14/09/2012

Javier Gómez

Director de Meru Networks (Mediterráneo y Francia)

Hace seis o siete años se inició un boom del Wi-Fi. No sólo en los hogares, que también, sino en edificios, empresas, universidades, hospitales e incluso en la calle. El fenómeno no ha amainado, sino todo lo contrario. Toma otro rumbo, y vive un revival. Sin embargo, la infraestructura existente se ha montado pensando en hipótesis que han cambiado: hoy todos, o casi todos, llevamos encima algún dispositivo equipado con Wi-Fi. No es imaginable que un hotel no disponga de acceso Wi-Fi en los espacios comunes y las habitaciones – el precio y la calidad es otra historia – y esta densidad ha ´commoditizado` la tecnología. Y aparecen nuevos modelos de negocio para una tecnología remozada.

Javier Gómez
Javier Gómez

Este es un asunto que desde hace tiempo atrae al autor de este blog, y ha sido el aliciente para mantener una conversación con Javier Gómez, director de Meru Networks, quien desde España dirige el negocio de la empresa californiana en el sur de Europa, además de Israel y Francia. Por la naturaleza del tema, la entrevista tiene un rico contenido didáctico.

¿A qué se debe tanto interés actual por Wi-Fi, tanta agitación en el mercado?

Ha habido un cambio en el valor que se da al Wi-Fi, y es la posibilidad de estar siempre conectados, no una conexión ocasional y complementaria. Una tecnología que era válida para ciertos usos y aplicaciones, y una infraestructura que llamamos de tercera generación, ya no son suficientes.

Hay ofertas de servicio Wi-Fi muy dispares, pero en general se tiene la impresión de que nunca está donde el usuario quisiera. Y que esos servicios son caros o, si cuando son baratos o gratuitos, son malos.

Cuantos más puntos de acceso haya, mejor para todos. El problema está en que las infraestructuras están dimensionadas para dar servicio a un número determinado de dispositivos: cuantos más dispositivos, más lenta va la conexión. Porque la tecnología Wi-Fi, tal como la conocemos, fue desarrollada como un hub, no como un switch. O sea que en este momento, todos los dispositivos que estén activados en el espacio donde nos encontramos, generan constantemente tráfico […] digamos que hay muchos datos flotando en el ambiente, empujándose unos a otros. Como consecuencia, hay retrasos, cortes y merma de calidad.

¿Qué ofrece Meru Networks ante este panorama?

Ofrecemos Wi-Fi de cuarta generación, una tecnología que se comporta como un switch. Es decir que cada dispositivo se conecta en el aire como si fuera una conexión cableada. Y esto se consigue mediante la generación de un punto de acceso virtual para cada dispositivo que está conectado a la red. Me explico: si en un centro comercial hay diez puntos de acceso, y en un momento determinado coinciden 1.000 dispositivos activados, en ese momento en lugar de “ver” diez puntos físicos, que es lo que hace el Wi-Fi de tercera generación, nuestra tecnología de cuarta generación genera un punto de acceso virtual para cada cliente, lo que en el ejemplo significa 1.000 puntos de acceso virtuales, uno para cada dispositivo.

¿Cómo es la conexión, y por qué es diferente?

Es la misma que la de un dispositivo de tercera generación; lo que hemos hecho es estirar un poco el estándar, para que el dispositivo se mantenga conectado mientras el usuario se va moviendo por el centro comercial, el edificio o el campus […] El usuario se lleva consigo la conexión, porque el puerto virtual está siempre conectado a un mismo punto de acceso. Es la principal diferencia entre las redes Wi-Fi de la anterior generación, que funcionan satisfactoriamente para datos, y las de cuarta generación, que están preparadas para soportar voz, VoIP y vídeo, que generan una carga intensiva y creciente.

¿Es otro caso de asfixia de la infraestructura existente?

Sí, así es. De hecho, estamos asistiendo a un auténtico meltdown de las redes Wi-Fi: en inglés, literalmente, el servicio se derrite por saturación. Podría contar un caso de usuario, si fuera posible…

Adelante.

