24/02/2016

El futuro de Qualcomm, atado a Samsung

A mediados de diciembre, el consejo de administración de Qualcomm decidió mantener la actual estructura de la compañía, desoyendo a los accionistas ´activistas` que reclamaban su partición. Una decisión crucial: desde aquel momento, Qualcomm ha multiplicado los anuncios de acuerdos estratégicos, joint ventures, cesiones de licencias y otras formas de cooperación en varias direcciones. De tanto frenesí viene el contrato con Samsung según el cual la empresa coreana se encargará de fabricar el sistema completo Snapdragon 820, diseñado por Qualcomm, con su tecnología de 14 nanometros. El comunicado ha sido parco en detalles pero tiene relevancia para la industria y, en consecuencia, para el mercado.

Steve Mollenkopf

Steve Mollenkopf

Porque Snapdragon 820 no es un chip cualquiera. Se trata de un SoC (System on a Chip) totalmente integrado que contiene todo lo que se necesita para que funcione un smartphone del más alto nivel, desde el procesador y las comunicaciones hasta la gestión de gráficos e imágenes. Basta con añadir a este SoC la pantalla, la batería, una cámara y la carcasa para construir, a decir de Qualcomm, el smartphone más avanzado de la actualidad.

Las prestaciones que ha dado a conocer Qualcomm cuando lo anunció son impresionantes: comunicaciones LTE el triple de rápidas comparadas con el anterior X10, doble rendimiento y eficiencia comparados con Snapdragon 810, 40% de mejora del proceso de gráficos y un procesador de imagen capaz de manejar hasta 24 megapixeles de 14 bits.

Gran parte de estos logros se deben a las mejoras introducidas por Qualcomm en el diseño de cada uno de los componentes integrados en el sistema. Pero, también, al hecho de que todo el conjunto está integrado. Los datos y las señales deben recorrer menos distancia dentro del mismo chip que si tuvieran que ir saltando entre diferentes piezas montadas sobre una misma placa. A menor recorrido, más rapidez y menor consumo de energía; un círculo virtuoso perfecto.

Qualcomm sólo diseña sus productos, por lo que necesita que alguien se los fabrique. Y no puede ser cualquiera, porque ha utilizado las reglas de diseño más avanzadas del presente, con una densidad de 14 nanometros precisamente para lograr el alto nivel de integración y prestaciones que se requería. Tradicionalmente, Qualcomm ha confiado en TSMC para la fase de producción, aunque en ciertos casos también Samsung ha actuado como contratista. Sólo habría otras dos posibilidades: Intel y e menor escala GlobalFoundries, fabricantes de semiconductores que trabajan con alto nivel de integración.

Se da la curiosa circunstancia de que, en paralelo al anuncio de que va a fabricar los Snapdragon 820, Samsung ha iniciado la producción masiva de la segunda generación de tecnología de fabricación de 14 nanometros, llamada FinFET LPP (Low-Power Plus). La anterior, de hace justamente un año y que ha servido para el procesador Exynos 7 Octa que lleva el Galaxy S6, era la FinFET LPE (Low-Power Early).

Con LPP, asegura Samsung, se consigue aumentar la velocidad en un 15% y reducir en la misma proporción el consumo de energía, con respecto a los parámetros de LPE. Al contratar a Samsung, Qualcomm se asegura que su mejor diseño se fabricará con la mejor tecnología disponible, de manera que el SoC final debería superar incluso los encendidos elogios mutuos que se dedican las compañías en sus respectivos comunicados. No se podrá evaluar realmente hasta verlo montado en un smartphone de serie.

Sobre las espaldas del nuevo SoC reposa un compromiso: restaurar la confianza en Qualcomm, un poco debilitada por el modelo anterior, el 810, del que desertaron algunos fabricantes. Dicen por ahí que Qualcomm se equivocó al usar los núcleos estándar de la arquitectura ARM, en lugar de personalizar sus diseños – como era su práctica – dentro de la licencia genérica de ARM. Esta política – probablemente dictada por los costes – le valió una competencia muy aguda por parte de Mediatek en ciertas gamas de productos. El Snapdragon 820, en cambio, se basa en la última generación de cores propios de Qualcomm, apodada Kryo, y nace sin más competidor a la vista que el Exynos 8 Octa. Intel está fuera de juego por errores ya antiguos.

