11/12/2014

IoT: no es oro todo lo que se conecta

Los números asociados a la Internet de las Cosas (IoT) son enormes: miles de millones de objetos interconectados y miles de millones de dólares en juego, y a la vez diminutos (sensores del tamaño de una partícula de polvo). Ambos extremos convierten a esta tecnología en un guión cinematográfico válido tanto para una película de ciencia ficción como para un ‘Ok Corral’ donde muchas organizaciones se están jugando su futuro: el duelo entre empresas tecnológicas y operadores de redes móviles. La consultora Rethink Technology se atreve a echar agua en el champán de estos últimos: “cada tipo de proveedor tendrá que afrontar sus propios desafíos en la IoT, pero ninguno más que los operadoes móviles”.

Es de recibo pensar que los operadores de redes móviles son los prestatarios naturales del acceso, servicios y aplicaciones necesarios para convertir la IoT en una realidad. Esta opinión se ampara en el fantástico trabajo realizado por estas compañías hasta lograr que miles de millones de teléfonos móviles se comuniquen entre sí y crear una industria de 1 billón de dólares a lo largo de un periplo todavía inacabado.

Pues bien, según el documento Beware the five myths of the Internet of Things, no parece que esos actores principales estén todo lo bien pertrechados que desearían para convertirse en los adalides de este gigantesco mercado: los operadores no estarían preparados para proporcionar la clase de conectividad que exigen las ‘cosas`; sencillamente porque esta es asimétrica. La tesis de los autores se explica así, mientras los teléfonos llaman a sus pares, la M2M (machine-to-machine) es actualmente un territorio sin mapa: M no conecta a M, sino a una base de datos, algo muy diferente al mundo P2P que bien conocen los operadores móviles.

Esto no es una negación de los 5.000 millones de conexiones con un ingreso medio por usuario de 155 euros, cifra que se vería reducida a unos insignificantes 3 a 5 euros en el universo IoT. Todo lo contrario, es una afirmación sin duda incómoda, pero que vale la pena leer con detenimiento. Rethink Technology se propone ´deconstruir` cinco mitos que gravitan sobre el concepto y el análisis posterior del amasijo del que pueden (y podrán) alimentarse los operadores.

Mito 1: IoT es una novedad. No. La telemetría, el control de procesos industriales (SCADA) o el intercambio de información M2M tienen más de treinta años de historia y seguirán constituyendo el mayor respaldo a los modelos de negocio rentables basados en la IoT. Esto conlleva la escasa importancia de los consumidores finales para la consecución de una IoT monetizable y, como consecuencia, uno de los mayores problemas para los ellos.

Las cifras del estudio son por lo menos llamativas. Este año, solo el 15% del total de ingresos IoT provendrá de aplicaciones específicas de consumo y, aunque este porcentaje se duplicará para finales de 2018 (29%), el montante de negocio en el seno de los mercados verticales (red eléctrica inteligente, ciudad inteligente/transporte, seguimiento de recursos, petróleo/gas, fábrica inteligente, seguimiento de flotas, seguridad), seguirá siendo mayoritario.

Mito 2: Se trata de relojes y gafas. Como en el caso anterior, muchas de las aplicaciones más prometedoras y rentables de los wearables se encuentran en el ámbito de los sectores verticales. Y a menos que uno sea un desarrollador o un inversor de riesgo, las oportunidades de beneficio más atractivas subyacen en los cientos de tipos diferentes de dispositivos – no wearables – que se conectarán a la IoT: vehículos, farolas, semáforos o cartelería digital, entre otros muchos.

Es decir, según el estudio, coordinado por Caroline Gabriel, que el verdadero potencial económico no se centrará en los gadgets de moda, sino en las plataformas de software y en el desarrollo de nuevas aplicaciones industriales.

Mito 3: Será una red unificada. Nunca Internet se ha sustentado en una red única y no hay una sola razón para que esto se produzca en el caso de la IoT. Esta gran telaraña acogerá dispositivos conectados con diferentes prioridades: necesidades de gran ancho de banda (vídeo del futuro), requerimientos de movilidad (plataformas in-car), ultra-low power (ciudad inteligente) y otras por imperativo de bajo coste. Algunos necesitarán soportar ratios bajas de datos o usos ocasionales. Habrá enlaces de corta y larga distancia para conexiones a gateways y servidores en la nube: solo en la capa física inalámbrica están disponibles wifi, LTE, GSM, Bluetooth, ZigBee, UNB, Weighless, 802.22, Z-wave y otros candidatos emergentes, con sus diferentes fortalezas y debilidades.

Mito 4: Es la última ola de Internet. La IoT conecta el mundo físico a Internet, pero esto no significa que cada dispositivo esté directamente conectado a la Red. En realidad, la mayoría lo harán a un hub (como un smartphone en el entorno del consumidor), el cual dispondrá de un enlace directo a Internet vía una conexión de banda ancha como LTE, por ejemplo.

A partir de aquí, uno de los desarrollos más interesantes radicará no tanto en la tecnología de conexión, como en la habilidad para gestionar grandes volúmenes de dispositivos, desarrollar aplicaciones y facilitar la analítica de datos. Algo muy diferente al modelo tradicional de negocio de los operadores, basado en el enlace directo entre un dispositivo e Internet.

Mito 5: Los modelos celulares se adaptarán con rapidez a la IoT. Por lo visto hasta ahora, el negocio se centra en una IoT donde las aplicaciones tradicionales M2M con cadenas de valor establecidas generarán más ingresos que las plataformas smartphone de los consumidores, donde no hay necesidad de una red única dominante y donde solo un subconjunto de cosas necesitará conectarse a Internet de manera permanente (como señala el estudio, unos pírricos 2.000 millones sobre la fabulosa cifra de 50.000 millones, en 2020). En esta situación, ¿cuál es el papel reservado a los operadores de redes móviles?

