19/09/2012

En los smartphones como en el tango: para dos

Es chocante, pero no exagerado, afirmar que en esta carrera sólo hay podio para dos. Desde el punto de vista de los sistemas operativos, Google/Android y Apple/iOS acumulan el 82,9% del mercado mundial [64,1 + 18,8 respectivamente]. Y si se mira el ranking mundial de marcas, resulta que Samsung y Apple se llevan el 49,5% [32,6 + 16,9] del total, según los datos de IDC del segundo trimestre. Más atrás, el pelotón. Cinco años desde la aparición del iPhone y cuatro desde el primer Android, en 2012 se despacharán 387 millones de androides, y en 2013 otros 451 millones para cruzar la línea de los 1.000 millones acumulados. A este paso, iOS tardaría dos años más para llegar a esa cifra.
Los datos anteriores, recogidos de diversos estudios, muestran sólo una de las caras de la consolidación de este mercado: dos plataformas triunfan y cuatro languidecen. La otra cara es el ascenso de Samsung al primer plano, en detrimento de sus presuntos aliados de bando. Recuérdese que en octubre de 2008, el primer smartphone Android salió al mercado con el poco inspirado nombre de G1, fabricado por HTC. No despertó mucho entusiasmo, pero abrió el camino para que este fabricante taiwanés se convertiera en líder de facto de la escudería patrocinada por Google, renunciando de paso a su historial previo como aliado preferente de Windows Mobile.
La primacía le duró a HTC hasta el año pasado, cuando inició un declive paralelo al impetuoso ascenso de Samsung, que en la primera mitad de 2012 ha despachado unos 60 millones de smartphones Android, dos terceras partes de su total de móviles en el período. Se entiende así por qué Apple decidió empezar por Samsung su amenaza de “guerra termonuclear” contra Google. Y también se entiende por qué Samsung Electronics atribuye a sus smartphones el 63% de su beneficio operativo, ahora que la televisión está de bajada.
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Un informe reciente de la consultora iSuppli afirma con rotundidad que “de hecho, Android se ha apoderado del mercado de los smartphones, y la ventaja sobre Apple tiene visos de aumentar: esperamos que el año próximo, 2013, alcanzará el hito histórico de los 1.100 millones de unidades acumuladas desde su lanzamiento en 2008”, dice el analista Daniel Gleeson. Esta opinión se ve corroborada por IDC, que no atribuye a las marcas ´no-Android` más del 20% del mercado mundial.
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Tanto a escala mundial como europea, el ascenso de Samsung ha sido espectacular de un año a otro. Ahora bien, si el desglose se aplica sólo al mercado europeo, resulta que la suma de Apple y Samsung representa casi dos terceras partes de los smartphones despachados en el período. Europa es también un escenario en el que las otras marcas de la alianza Android no entran entre las cinco primeras (a excepción de Sony, que ha ocupado el sitio que antes solía tener HTC).
[Notabene: las cifras de las varias consultoras que se ocupan de este mercado, y son muchas, no coinciden, porque aplican diferentes criterios; pero la tendencia que marcan sí coincide].
Ya se ha analizado en este blog el aparente duopolio Apple/Samsung en el mercado bursátil. Un rasgo interesante de esta dicotomía es que contrasta los dos modelos de negocio que rompieron la cadena de valor convencional en el sector. El acierto de Google ha consistido en ofrecer a los fabricantes una plataforma open source gratuita, con la expectativa de obtener ingresos a través de la publicidad y otros servicios; según dijo en febrero Andy Rubin, inventor de esta estrategia, Android es rentable, sin detalles. Frente a este modelo se alza otro, no menos exitoso, de Apple, que gana dinero controlando tanto el hardware como el software.
Pese a esta diferencia de enfoque, los dos rivales coinciden en otro aspecto que ha revolucionado el mercado y marcado la agenda de sus competidores: han creado, y gradualmente expandido, sus propios ecosistemas, con muy ligeros puentes como para no ser acusados de bloquear al adversario. Quiere decir que la competición ya no está dictada por el ciclo de diseño de hardware; en su lugar, se extiende la idea de que un smartphone es un hub para la oferta de experiencias de usuario, contenidos digitales y capacidades insospechadas que son aportadas por las aplicaciones. Es una buena razón por la que Samsung necesita seguir apegada a Android, sin por ello renunciar a su condición multiplataforma.
Quizá la mayor lección de estos cuatro años de competición entre iOS y Android es que los fabricantes están obligados a innovar y a diferenciarse. En este sentido, se ha señalado a veces que la “fragmentación” del ecosistema Android – las versiones del sistema operativo – entrañaría una debilidad frente al control ejercido por Apple. Los datos publicados indican que esa prevención estaba equivocada, y que Android crece mejor en la pluralidad. Con límites, como se verá.
Hace días se produjo un episodio, periférico pero revelador, de que también Android tiene necesidad de disciplina en sus filas. Acer, que no es un competidor reconocido en el mercado de smartphones, pero se adhiere a la alianza Android, estaba dispuesta a lanzar en China móviles basados en el sistema operativo Allyun – formalmente una variante de Linux – desarrollado por la empresa china Alibaba, su socio en esa aventura. Pero en el último momento, tuvo que echarse atrás, ante la amenaza de ser expulsada de Android porque, según Google, Allyum no es más que una copia de Android, apenas disimulada. Esta advertencia tiene en Acer una víctima fácil: no está escrito qué pasaría si otro fabricante intentase la misma jugada.
Las portentosas cifras de Android no bastan para enmascarar la necesidad de una mayor integración vertical en su ecosistema, y el peligro que se cierne de nuevas demandas de Apple debería facilitarla. De los fabricantes de su grupo, el que parece tener más clara esta necesidad es Samsung, que ha tomado buena nota de su litigio sobre patentes, y promete para febrero un nuevo Galaxy que será, en palabras de sus ejecutivos, “mucho mejor que el iPhone 5”.
En otras palabras, Samsung estaría preparada para cargar sobre sus espaldas una tarea que puede quedarle grande a Android, colectivamente: ir más rápido que Apple en la fase que separa el iPhone 5 de su sucesor; tiempo que, según la experiencia, debería durar unos 16 meses. Mientras no se demuestre lo contrario, Windows Phone tendrá que moverse si quiere ser un tercero creíble.


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