11/12/2013

Mirar más allá de los costes, dice Accenture

Adiós a la figura del CIO obsesionado por los bytes, las pantallas azules y los datos transaccionales. Bienvenido el que se orienta a la satisfacción del cliente, que se preocupa por las tecnologías emergentes y es consciente de que su misión consiste en estar atento a las oportunidades de negocio de su empresa, un pilar para la consecución de más altas cuotas de rendimiento. Estrategia TI y estrategia corporativa son la misma cosa. Esto es lo que se desprende del estudio High Performance in IT: Defined by Digital, elaborado por consultores de Accenture. Para llegar a estas conclusiones ha recogido las opiniones de directivos de TI de más de 200 empresas de carácter global en diferentes sectores.

Un hilo argumental recorre el estudio: las compañías de alto rendimiento. Es decir, aquellas consideradas con niveles más altos de eficiencia en su uso de las tecnologías de la información, dedican el 55% de su presupuesto TI a desarrollar capacidades estratégicas que sirven de apoyo al crecimiento y calidad del negocio, mientras que el resto (las que se quedan fuera del así llamado alto rendimiento) dedica a ese fin casi veinte puntos menos (37%).

No es que estas conclusiones sorprendan: forman parte del discurso de los protagonistas – y de los autores – del estudio desde hace años, pero no por ello pierden interés. Lo nuevo, si acaso, es constatar que esas organizaciones, las de alto rendimiento, dicen entender el valor de dotarse de capacidades digitales, más allá de los dogmas de eficacia operativa y productividad: invierten más en tecnologías avanzadas – el último grito, las llamaba hace poco en este blog un entrevistado – con el objetivo prioritario de identificar nuevas oportunidades de negocio.

Para apoyar tales afirmaciones, el estudio traza un repaso a la evolución seguida por las empresas en sus estrategias TI a lo largo de los últimos ocho años, dividiéndola en tres fases.

En el período 2005-2006, las empresas se vieron atrapadas por una ola de austeridad y la incapacidad para romper el círculo vicioso entre las bajas inversiones y el recorte de gastos, lo que propició una estrategia de mantenimiento y parcheados continuos de las infraestructuras heredadas, el legacy que ahora sale en todas las conversaciones. El siguiente bienio dio inicio a tímidos programas de modernización, que pronto se verían paralizados por la recesión económica. Sin embargo, hay que reconocer que fue en esta fase cuando las compañías señaladas como líderes empezaron a desprenderse de sus ataduras tecnológicas.

Gracias a ello, entre 2009 y 2010, las empresas más eficientes emergieron con una mayor fortaleza que el resto, pudieron mantener las inversiones durante los momentos más duros de la recesión, modernizaron sus sistemas heredados e invirtieron en tecnologías emergentes. No deja de ser curioso que fuera justamente en ese momento, en el hoyo de la crisis, cuando estas empresas aceptaron que los costes pasaran a un segundo plano en la esfera de sus preocupaciones.

Sobre la base anterior, vendría en 2012 y 2013 una tercera fase, en la que las empresas de alto rendimiento han hecho lo necesario para desarrollar capacidades analíticas y dirigirse de manera más eficiente a sus clientes, convirtiéndose – he aquí la piedra angular del estudio – en organizaciones digitales, lo que les ha permitido alejarse de sus competidores.

A través de esta cronología, el estudio promovido por Accenture concluye que las empresas más eficientes son aquellas que han quemado etapas en su viaje al mundo digital. Quemar etapas significa que se distinguen por ir más allá de los costes, que están en continua evolución hacia las tecnologías digitales avanzadas, que imbrican tecnología y negocio como imperativo estratégico y se enfocan hacia el cliente estableciendo con él relaciones digitales, no sólo transaccionales.