El informe afirma que el “mayor de los mitos consiste en la suposición de que las redes de área amplia de los operadores inalámbricos los situarán en la pole para alcanzar los mayores beneficios, pero hay varios factores que contradicen esta presunción”.

Algunos de esos factores se relacionan con la red en sí misma. Las características de los datos IoT no se combinan bien con LTE y será improbable que lo hagan hasta la release 13 (a completarse en 2015). Por su parte, GSM es una poderosa red para M2M con baja trasferencia de datos, pero no se ajusta a las nuevas aplicaciones de alta capacidad. Además – opinan los autores – muchos de los servicios potencialmente lucrativos para las redes IoT son extremadamente sensibles a cuestiones de seguridad y privacidad, lo que llevará a sus proveedores (utilities, organismos de seguridad pública o sistemas de seguridad en el hogar) a demandar segmentos de red altamente seguros y separados de la red convencional, incrementando el gasto y reduciendo el ROI del operador.

Por otro lado, wifi será la tecnología dominante para conectar muchas ‘cosas’ a Internet, junto con otras tecnologías de menor rango que las enlazarán entre sí y con los usuarios (Bluetooth, ZigBee, etc.), lo que abrirá el camino a operadores no licenciados tales como organismos públicos, proveedores over-the-top como Google, fabricantes de dispositivos y startups que ofrezcan conectividad.

Otros factores tienen que ver con los modelos emergentes de negocio y de espectro. La IoT será un mercado donde prenderá la idea de asignación dinámica de ancho de banda, favoreciendo la aparición de nuevos tipos de proveedores de acceso que alquilen espectro cuando lo necesiten (por ejemplo, mediante la utilización de un marketplace como BandwidthX). Algo que se ajusta especialmente a operadores en mercados verticales, que deseen proporcionar acceso de manera discontinua (por ejemplo, para eventos específicos o durante determinadas horas del día).

Se producirá también la aparición de operadores específicos de IoT, que actuarán como una suerte de MVNOs (Mobile Virtual Network Operators) sobre espectro LTE o mediante la utilización de fuentes de ancho de banda tales como wifi o UNB (ultra-narrowband), tal y como están haciendo Sigfox en Francia y Senaptic en Reino Unido.

Con todos estos factores en mente, el informe identifica una notoria disparidad entre lo que los operadores móviles esperan cosechar de los servicios IoT en los próximos años y la probabilidad real en cada una de las cuatro grandes capas de ingresos posibles: conectividad, plataformas de gestión, analítica y aplicaciones (ordenadas de mayor a menor volumen de ingresos).

Para los autores, habrá un botín cercano a los 60.000 millones de dólares a repartir entre todo tipo de proveedores de servicios, en 2018, cifra que lógicamente difiere de otras fuentes. A pesar de la enorme competencia, los operadores móviles acapararán la cuota más grande de ingresos de acceso IoT en esa fecha, un 35%, aunque la conectividad supondrá sólo el 10% del total de ingresos por servicios IoT. Para ganar una porción mayor del trozo más grande del gran pastel de servicios IoT – gestión y provisión de servicio – tendrán además que competir, fundamentalmente con proveedores expertos basados en cloud. Incluso ganando, sólo se apoderarían de un 20% de los posibles ingresos. Y la situación se antoja aún peor en las capas de ingresos por analítica y aplicaciones.

Los grandes operadores pretenderán incluir esas dos actividades en sus carteras de servicios IoT. Hay ciertamente aspectos de big data donde deberían sobresalir, dada su experiencia en la recogida de datos detallados acerca de un gran número de clientes, sus actividades y cobros. Sin embargo, como afirma el estudio, “sus intentos por aplicar big data y analítica a la gran masa de datos IoT están en etapas primarias. Los operadores clásicos tienden a tratar con un número limitado de consumidores y a analizar sus datos, lo cual está lejos de ser el big data sobre miles de millones de cosas”.

No obstante, su mayor oportunidad subyace en la convergencia de analíticas de datos de los clientes y de la red en sí misma. Algunos operadores están empezando a construir sistemas que combinan ambos tipos de inteligencia, por ejemplo, identificando cuándo un cliente ´platino` está en un área congestionada y realizando proactivamente acciones para mejorar su calidad de servicio. Tales enfoques son aún inmaduros y deberían adaptarse a un gran número de puntos terminales de la red, pero muestran el camino que llevará a los operadores móviles a forjarse un rol más importante en IoT utilizando las fortalezas de sus redes, la única pieza del rompecabezas sobre la que tienen control.

La mágica combinación de inteligencia de red, big data y sistemas BSS/OSS (soporte a la operación y al negocio) es el futuro de los servicios móviles para empresas y usuarios finales en un escenario IoT.

Sin embargo, los grandes actores web y cloud siempre estarán al acecho. Si el secreto del éxito de IoT se encuentra en la convergencia de analíticas big data, el seguimiento de la actividad del usuario y de las aplicaciones atractivas para cada segmento, el nombre que primero aparece en a la mente no es Vodafone o AT&T, sino Google con su combinación de Android Wear, Glass at Work, DeepMind y Google Now, y esto sin mencionar su reforzado interés por las cosas en sí misma, tras la adquisición de Nest. Otros actores importantes ensamblarán arsenales similares, pero puede que la lista de activos de Google resuma en pocas palabras el problema real para un operador móvil convencional en el entorno IoT.

[informe de Lola Sánchez]


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