19/04/2012

Entre Cisco y Huawei, más que palabras

John Chambers puso mucho cuidado en evitar que sus palabras se entendieran como un ataque a China (al fin y al cabo es un mercado apetitoso), pero su diatriba contra Huawel resonó como un eco de las acusaciones vertidas en Washington contra la compañía que hoy es para Cisco un adversario tanto o más peligroso que cualquier otro. Ocurrió en una conferencia organizada por el Wall Street Journal, y la pregunta de un periodista originó la respuesta. Huawei, dijo Chambers, “no siempre respeta las reglas de juego en materias como propiedad intelectual y seguridad”. Sin ir más allá, el CEO de Cisco sugirió que “las empresas y los gobiernos saben en quién pueden confiar y dónde están los riesgos”.

John Chambers

John Chambers

Un portavoz de Huawei reaccionó de inmediato: “el comentario ha sido muy desafortunado. Respetamos mucho a Cisco, pero contra lo que se ha dicho, Huawei es una empresa que merece confianza; con más de 50.000 patentes, está presente en 140 países y tiene entre sus clientes a 500 operadores que prestan servicio a medio billón de usuarios en todo el mundo”.

Campo y contracampo, pues. La hostilidad es manifiesta, y desde luego no es nueva. En un argumentario distribuído internamente, Cisco sostiene que “imitación no es innovación: nosotros invertimos 5.880 millones de dólares en I+D durante 2011, el 13,4% de nuestros ingresos; Huawei invirtió 3.880 millones, el 11,8% de los suyos”. Es de lo más suave que puede leerse en el texto, reproducido por medios online de Estados Unidos: “el número de patentes no equivale a innovación, ni en nada mejora la comprensión de las necesidades de los usuarios”. Comparada con Huawei – añade – Cisco tiene siete veces más ingenieros de soporte, y 20 veces más ingenieros dedicados al servicio de sus clientes”. Y en el mismo plan: “Gartner sitúa a Huawei casi en el fondo de su ranking en lo que concierne a servicio y soporte”.

Hace tiempo, en una conferencia de analistas de septiembre del año pasado, Chambers identificó a HP y Juniper Networks como los principales competidores de Cisco en su negocio principal, los equipos para redes corporativas. Siete meses después, Huawei ha pasado a ser el mal absoluto. La explicación podría estar en la campaña que ha lanzado la compañía china, de captación de partners de Cisco para comercializar sus productos en Estados Unidos y Europa. Claro que tiene dónde pescar: Cisco cuenta con unos 12.000 partners certificados, y esta condición suele ser suficiente para que Huawei les abra sus brazos.

“Huawei tiene una arraigada cultura de usar los partners y luego dejarlos tirados”, advierte el documento interno que los empleados de Cisco son invitados a aprender como un credo. Aún hay más: “[Huawei] tiene por costumbre regalar servicios con tal de ganar contratos de hardware, reduciendo las oportunidades de negocio de los revendedores […] Sus productos pueden ser baratos a corto plazo, pero tienden a salir muy caros a la larga”.

Esta vehemencia, inusual en Cisco y en John Chambers, no pasaría de ser un incidente verbal entre dos competidores, si no fuera porque llueve sobre mojado. Huawei ha sido a menudo cuestionada en Estados Unidos por asuntos tales como la falta de transparencia (no cotiza en bolsa ni parece tener intención de hacerlo), la seguridad de su hardware y, a veces, sospechas de estar conectada con el ejército chino. Una y otra vez, la acusada ha desmentido esas acusaciones, calificándolas de infundadas, y ha reclamado al gobierno estadounidense una investigación exhaustiva al respecto.

En pocos años, Huawei se ha izado al segundo puesto en la tabla de proveedores de infraestructura para operadores de telecomunicaciones, favorecida por la adopción de la cuarta generación móvil LTE. El esfuerzo de Huawei por implantarse en el mercado de Estados Unidos no cesa: sus ventas en el país ascienden a 400 millones de dólares anuales, pero los grandes operadores se han abstenido de asignarle contratos.

La estrategia de Huawei pasa por apoyarse en esos éxitos para penetrar el mercado de las redes corporativas y, en esta medida, choca frontalmente con Cisco y otras compañías del sector.

Sucesivamente, ha visto frustrados sus intentos de adquirir 3Com [al final se la quedó HP] por la oposición de un organismo federal, CFIUS, y en febrero de 2011 le fue denegada la autorización para comprar la empresa 3Leaf, especializada en virtualización. El presidente de su filial norteamericana, Ken Hu, publicó entonces una carta abierta para reclamar “un trato justo en la tierra de la libertad”. De vez en cuando, algún lobby parlamentario esgrime en su contra la presunción de que sus productos contienen “puertas traseras” con fines de espionaje. Symantec decidió este año deshacer su sociedad común con Huawei por temor a que se vetara su acceso a información sensible que necesita para mantener su condición de líder del mercado de seguridad.

El episodio más reciente ha sido la invitación a participar en las pruebas de actualización a LTE de la red pública que presta servicios de comunicaciones a la policía, los bomberos y el personal paramédico. La invitación fue retirada tras las protestas de un senador republicano.

Llamativamente, Huawei ha convocado para la semana próxima en su sede de Shenzhen una conferencia de analistas, con invitación a la prensa internacional. Se presume que en la ocasión replicará a las críticas exponiendo su estrategia y, posiblemente, con alguna concesión que le alivie de tan complicada situación. Pero en la guerra de los mercados, que es la que importa, la línea del frente es irreversible, y no parece que haya apaciguamiento posible.


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