28/08/2015

Intel, una pirueta buscando el crecimiento

Se puede decir que los muy cortejados desarrolladores tienen ahora una oportunidad para crear múltiples nuevos productos gracias a las herramientas que les ofrece Intel con el fin de facilitar su trabajo. Al menos, este fue el mensaje que transmitió el primer ejecutivo de la compañía, Brian Krzanich, ante el Intel Development Forum (IDF) que se celebró en San Francisco del 18 al 20 de agosto. De hecho, este es un cambio de enfoque de la compañía, coherente con el nombre del evento. Responde a la manifiesta necesidad de vender más componentes de silicio fuera de su ámbito tradicional, que controla desde hace décadas pero cuyo crecimiento se ralentiza. Esta ha sido el primer rasgo del evento.

El mercado de PC seguirá creciendo, como mucho, a medio gas, el de tabletas ha perdido su aura e incluso los smartphones – en los que por fin Intel se está abriendo hueco – atraviesan un vado. Quedan los datacenter, el mejor negocio para Intel, pero tampoco las tiene todas consigo. El crecimiento de los ingresos debería venir de los chips que coloque en los nuevos dispositivos y sistemas que la industria desarrolle en los próximos años.

El IDF se celebra cada año con dos ediciones: a finales del verano en San Francisco y a principios de primavera en China y funciona como el gran escaparate de los proyectos de Intel a corto y medio plazo, y para dar a conocer sus avances en herramientas de desarrollo. En esta ocasión, por lo antedicho, se ha centrado más en la segunda función y no tanto en sus procesadores.

Durante la conferencia inaugural, Krzanich evitó la consabida letanía de que las TIC están por todas partes, pero se permitió insistir en que lo que está cambiando es la experiencia de los usuarios: «la personalización de los dispositivos hará que se creen y se vendan muchos productos específicos que darán una nueva dimensión al mercado». Ahí estuvo la clave del evento. O una de ellas, si se quiere.

Ciertamente, los productos estandarizados – ordenadores de sobremesa o portátiles, tabletas y smartphones – no desaparecerán, pero a su lado surge un mercado completamente nuevo de productos y aplicaciones, que complementará al actual sin sustituirlo y, naturalmente, debería adquirir un peso importante en los negocios. Esta es la visión oficial de Intel, no completamente nueva pero con un énfasis más fuerte que en ediciones anteriores del IDF. En la de agosto ha quedado claro que Intel no está dispuesta a que se le escape ninguno de esos negocios, llámense Internet de las Cosas, wearables, cloud o big data, sin olvidar la eterna asignatura pendiente de la industria, el smart home. Y para todo eso necesita socios. No los OEM de toda la vida, a los que tiene más o menos controlados, sino otros que ahora mismo están surgiendo alrededor del mundo.

Durante las sesiones plenarias del IDF de San Francisco, Intel habló sólo lo justo de su sexta e inminente microarquitectura de procesadores, conocida como Skylake. A diferencia de ocasiones anteriores, en las que las futuras generaciones de procesadores eran el plato fuerte del menú. Se veía venir, de todos modos, porque el pasado julio Krzanich dejó caer en una conferencia de analistas la idea de que el ritmo de miniaturización de los chips podría ser más lento en los próximos años. Muchos entendieron que el CEO de Intel se descolgaba tímidamente del dogma de la llamada ley de Moore. Pero no tiene por qué ser así: ¿y si sólo quería señalar una inflexión?

Krzanich basó el desarrollo futuro de la personalización del ordenador en tres grandes supuestos. Primero, en su ´sensificación`, lo que significa que todos los sentidos del individuo, particularmente la vista, el oído y el tacto serán críticos para los nuevos usos del nuevo hardware. Segundo, todo será más inteligente y conectado, con el «universo de posibilidades» (sic) que esto promete. Por último, el ordenador, definido en su acepción más amplia, se convierte en apéndice indispensable e inevitable del usuario.

El CEO de Intel citó varios ejemplos para ilustrar lo que quería decir: desde un robot para la fábrica o el hogar, una máquina expendedora de todo tipo de productos, o un brazalete que da órdenes y sirve como sistema de identificación. Estos futuribles, presentados con simpatía y espectáculo, no estarán necesariamente basados en la arquitectura x86 ni en los microprocesadores Core, sino que funcionarán (funcionan ya como prototipos, y como tales se mostraron) con diseños y arquitecturas específicas, que requieren herramientas de desarrollo per se basadas en estándares de la industria. Lo que Intel pretende es fácil de colegir: fabricar y vender esos chips específicos, expandiendo su catálogo. Esta es una de las razones de su reciente y costosa adquisición de Altera.

Un elemento que permite entender esa intención es el módulo Curie, del tamaño de un botón pero que es un sistema completo, con procesador, sensores y conexión IP y Bluetooth integrados y miniaturizados. Curie permite, por ejemplo, monitorizar en tiempo real todos los pasos y movimientos de un deportistas o de una pelota de golf, con un mínimo consumo de energía.

