del motor y el diseño para hacer un uso intensivo de la electrónica y las comunicaciones; ahora es cuando se está fraguando otro cambio, la digitalización a través de aplicaciones. Y no se hará esperar demasiado: la consultora Juniper Research estima – que ya es estimar – que en 2017, el 22% de los coches que circulen por carreteras norteamericanas y europeas [¿y del resto qué?] estarán preparados para ejecutar aplicaciones implantadas a bordo. No menos optimistas son las cifras de ABI Research, que calcula en 50 millones el número de vehículos conectados que se venderán cada año hasta 2017. Este mismo año, 2013, el 17,5% de los matriculados contarán con seguridad telemática.

Para los fabricantes, esta evolución es un recurso que eleva el valor de las ventas a un coste mucho menor que el beneficio final. Juniper Research, que se ha tomado en serio el ejercicio estadístico, añade que el precio de un coche de 15.000 dólares podría subir hasta una tercera parte (sic) de contar con conexión en red y despliegue de aplicaciones. Las mejoras serían un estímulo a la rotación de vehículos, aprovechando la avidez de los nuevos consumidores. Las marcas están necesitadas de aportar valor añadido a sus productos, y el software es la salida más evidente que tienen a mano. Pero también es una respuesta al deseo de los usuarios, y ahí es donde la combinación con Apple tiene sentido. Anunciarlo antes de que Google se mueva, es en sí mismo revelador.

Tampoco es realmente nuevo ese interés de la industria. Ford lleva años trabajando en ello, inicialmente con Microsoft, dedicando importantes recursos promocionar su plataforma Sync, que en su versión actual para ciertos modelos permite al conductor acceder a sus dispositivos móviles a través de una pantalla táctil en el salpicadero o mediante la voz. Se espera que en 2014 haya 14 millones de coches Ford que soporten aplicaciones móviles: la compañía ha lanzado un kit de desarrollo gratuito y una plataforma de apoyo a los desarrolladores para incentivarlos. No es el único caso: General Motors ha integrado parcialmente el asistente de voz Siri en algunos de sus coches.

Varias marcas asiáticas se llevan la palma, La coreana Hyundai, por ejemplo, cuenta con su propia tecnología BlueLink, que sincroniza el vehículo con un iPhone o un Android, para comprobar el nivel de fluídos o las condiciones del airbag. Es un servicio que ofrece como suscripción anual, al igual que el de Toyota, cuyos comandos por voz están considerados como los más avanzados de la industria. El conductor puede manejar aplicaciones de compra de entradas, reservas en restaurantes o controlar el navegador GPS sin distraerse.

¿Sin distraerse? Este es un asunto controvertido. La preocupación por el uso de dispositivos electrónicos durante la conducción está llevando a la aparición de normativas, que algunos apoyan y otros resisten. La industria quisiera introducir sistemas activados por voz, que permitan mantener las manos en el volante y la vista en la carretera. Pero un estudio de la AAA – la asociación de automovilistas de Estados Unidos – admite que en el estado actual de la tecnología el remedio podría ser conflictivo: la ilusión de usar comandos de voz para dictar un texto, enviar un mail o un tuit, o incluso actualizar un estatus de Facebook entraña peligros, que la AAA no tiene intención de disimular.

Neurólogos que han estudiado el comportamiento típico de los conductores, escriben que el cierto es de distracción cognoscitiva: el cerebro sufre la interferencia de la interacción y pierde capacidad de reacción: no es lo mismo conversar con un acompañante que esforzarse en que un gadget entienda una instrucción. En Estados Unidos, las autoridades esperan que la industria aplique limitaciones voluntarias a la tecnología. Y los fabricantes replican que, por supuesto, su prioridad es la seguridad, pero no pueden menos que prestar atención a los hábitos que los usuarios llevan consigo desde el hogar al coche [igual que no pueden evitar que muchos peatones crucen los pasos cebra sin mirar, sólo atentos a su móvil].

Sería injusto enfocar el interés sólo en los fabricantes de coches. La gran cantidad de sensores y chips que llevan a bordo los coches actuales, ya muestran otra dimensión del mercado, y hace que cobre sentido pensar en la nueva generación de sistemas. Si hasta se habla de embarcar software analítico, capaz de identificar qué factores externos pueden afectar a la conducción, y el estado fisiológico del conductor. Si a esto se suma el intercambio de información por wifi entre vehículos – para lo que se trabaja en protocolos específicos – los coches podrían comunicarse con las infraestructuras. Más materia para los apremiados evangelistas del big data.

Obviamente, gran parte de estas comunicaciones se harán sobre las redes de los operadores, que ya han empezado a pensar en los coches como los siguientes dispositivos que utilizarán su infraestructura. La asociación GSMA ha hecho sus deberes, y calcula que este fenómeno movilizaría – en doble acepción – unos 39.000 millones de euros en 2018. Otra vez, un horizonte lejano revela lo verdes que están las cosas.

Lo importante es que el automóvil se incorpora, inexorablemente, al universo digital. Pero nunca está de más que alguien se ocupe de bajar las fiebres. Al comentar este aspecto de la conferencia de Apple, el puntilloso analista Horace Dediu ha advertido contra las expectativas. «¿Es necesario recordar que, en términos de unidades, la industria del automóvil no es tan masiva como parece? En 2012, se han producido en todo el mundo unos 60 millones de coches en total, que es el número de móviles que se venden cada dos semanas; en 2013, se venderán más iPad que automóviles».

Obviamente, no todos los coches producidos llevarán iOS entre sus capacidades, por lo que la oportunidad que para Apple podría representar la venta de licencias del sistema operativo a los fabricantes de accesorios sería limitada – calcula Dediu – a un máximo de 10 millones de unidades.

[informe de P.G-H]


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