En cambio, para las empresas de bajo perfil tecnológico, los tres objetivos principales de las estrategias de inversión de los CIO se centran en tres puntos que encabezan la tabla de resultados: reducción de costes, incremento de la productividad y la mejora y automatización de procesos. Para las otras, estos objetivos sólo ocupan las posiciones de cuarta a sexta en su escala de prioridades, encabezada por estas tres, literalmente expresadas así: 1) proporcionar la información exacta a la persona correcta en el momento adecuado, 2) encontrar los mejores caminos para interactuar con los clientes y 3) potenciar la capacidad para entregar los nuevos productos y servicios. En una escala de nueve, los otros tres factores que ocupan las últimas posiciones – comunes a ambos lados del espectro empresarial – se refieren a 7) dar soporte a los procesos de innovación, 8) apoyar la expansión geográfica y 9) garantizar la seguridad del capital intelectual y la información.

Otra comprobación del informe es la siguiente:  en los últimos años, el índice de adopción de tecnologías clave – cloud computing, herramientas analíticas, redes sociales, movilidad y seguridad – resulta ser significativamente mayor entre las empresas de alto rendimiento en TI. Un ejemplo del exhaustivo documento: las empresas que los autores llaman de alto rendimiento, están siendo pioneras en la movilidad de sus negocios.

Según Accenture, el 69% de esta categoría ha adoptado las transacciones móviles, frente a la ratio del 42% en el resto de las consultadas. Asimismo, las empresas eficientes en TI prácticamente duplican a las que no lo son en la consecución (o bien superación) del retorno de la inversión en sistemas de análisis descriptivo y predictivo.

Los líderes en TI también se están moviendo con rapidez hacia el cloud computing, y obteniendo más ventajas competitivos que los del otro lado de la calle. Un tercio de los ejecutivos que representan a estas empresas dicen estar sustituyendo algunas de sus plataformas de servicio por alternativas de cloud pública y privada, mientras que el 15% ya gestiona de forma centralizada una infraestructura híbrida virtual, administrada dinámicamente.

También revela el documento que las empresas contemplan operar en un entorno híbrido de TI en un futuro próximo. Las que merecen el adjetivo ´líderes` predicen que una parte sustancial de sus tecnologías en uso – ya sea infraestructuras, middleware o aplicaciones – seguirá adscrita al modo tradicional, localizada y ubicada en emplazamientos de la propia empresa. De hecho, estos pioneros estiman que en 2020 continuarán manteniendo casi seis de cada diez de sus aplicaciones en el modelo convencional de licencias.

Queda claro, tras la lectura del informe, que las empresas de alto rendimiento aprovechan con más eficacia las ventajas que les ofrece la nube, que el 40% observa mejoras cuantificables en la agilidad de sus TI, mientras que sólo un 9% del resto afirman lo mismo, y el 43% declara mejoras sustanciales en el alineamiento de sus proyectos de TI con sus objetivos de negocio. Este último rasgo, una prédica constante de la industria, no es incompatible con este otro: el 33% observa una reducción directa de los costes como consecuencia de sus inversiones en cloud, proporción que baja al 14% entre el resto de las empresas.

También se explica que los líderes en el uso de las TI llevan algunos años invirtiendo en la gestión y calidad de sus datos, y cuentan con una ventaja importante en la carrera por conseguir los datos adecuados para el negocio. Sus inversiones están dando fruto ahora: las empresas de alto rendimiento duplican en número al resto en lo que respecta al logro de resultados de negocio en áreas clave, como son la gestión de datos (77% frente al 30%), la gestión de contenidos (77% frente a 23%) y el análisis predictivo (54%:21%). Aquellas empresas que consiguen el mejor rendimiento, están mucho mejor equipadas para desarrollar capacidades analíticas estratégicas. Casi la mitad (46%) afirma haber desarrollado y sacado partido en el conocimiento del comportamiento de los clientes, frente al muy escaso 3% del resto de los encuestados.

A modo de colofón, y sintetizando, las empresas se centran cada vez más en garantizar la protección de sus crecientes negocios digitales, aunque es cierto que muchas encuentran dificultades para mantenerse al día de las nuevas tecnologías de seguridad. La mayor parte de los encuestados cree tener un nivel adecuado de inversión para satisfacer el cumplimiento de la legalidad y la seguridad globales, pero distinto es el caso si se incorpora el resto de las empresas.


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