Una de las tecnologías genéricas que Intel ha desarrollado es Real Sense, que ha ampliado con nuevas posibilidades. En el área de sonido, está SmartSound, que permite que el aparato «escuche» y pueda producir una conversación «real». También ha reducido considerablemente la latencia – tiempo que el aparato tarda en responder – con lo que la conversación es más dinámica y aprovecha mejor las funcionalidades de Windows 10, que hoy por hoy es insoslayable como sistema operativo. Otro ejemplo de la bendita «sensificación» es la posibilidad de grabar en menos de 30 segundos imágenes en 3D, combinando el proyecto Tango de Google y la tecnología Real Sense de Intel. En el IDF de San Francisco se vio una demo de un prototipo de smartphone que integraba esta tecnología.

Otro apartado, en principio de gran porvenir, es el de los juegos, gracias a las funciones ampliadas que proporcionarán los sensores y que permitirán al usuario participar en el juego como protagonista y con extraordinario realismo. Un producto que se espera esté disponible en el primer cuarto de 2016 es la cámara Twitch Con, que funde los entornos real y virtual del jugador. En la otra gran área de expansión actual, los wearables, el CEO de Intel puso como ejemplo un brazalete de seguridad, según él próximo a ser comercializado: sirve para autentificarse como usuario de un dispositivo sin necesidad de contraseña. Es seguro, según la demostración, porque si otra persona se pone el brazalete, el truco no funciona.

Para Intel, el desarrollo de estas áreas de expansión de su ´ecosistema` es absolutamente vital. Conviene extenderse sobre el contexto económico que explica la pirueta de la «nueva» Intel. En la primera mitad del año, sigue siendo el primer fabricante de semiconductores, con ingresos de 23.578 millones de dólares, seguido por Samsung con 19.637 millones; en tercera posición aparece TSMC – que sólo fabrica para terceros – con 13.624 millones, todo ello según IC Insights. Lo llamativo es que Intel creció un 3% mientras Samsung lo hacía en un 10% [de hecho, fueron los dos únicos fabricantes cuyos ingresos crecieron].

Visto en su conjunto, el mercado de semiconductores se incrementó el 1% en el primer semestre, con una facturación total de 128.000 millones, de los que seis fabricantes [los tres citados más SK Hynix, Qualcomm y Micron] acapararon casi el 60% del total mundial. Está fácil entender que esta industria clave necesita buscar mercados más allá de los usos actuales de sus productos. Porque si fuera por estos, difícilmente crecerían en los próximos años, pero tendrían que acometer cuantiosas inversiones. Y esto, ay, empieza a incomodar a sus accionistas.

Aunque la visión global de Intel sea certera, no significa que sea sencilla de llevar a buen fin. Para vender chips hay que encontrar clientes que fabriquen ´cosas` que se vendan mucho y que tengan un margen rentable para que el valor de los componentes no se venga abajo por la presión de la competencia. En este sentido, la estrategia de Intel de enseñar a pescar en vez de vender lo pescado (Lao Tsé) es muy interesante. Sobre todo si se expresa en herramientas de desarrollo y en tecnologías que tengan sentido, que estimulen la demanda. Porque, de lo contrario, no habrá real sense que valga.

En los 50 años de vigencia de la ley de Moore, Intel ha seguido casi a rajatabla una secuencia conocida como tic-tac [en inglés tick-tock] para marcar el ritmo de sus procesadores. Tic se refiere a la reducción en la densidad del proceso de fabricación de un chip [pasó de 32 nanómetros en 2010 a 22 nm en 2012 y a 14 nm en 2014]. Deliberadamente, cada tic correspondía a los años pares, y en los impares se mejoraba el diseño y arquitectura interna (tac) sin cambiar de tamaño. Esta cadencia bienal se ha venido respetando, pero en julio insinuó que últimamente ha estado más cerca de los dos años y medio que de los dos años, y que podría alargarse en el futuro.

Este antecedente ha hecho que en el IDF de este año se hablara de una nueva estrategia: tic-tac-tac, lo que significa que habrá casi seguramente dos mejoras (dos tac) de la arquitectura interna antes de proceder a una reducción de su tamaño (tic) con lo que el paso a los 10 nanómetros debería esperar a finales del 2017, año impar. Se espera un tercer producto de 14 nm, conocido en clave como Kabylake, que debería salir hacia mediados de 2016 y será una mejora de la microarquitectura Skylake, ahora mismo a punto de aparecer en el mercado. De confirmarse el retoque de la hoja de ruta, la siguiente generación de 10 nm, en clave Cannonlake, se retrasaría a mediados de 2017 como mínimo, cuando en el esquema anterior se la esperaba doce meses antes.

Se entiende así que Intel no mostrara este mes gran interés en fijar el calendario de las próximas arquitecturas Core y, en cambio, se centrara en explicar las enormes posibilidades que tiene la actual y en dar a conocer múltiples herramientas que pone a disposición de los desarrolladores para que estos innoven en aplicaciones que generen nuevos productos finales.

[informe de Lluís Alonso]


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