El Año del Caballo se abre con un festival consumista de nueve días que formalmente se ha iniciado el martes 17 con una subida del 32,2% de las ventas del comercio en la primera jornada, según la prolija información oficial, interesada en proclamar que el nuevo año lunar será “un período de optimismo y oportunidades”. Al pie de la letra se lo han tomado las empresas de nuevo cuño – tigres – que van por la huella que abrieron las compañías clásicas – dragones – y como estas persiguen las promesas de la inteligencia artificial. Las estimula una tensa rivalidad geopolítica, pero el panorama es plural y todas tienen prisa, a juzgar por la cantidad de anuncios que se anticiparon a las vacaciones de febrero.

El Año del Caballo es un festival de nueve días que formalmente se ha iniciado el martes 17 con una subida del 32,2% de las ventas del comercio en la primera jornada, según la prolija información oficial, interesada en proclamar que el nuevo año lunar será “un período de optimismo y oportunidades”. Al pie de la letra se lo han tomado las empresas de nuevo cuño – los tigres – que van por la huella que abrieron las compañías clásicas – los dragones – y como estas persiguen las promesas de la inteligencia artificial. Las estimula una tensa rivalidad geopolítica, pero el panorama es plural y todas tienen prisa, a juzgar por la cantidad de anuncios que se anticiparon a las vacaciones de febrero.
A principios del 2025, cuando DeepSeek sacudió la arrogancia del sector de la IA dejó muy claro que China estaba más avanzada de lo que hasta entonces se creía. Desde entonces, las compañías del gigante asiático han pisado a fondo el acelerador y la distancia que las separa de las empresas de Estados Unidos es cada vez menor. El mes pasado, el CEO de DeepMind – filial de Alphabet – Demis Hassabis, afirmó que los modelos chinos estaban solo unos meses por detrás de los estadounidenses.
Una de las explicaciones posibles es la especial relevancia que en China asignan al desarrollo de modelos de inteligencia artificial en código abierto, descargables gratuitamente y propulsados por la extensa comunidad de desarrolladores. No se puede ignorar otro factor: las alternativas chinas cuestan entre una sexta y una cuarta parte de sus rivales occidentales, según un análisis del think tank Rand.
En cuanto a los indicadores de adopción, en China hay más de 600 millones de usuarios de IA generativa sobre un total de 1.400 millones de habitantes. El ecosistema de IA se compone, dicen las autoridades, de más de 5.300 empresas y el país se ha puesto al frente del ranking mundial de patentes relacionadas con la IA, multiplicando por seis el número de las que registra anualmente Estados Unidos. Las empresas punteras tienden a concentrarse en Pekin, Shenzhen, Shanghai y Hangzhou, pero hay iniciativas dispersas por todo el país.
Lo que importa retener es que la IA en China no se limita a los llamados cuatro dragones – Alibaba, Tencent, Baidu y ByteDance – y los seis tigres – Moonshot, MiniMax, Zhipu, Baichuan, 0.1 AI y Stepfun, todas jóvenes – gracias a un caldo de cultivo favorable a los nuevos proyectos, a menudo centrados en parcelas del mercado.
Las diferencias con Estados Unidos empiezan por el precio: los modelos de DeepSeek son más baratos, 30 céntimos por cada millón de tokens, mientras que Google Gemini Pro 3 factura 4,50 dólares por millón de tokens y Claude Opus 4.5 sube a 10 dólares, según la plataforma Artificial Analysis . Otro rasgo está asociado al código abierto; los modelos pueden ejecutarse en servidores locales propios, algo que encaja con las preferencias de las empresas chinas.
Los anuncios, justo antes de comenzar el nuevo año lunar, han alimentado una caldera que ya trabaja a tope. Tal es la escala de lanzamientos que, con habitual recurrencia poética, ha sido bautizado como “la guerra de los cien modelos”.
Uno de los que librará la presunta confrontación será Qwen 3.5, el último modelo que ha presentado Alibaba y, dice la compañía, puede desplegar agentes de IA más rápidamente que OpenAI y Anthropic. Y es un 60% más barato que su anterior versión. Por cierto, se ha anunciado una inversión de 50.600 millones de dólares de inversión en computación e IA en los próximos tres años.
Tampoco sus compañeros dragones se han quedado quietos. Baidu lanzó el modelo multimodal ERNIE 5.0, al que los benchmarks habituales atribuyen un alto rendimiento, aunque esto tiene ahora una importancia relativa. Por su parte, Tencent se ha orientado a los smartphones esta vez al anunciar HY-1.8B-2Bit – la nomenclatura se ha puesto imposible – compacto y destinado a su ejecución local en dispositivos móviles.
Pero el mayor impulso lo ha dado ByteDance con dos novedades. En primer lugar, su chatbot de propósito general Doubao 2.0, que alcanza el nivel de ChatGPT o de Gemini. A esto se suma SeeDance 2.0, la nueva generación de su herramienta de vídeo generativo, que ofrece resultados muy sofisticados y, al mismo tiempo, ha levantado polémica por su uso ligero de la propiedad intelectual.
Dos de las empresas jóvenes más prominentes del momento, MiniMax y Zhipu AI, han aprovechado para salir a bolsa, con halagüeños resultados. Sus anuncios de nuevos modelos, entre ellos el primero de generación de imágenes entrenado exclusivamente con chips chinos (Zhipu GLM-Image), dieron un empujón a la cotización. El dinero que recauden – prometen sus promotores – servirá para costear la infraestructura necesaria que les permita competir. Otro de los tigres de la IA, Moonshot AI, ha sacado al mercado una IA pensada expresamente para rivalizar con Claude Code. Y así de seguido.
