6/05/2021

Largo viaje del BBVA hacia la nube

No es la primera vez que este blog se asoma al difícil dilema de cómo hacer que coexistan una informática tradicional, llámese histórica, con las nuevas arquitecturas cuya meta es migrar procesos a la nube. Tampoco será la última vez, pero no había ocurrido antes que la fuente no sea un vendedor de tecnología sino un banco, en este caso el BBVA, al que se reconoce larga vocación innovadora. Lleva cinco años explorando la intersección entre esas dos fuerzas poderosas, una informática que resiste y mejora, y otra – el modelo cloud – que a duras penas consigue penetrar en la banca. Por múltiples razones, ningún banco tradicional ha dado el salto a la nube con todas las consecuencias.

Lo normal en la banca – y no sólo en España, desde luego – es contar con una bien asentada infraestructura que a lo largo de décadas ha acumulado hardware y software singulares, en muchos casos concebidos para ese uso y con un dominio de los sistemas mainframe cuya arquitectura básica se remonta a 50 años.

La migración de la pila de software a la plataforma nueva es la parte más compleja del proyecto. Hay partes que, al moverse, han reducido muchos MIPS en el mainframe. Por tanto, los sistemas legacy ya no tienen la carga que tendrían sin estos cambios, lo que repercute favorablemente en los costes internos, pero plantean cuestiones de optimización porque ciertos procesos no pueden seguir haciéndose en batch.

No todo se moverá del mainframe, pero tampoco es posible seguir trabajando como en los tiempos en que, cuando un cliente quería consultar su saldo, lo hacia desde una oficina, algo que se ha acabado desde que se ha generalizado el uso de aplicaciones móviles.

Algunos procesos son especialmente idóneos para estos nuevos sistemas, pero otros parecen haber nacido para ser ejecutados directamente en el modelo cloud. He ahí la clave: ¿cómo hacer que ambas tendencias encajen?

Teniendo esto muy presente, el BBVA firmó en 2019 un acuerdo estratégico con NetApp, un nombre clásico del almacenamiento de datos que desde hace años se ha volcado en el movimiento de los datos hacia y desde la nube. Un objetivo de este vinculo, explica el responsable de infraestructura de almacenamiento, Luis Sánchez Vidal, es el desarrollo de una hoja de ruta compartida. No es distinto de lo que BBVA ya practica con otros proveedores preferentes de su infraestructura, como Cisco y Red Hat, entre otros.

En la práctica, se trata de acompañar la evolución de los centros de datos del banco – que conforman una nube privada – con los parámetros que han impuesto en el mercado los grandes proveedores de la nube pública, con Amazon Web Services (AWS) en primer lugar.

Cualquier migración entre infraestructuras dispares, ya sean nuevas o antiguas, está condicionada por la naturaleza y la calidad de los datos. “No es fácil, nunca lo es y mucho menos cuando se trata de un banco con una larga historia, una proyección internacional y sometido a la regulación de los países donde opera”, se explaya Sánchez Vidal. Insiste para que el cronista no pierda de vista las diferencias entre la arquitectura que ha ido desplegando desde 2016, y los sistemas legacy, herencia tecnológica que va a tardar mucho en reconvertirse. “Si pretendiéramos seguir usando la antigua infraestructura para los nuevos procesos, no acabaríamos nunca”, dice Sánchez Vidal. Una migración calculada es la respuesta al problema.

Como es de imaginar, el BBVA tiene ideas propias acerca de dos conceptos que han cogido velocidad de crucero: hibridez y multicloud. No era el momento de debatir sobre sus definiciones, pero en la conversación quedó en evidencia por qué razón el banco ha asociado a NetApp con su estrategia de transformación. Esta compañía ha desarrollado sus soluciones de tal modo que puedan funcionar indistintamente con Amazon Web Services, Azure y Google Cloud. Si fuera preciso – el BBVA trabaja con los tres – gracias a la mediación de NetApp sus respectivas plataformas pueden entenderse con la infraestructura propia del banco o bien para traspasar datos de una a otra.

El equipo de Sánchez Vidal tiene casi acabada una solución intermedia, dígase mixta o híbrida, un sistema que es de su propiedad y está gestionado exclusivamente por BBVA y que reside en una ubicación cercana a los accesos que utiliza para llevar determinadas cargas a la nube de AWS. De esta descripción se interpreta que el regulador no debería temer por la fuga eventual de datos sensibles: son custodiados con arreglo a las políticas de seguridad homologadas y en ningún caso se almacenan en sistemas ajenos.

El movimiento gradual hacia la nube es especialmente complejo en el caso de un banco, explica el interlocutor. “Si fuéramos a trabajar con una única nube, como por ejemplo AWS, casi seguramente lo más práctico sería adoptar su almacenamiento, desde luego sería más rápido. Pero si vamos a movernos entre nubes, no podemos anclarnos a una sola tecnología”.

A la pregunta de cómo mide el banco los resultados tangibles que obtiene de esta práctica, Sánchez Vidal responde: “tenemos métricas propias que dan servicio a toda la producción del banco, tanto on premise como en los primeros pasos que estamos dando con Amazon y luego haremos lo mismo con las otras nubes que usamos. Gracias a esto, somos capaces de tener una infraestructura que se adapta a nuestras necesidades on prem pero se adapta perfectamente a los parámetros de los proveedores de nube pública”.

Históricamente, el banco ha utilizado tecnologías de NetApp en sus sistemas de almacenamiento. “Es el proveedor mayoritario, pero no exclusivo, porque hay que diferenciar el legacy sobre mainframe del resto de la infraestructura […] por dar una cifra aproximada, en la plataforma nueva representaría el 80% del almacenamiento”.

Un aspecto digno de mención es que todo lo que hace el equipo del BBVA en España se replica en México, desde donde se presta servicio a otros bancos del grupo en América Latina.

[publicado en La Vanguardia el 25/4]


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