4/03/2013

Lo cortés no quita lo reivindicativo

Sentar juntos en un escenario a los presidentes de Telefónica, Vodafone, AT&T, China Mobile y Telecom Italia equivale a sumar una buena mayoría de los 3.200 millones de usuarios en todo el mundo. El mensaje común del grupo fue inequivocamente reivindicativo: bajo el fulgor de un evento multitudinario, los operadores se quejaron de los problemas que comprometen su viabilidad operativa y financiera de esta industria. César Alierta, presidente ejecutivo de Telefónica, marcó el tono: «no es sostenible invertir más en terminales que en redes, o pagar enormes cantidades en tasas y espectro, al tiempo que se nos exige mayor celeridad en el despliegue de redes de nueva generación».

Gobiernos y reguladores fueron, pues, destinatarios de reproches en la sesión inaugural del Mobile World Congress. Randall Stephenson, CEO de AT&T dijo que se piensa en los operadores como si fuera la industria del lujo, con altos márgenes que no se dan en la realidad del mercado. Según Stephenson, «algunos sobreestiman el dinero que pueden extraernos, pero subestiman el valor que creamos para la economía». El espectro fue la piedra de toque de varias intervenciones: ¿hay que tratarlo como una infraestructura de largo alcance (como en Estados Unidos) o como un activo que se adjudica por razones recaudatorias (como suele ser el caso en Europa)?

El espectro fue el punto más caliente de las intervenciones de cuatro de los cinco directivos [el quinto, Xi Guohua, lo tocó de soslayo], porque va a seguir requiriendo grandes dosis de capital durante mucho tiempo. Alierta trajo a colación el caso de Reino Unido, donde la subasta de espectro para 4G se cerró con 1.000 millones de libras menos de los 3.500 millones que esperaban las autoridades. «Deberían tener en cuenta que los 22.000 millones de libras desembolsados por las licencias 3G fueron un error que la industria no volverá a cometer», advirtió.

Cesar Alierta

Cesar Alierta

Lo que mueve la necesidad de espectro es la demanda de datos: Alierta dijo que en Estados Unidos el consumo de datos creció un 75.000 % entre el 2000 y el 2006 y otro 35.000% del 2006 hasta el presente. Y para responder a este desafío, hay que invertir masivamente. No era la primera vez que el presidente de Telefónica exponía su argumento: hay que hacerlo bajo la atenta mirada de unos mercados financieros que esperan una correspondencia entre el desembolso y el retorno de la inversión.

Franco Bernabé, CEO de Telecom Italia y a la vez presidente del organismo GSMA, remachó en el mismo clavo: «es absolutamente crítico disponer de espectro adicional, a través de un mecanismo económicamente viable; de esto depende el futuro de nuestra industria y la calidad de los servicios que esperan los usuarios». Pero – añadió Bernabé – vivimos bajo el peso de una regulación obsoleta, que debería aligerarse.

Vittorio Colao, CEO de Vodafone, que otras veces se ha pronunciado sobre la misma cuestión, secundó a sus colegas al criticar las políticas de «subsidio a los nuevos entrantes reservándoles espectro que se retacea a los establecidos». Insistió en su argumento: «no bloqueen la consolidación si la industria la considera necesaria». Colao coincidió en la necesidad de cambiar la estructura regulatoria actual, y la mentalidad de quienes la gestionan. Bernabé ya había señalado que «en la mayoría de los mercados hay demasiados competidores […] los reguladores deberían permitir que la industria se reorganice por sí misma».

China Mobile, primer operador en su país (714 millones de clientes a finales de enero) y el más grande del mundo, no tiene quejas comparables con respecto a la política de su gobierno, que es su propietario a la vez que de los dos competidores. Xi Guohua aprovechó la sesión inaugural para anunciar, casi sin énfasis, que su compañía ha acelerado sus planes de inversión para extender redes 4G, en la variante TD-LTE hasta cubrir un centenar de ciudades con una población conjunta de 500 millones.

El despliegue masivo de 4G por China Mobile abarcará 220.000 estaciones base. Son cifras que, para una economía que en 2012 creció un 7,8%, revelan una ambición proporcionada: de hecho, el plan de China Mobile para este año contempla un crecimiento del 5,4% en su cifra de negocios, hasta el equivalente a 88.500 millones de dólares. En el horizonte de China Mobile no existe el riesgo de aparición de competidores foráneos, pero en lo que sí coincidió Xi Guohua con sus colegas y vecinos de butaca fue en la preocupación por la aparición de nuevos rivales procedentes de Internet, la famosa amenaza de las OTT en su versión china.

Según dijo Xi, el servicio de mensajería WeChat (propiedad de Tencent), que tiene 300 millones de usuarios en China, es una amenaza más seria que la que pueden plantear sus competidores China Unicom y China Telecom. Según la prensa china, los tres operadores ven con recelo la perspectiva de que el gobierno abra la mano para que en el país actúen operadores móviles virtuales; si tal cosa ocurriera, el primer candidato a una licencia sería precisamente Tencent.

En este punto de las OTT hubo acuerdo entre los cinco ponentes. Alierta, que fuera el primero en introducir el tema en el Mobile World Congress del 2010, volvió a ser el más beligerante. Los operadores europeos han invertido 225.000 millones de euros en los pasados cinco años, en un mercado con reglas profundamente asimétricas: «la revolución digital ha creado un status quo que representa un retroceso en la libertad de elección de nuestros clientes, que se ven recluídos en ecosistemas cerrados al tiempo que han emergido nuevas posiciones dominantes no reguladas, lo que no es bueno para los clientes ni para los desarrolladores y tampoco para el desarrollo sostenible de la industria».

En un diálogo posterior con la prensa, Alierta explicó así las razones por las que reclama un reposicionamiento de los operadores en la cadena de valor: «nos piden que nuestras ofertas sean replicables por otros operadores, nos cobran tarifas de terminación […], pero a nadie le preocupa que el usuario no pueda llevarse consigo sus aplicaciones cuando cambia de un terminal de entorno cerrado a otro no menos cerrado; tampoco parece haber interés por regular la publicidad intrusiva o la invasión de la privacidad».


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