Sería un ejercicio de inventario recoger en una crónica todos los anuncios que se suceden unos a otros. Permítanse al menos dos. Ant Group, filial de Alibaba, presentó también modelos de percepción espacial para robots, movimiento que da a entender que la IA física tampoco se descuida en China. El otro es el de Xiaomi, que apuró en diciembre su iMo-V2-Flash, enfocado al razonamiento, programación y agentes. En este caso, lo más relevante está por venir.
Precisamente DeepSeek ha sido la gran ausente en esta andanada de anuncios. Supuestamente, dejaría sus nuevos modelos para después de las vacaciones del nuevo año y ahora probablemente esperará para que no ser confundida con advenedizos. En cualquier caso, ya ha dado que hablar en las primeas semanas del 2026. La compañía ha publicado dos papers que han tenido buena acogida en la comunidad de investigadores en inteligencia artificial. Uno de ellos describe la técnica Manifold-Constrained Hyper-Connections (mHC), que modifica el flujo de información entre las capas de la red neuronal para ganar en precisión y garantizar procesos de entrenamiento menos falibles. El segundo documento describe un método para separar la recuperación de patrones estáticos, como nombres propios o terminología, del razonamiento dinámico. A partir de ahí se puede mover todo el conocimiento estático de la GPU, mucho más costosa y cuya memoria hace de cuello de botella a la hora de procesar, a la RAM de la CPU, abundante y más barata.
No hay que olvidar que DeepSeek se formó como un laboratorio de IA. Y sus descubrimientos dan idea de la capacidad en investigación fundamental que existe en China. Algo que se subestimaba hasta el anuncio de la startup hace algo más de un año. Igual que se subestimaba también la capacidad del país de fabricar chips propios avanzados. Las sanciones de Estados Unidos no solo parecen haber estimulado la inventiva para desarrollar modelos más eficientes.
No se puede decir que los procesadores de Huawei puedan hoy sustituir a los de Nvidia, pero la compañía china ha progresado enormemente en los últimos años. Las mejoras tecnológicas se combinan con un plan de construir clusters de chips conectados a gran escala y aprovechar la energía barata del país para alimentar la computación. También Baidu, que presentó sus chips especializados para cargas de trabajo de IA, espera levantar un nodo monstruoso que soporte millones de sus procesadores en el 2030.
Con todo, en el ámbito del hardware, la diferencia entre China y Estados Unidos sí que es considerable y se suele estimar en varios años de desarrollo. Además, la capacidad de exportación de la tecnología se ve perjudicada por la acción de los reguladores en múltiples países, sobre todo occidentales. No solo Huawei tiene problemas: DeepSeek sufre un silencioso escrutinio regulatorio por sus políticas de privacidad, que le permiten enviar datos personales y archivos a sus servidores chinos.
Entre tanto, la competencia es feroz dentro de la propia China. Y esto se traslada del desarrollo a la captación de usuarios. Para impulsar su chatbot Qwen, Alibaba ha destinado más de 430 millones de dólares a una campaña que ofrecía ‘bubble tea’ gratis. Todo para que la gente se acostumbre a usar su IA, integrada en su plataforma de comercio electrónico, de servicios de viaje y de pagos. ByteDance promocionó Doubao con la entrega de 100.000 premios, entre ellos el préstamo gratuito de un robot humanoide o de un coche. La fiesta es tan rumbosa que ha atraído la atención de las autoridades chinas. El regulador del mercado chino ha requerido a las compañías que no caigan en “un estilo involucionista” a la hora de competir. Mensaje recibido: la inversión hay que destinarla al desarrollo, no a ganar cuota de mercado mediante promociones.
Lo cierto es que este ambiente de rivalidad exacerbada es una consecuencia del impulso estatal. El pasado año, Pekin lanzó de manera discreta un fondo nacional de IA dotado con 8.690 millones de dólares. Además cuenta con la iniciativa AI+, diseñada para integrar la tecnología en la economía, la industria y la sociedad. El Estado chino también ha implantado desde hace tiempo un sistema de selección de los estudiantes más brillantes. Se escogen los 100.000 mejores a los 16 años y se les proporciona un curso de dos años para que después puedan solicitar plaza en las universidades más prestigiosas. El fundador de ByteDance o los líderes de las plataformas de
comercio electrónico PDD y Taobao, así como ingenieros principales de DeepSeek y del modelo Qwen pasaron por este programa. Esta iniciativa es sólo para la élite del alumnado. Anualmente, se gradúan unos cinco millones de estudiantes en ciencia, tecnología e ingeniería. Por contraste, en Estados Unidos la cifra ronda el medio millón.
Pero el estado impone las normas. El regulador de Internet, la Administración del Ciberespacio de China, exige que una empresa china que lance una herramienta de IA capaz de impactar en la opinión pública o en la movilización social, la inscriba obligatoriamente en un registro de algoritmos. De manera tal que los desarrolladores deben probar que su producto no incurre en ninguno de los riesgos tipificados por la entidad, que van desde la discriminación de género o el daño psicológico a la violación de los principios establecidos por el régimen.
Xīnnián kuàilè (新年快乐)
[informe de Pablo G. Bejerano]