Queda la importante cuestión del timing: el comunicado de Samsung dice que se espera que el Snapdragon 820 «esté en el mercado en dispositivos durante la primera mitad de este año». Sin más precisión, pero añade que el Exynos 8 Octa utilizará la misma tecnología LPP que el 820. Se podía deducir que el Galaxy S7, anunciado esta semana en el Mobile World Congress, llevaría el silicio de Samsung, porque ya estaba hecha la adaptación del diseño lógico a la fabricación del chip. Y también que, según los resultados reales de uno y otro, Samsung dejaría para más adelante decantarse por el suyo o el de Qualcomm.

Si las prestaciones y la eficiencia del Snapdragon 820 fueran tan espectaculares como asegura Qualcomm, puede ocurrir que la mayor parte de los smartphones de gama alta lo incorporen: da igual que sean de Huawei, Lenovo, Sony, LG o Samsung, porque el núcleo fundamental será el mismo. Si, en cambio, la diferencia entre el 820 y el Exynos 8 no fuera sustancial, la empresa coreana preferiría ser fiel a su creación.

De ahí el interrogante: ¿qué interés tendría Samsung en echar una mano a Qualcomm? En primer lugar, fabricando el 820 ganaría dinero, ya que su propia división de semiconductores no está tan boyante desde que ha tenido que compartir con TSMC el suministro de procesadores a Apple. Y si Qualcomm convenciera a Apple – lo que no se puede descartar – para el próximo iPhone 7, podría ser una fuente de ingresos adicional a la que los coreanos no harán ascos.

Pero la estrategia de Qualcomm con el Snapdragon 820 no se reduce a los smartphones. En la pasada edición del CES de las Vegas, el CEO de la compañía, Steve Mollenkopf, ya anunció la adaptación del diseño a los automóviles, que requieren más robustez y cumplimiento de normas más estrictas: los llamó 820A Y 820Am. También presentó Mollekopf la plataforma Snapdragon 212 para smart homes, una familia completa de modems 4G LTE para Internet de las Cosas, así como varios productos de redes de comunicaciones. La diversidad llega al extremo de un acuerdo con la farmacéutica Novartis para diseñar un inhalador conectado.

Según trascendió, Mollenkopf viajó a finales de diciembre a Japón para conseguir soluciones de radiofrecuencia mediante una joint venture con TDK, y de allí saltó a China para firmar un acuerdo de cooperación con la provincia de Guizhou para diseñar y fabricar procesadores para servidores, un mercado en el que la compañía está decidida a entrar. Hay que recordar, al respecto, que las relaciones entre Qualcomm y las autoridades chinas han pasado por un conflicto que a la compañía le costó mucho dinero. Así que lo aconsejable es pasar por el aro.

Tanta agitación tiene una explicación. Los resultados del trimestre cerrado en diciembre han sido inquietantes. La facturación cayó un 19%, hasta 5.800 millones de dólares, el beneficio operativo bajó un 18% y el neto un 24%. Sólo se salvó el cash flow, pero la acción no ha vuelto a los niveles de 2014. De todos modos, Mollenkopf ha asegurado a los analistas que los resultados de los próximos trimestres serán mejores, en parte gracias a la disponibilidad del Snapdragon 820.

La suerte de esta nueva familia de productos es esencial para las cuentas de Qualcomm. Pero conviene evitar un juicio unilateral: la compañía diseña muchos chips y goza de una envidiable cartera de patentes, aunque a veces su política de cesión de licencias le acarrea algún disgusto. No hay duda, sin embargo, de que su negocio más lucrativo es el suministro a los fabricantes de smartphones, antes con chipsets y ahora con SoC. Es este un negocio de márgenes a la baja, agravada por la desaceleraciòn del mercado, que se ha puesto en evidencia con los resultados recientes de Apple y Samsung.

De lo anterior se concluye que el 820 y el mantenimiento de las promesas serán cruciales para Qualcomm, que en el Mobile World Congress de esta semana ha echado el resto. La colección primavera-verano de smartphones de todas las marcas presagia interesantes novedades para los consumidores y algún quebraderos de cabeza para la industria.

[informe de Lluis Alonso]


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