La Universidad Alfonso X el Sabio, aquí en Madrid, tenía una red Wi-Fi para x miles de usuarios, con 130 puntos de acceso dentro del campus, una cifra importante para la tercera generación. Como funcionaba bien, los estudiantes empezaron a llevar más cacharros, no sólo su portátil sino también sus smartphones y sus tabletas, cada uno tirando de la conexión Wi-Fi. Con el resultado de una saturación de la red […] Se pusieron en contacto con nosotros, y gracias a la tecnología de cuarta generación han podido bajar de 130 puertos de acceso a 91. Sí, como lo oye, 40 puntos menos, para ofrecer más cobertura y mejor servicio, a pesar de que se ha quintuplicado el número de dispositivos con acceso. Además, permitiendo voz sobre IP y vídeo, que como puede imaginar crean mucho tráfico entre universitarios.

¿Antes no lo podían hacer con los 130 puntos?

No se podía hacer porque el tráfico era tan grande que no pasaba, y entonces tuvieron que capar ciertas capacidades que, desde el cambio tecnológico, ahora ya no presenta problemas.

Digamos que por ahora…

Este es el típico entorno donde se ve claramente que la demanda empieza a subir y sube, sube, sube hasta colapsar una red. Es un ejemplo de cómo se ha producido un cambio radical en el mercado: hay tantos aparatos circulando, que la infraestructura de hace cinco años ya no vale. En un estudio de Cisco, la empresa donde trabajé antes, he leído que en promedio cada “trabajador móvil” usa tres dispositivos conectados, y que en todo el mundo habrá 1.900 millones de dispositivos equipados para WiFi. Por esto, cuando hablamos de WiFi, no es suficiente tener 102.11n. Eso valía hace cinco años, pero ya no. Porque al final, el límite es la frecuencia.

[…] sigo sin ver de qué depende en el Wi-Fi de cuarta generación.

Cuando apareció la primera generación – es una nomenclatura de Gartner, más comprensible que cualquier serie de números y letras – se basaba en un pre estándar. En las empresas empezaron a aparecer puntos de acceso en salas de reunión para, de vez en cuando, ofrecer servicio a algunos que tuvieran suerte y que llevaran un PC con tarjeta Wi-Fi. Diez años tardaron en aparecer los estándares y entonces sí, podía haber puntos de acceso físicamente separados sin solapamiento en la radiofrecuencia. Esto es lo que se llamó Wi-Fi de segunda generación, mientras que la tercera es una tecnología de acceso similar pero con un controlador detrás, lo que permite redes más grandes trabajando en diferentes canales. Es un avance, una solución, pero incompleta. Porque en esta planta donde estamos puede haber x puntos de acceso, y es muy fácil que se colapsen los canales. En la práctica, cuando tengo una persona conectada por WiFi a una red de tercera generación – canal uno, canal seis, canal once – si se pone a andar, cambia de un punto de acceso a otro, pero si lo vemos desde el punto de vista de la infraestructura, lo que hace es cambiar de un canal a otro canal.

¿Tal como en una red celular?

En una red Wi-Fi, si cambio de uno a otro canal físicamente, tengo que cambiar de una frecuencia a otra diferente, y quien decide ese cambio no es la red, sino el usuario que se va moviendo, saltando de un punto de acceso a otro; en ese salto puede producirse una desconexión física que puede durar milisegundos, pero es molesta, y si en un mismo punto hay muchas peticiones de acceso, como ocurre a menudo, el problema se agrava, la calidad baja y la percepción del usuario se degrada. ¿Qué está pasando? Que la red puede ser muy buena, pero el riesgo de colapso está ahí.

¿Cómo se resuelve?

En una red de cuarta generación, el usuario puede conectarse donde decida. Lo que hace la tecnología de Meru es estirar esa posibilidad; por así decir, engañar al usuario haciendo que todos los puntos de acceso trabajen en el mismo canal, coordinadamente. ¡Llevamos 20 años diciendo que tienen que estar en distinto canal para evitar el overlapping! Nosotros, en Meru, lo llamamos tecnología single channel: todos los de esta planta, o todos los del edificio, trabajan en un mismo canal y, como he dicho, generan puntos virtuales exclusivos, dedicados a cada dispositivo cliente. Por un lado, el usuario puede actuar como si estuviera solo en la red; por otro, la transferencia de datos es mucho más rápida, más limpia.

Hace un rato tengo una pregunta esperando: ¿no hay confusión por la sinonimia con 3G y 4G de las redes móviles?

Son diferentes estándares, y diferente infraestructura. Como he dicho, es una nomenclatura que propuso Gartner.

Aquí va otra pregunta: qué papel juega Wi-Fi en ese equilibrio inestable que hay ahora entre red fija pareada, fibra, estaciones base, […] ¿Qué transformación supone vuestra propuesta?

Dentro de los servicios de operador, para tratar de descargar la red 3G, si se quiere mejorar la cobertura y calidad dentro de edificios o incluso fuera, en campus universitarios, por ejemplo, hay dos formas que los operadores se están planteando, y una son las femtocells, que al fin y al cabo incluyen un router y repìten la señal. Su problema es la limitación de distancia, y el hecho de que trabajan en una misma frecuencia.

Hacen falta muchas para cubrir la densidad necesaria, ¿no?

Hacen falta muchas, pero lo más importante es que se estorban unas con otras, y esto sigue sin resolverse. Lo mismo pasa con las redes Wi-Fi tradicionales, un problema de roaming entre puntos de acceso. Cuando el usuario va andando, cambia de puntos de acceso, pero depende del tráfico que tengan en ese preciso momento, de incidencias externas […]

Lo típico en la voz, al moverte pierdes cobertura.

Y de repente se desconecta la llamada… ¿Cómo resuelven este problema las redes Wi-Fi de cuarta generación? Al estar trabajando en un entorno de celda única, monocanal, no existe el roaming físico. No es el usuario quien toma la decisión, sino la plataforma que va diciendo conéctate aquí, ahora aquí… Bueno, con la cuarta generaciòn eliminamos completamente el efecto roaming, y por eso mismo es una solución genial para ciertos operadores.

Bien, centrémonos en el operador ¿tiene ese problema en la voz y no en los datos?

No, no, para los datos también, lo que pasa es que los datos son menos tangibles a la hora de responder. El usuario no sabe si están pasando; en cambio sabe al instante si se pierde la voz. Este es el gran problema de los operadores, que no lo han podido resolver con las femtoceldas, por eso su expansión es tan limitada

O sea que al final, lo que se llama la experiencia de usuario, la percepción de calidad, se mide todavía más por la voz que por los datos.

Exactamente. Con la voz, lo que esperamos es que la calidad sea la misma que en esta conversación, y como no es así nos mosqueamos.

¿Cuál es el negocio de Meru Networks en España?

Nuestro negocio se basa principalmente en verticales: educación, sanidad, sectores industriales, y es muy importante en retail, grandes superficies…

Pero no con los operadores.

Hablamos con los de todos los colores, y todos están haciendo algo. Hay oferta de soluciones femtocell, pero no deja de ser una transmisión UMTS o GSM dentro de un edificio donde no se consigue buena cobertura – y el cliente tiene que montarse el punto de acceso – cuando en la práctica ese mismo cliente ya tiene realmente una red Wi-Fi. Y la voz no llega a dar la calidad que todos esperan. Tratamos de mostrar a los operadores que WiFi es una solución también para la voz sobre IP. Lo mismo que puedo ir de Madrid a Valencia sin que se me desconecte el móvil, ¿por qué no podría pasearme por este hotel, o por otro que tenga WiFi de cuarta generación conectado a un operador?

La primera barrera sería la baja calidad de la voz, y la segunda sería el roaming, pero las dos cosas se combinan. Porque el roaming hace que el usuario perciba baja calidad.

O le eche la culpa al móvil, que no la tiene.

¿Cómo está el mercado?

Estamos en un mercado con crecimientos tremendos de demanda y de implantación. Personalmente, vengo del mundo del networking, he pasado 22 años en varias compañías, y en los dos años que llevo en Meru he comprobado que ahora todos los proyectos tienen un componente Wi-Fi, un gran componente Wi-Fi.

¿A qué se debe?

A mi juicio a tres cosas. Todos los usuarios quieren movilidad para acceder a servicios cloud, y esto requiere un nivel de virtualización de acceso y unas plataformas potentes, para que esos usuarios estén totalmente arropados a nivel de conectividad. O sea, las tres cosas son: movilidad, cloud y virtualización. Hoy son los drivers del mercado.


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