17/05/2011

Chromebooks, sólo para creyentes

La otra gran novedad que Google despejó la semana pasada en su conferencia anual de desarrolladores, ha sido el anuncio de su primera generación de hardware basado en el sistema operativo Chrome OS, que no es sino un navegador Chrome que se autoejecuta en un ordenador castrado de sus atributos convencionales. Sergey Brin, cofundador de la compañía, ha verbalizado el fundamento de la ofensiva: según él, Windows – pero también Linux y Mac OS X – serían resabios del siglo XX, un modelo anacrónico, ineficiente y caro. “Hemos entrado en una nueva era de la computación: hasta ahora, la complejidad del software ha torturado al usuario; el modelo vigente está condenado”.

Sergey Brin

Sergey Brin

El voluntarismo de la frase no es nuevo en el pensamiento rector de Google. A pesar de las recientes incidencias de servicios cloud, como el apagón parcial de EC2 (Amazon), el de BPOS (Microsoft) o el sufrido en carne propia con el eclipse de Blogger durante más de 24 horas, la fe de Google en la nube es inconmovible. Y tiene argumentos: el alto coste del soporte del parque de PC inhibe a muchas empresas de renovar el hardware y el software: ¿la prueba? según los analistas, más del 50% de las empresas usan todavía Windows XP, un sistema operativo que ha cumplido diez años de edad.

El problema de Google es que con sus propuestas anteriores no ha conseguido abatir la barrera de desconfianza que suscita en los directores de sistemas, anclados en ese modelo que critica por obsoleto. Pero esta vez es diferente, o eso dice Brin. En la actual reanudación de su ciclo inversor en TI, las empresas se están replanteando muchas cosas, y en ellas pretende apoyarse el lanzamiento de Chromebooks.

En diciembre, Google distribuyó algunos miles de máquinas de prueba – entonces llamadas Cr-48 – que recibieron más críticas que elogios; sobre esa experiencia, ha corregido el tiro y cerrado un acuerdo con dos marcas de primera fila. A mediados de junio lanzará comercialmente dos netbooks en Estados Unidos y seis países europeos (uno de ellos España). Los fabricantes que acompañan el lanzamiento son Samsung y Acer, con sendos modelos capaces de iniciarse en 10 segundos y de seguir conectados (donde fuera posible); las aplicaciones y los datos estarán alojados en un servidor de Google, en el más puro estilo cloud computing. El input de datos externos se hará a través de un conector USB, y un gestor de ficheros se ocupará de que las aplicaciones web tengan acceso a esos datos.

Es lo que Sundar Pichai, VP de Google a cargo del proyecto, llama reiventar el ordenador: “puesto que sólo un mínimo de datos está alojado en la máquina, el usuario no está obligado a tediosas operaciones de backup ni a migraciones en el caso de cambiar el hardware”. En vez del modelo convencional, de aplicaciones instaladas, como Outlook, el usuario usará Gmail y, en lugar de Office, podrá usar Google Docs (o acaso Office 365, de Microsoft).

Se ha subrayado como debilidad del proyecto que la estricta dependencia del navegador limita lo que se puede hacer con un Chromebook. Si el usuario pierde la conexión – algo más usual de lo deseable – o no la tiene disponible (en un avión, por ejemplo), el netbook no puede funcionar en local; pero Pichai ha prometido que pronto estará disponible un procedimiento para trabajar offline. Por otra parte, si el usuario necesitara imprimir, tendrá a su alcance el servicio cloud printing, que básicamente confía esa tarea a un servidor para que la reenvíe a una impresora conectada a Internet, o a un PC convencional conectado a una impresora también convencional.

Los nuevos netbooks de Samsung y Acer se venderán en el comercio minorista, en Estados Unidos, entre 429 y 499 dólares, según tengan conexión wifi o 3G. Pero la fórmula realmente llamativa es el régimen de suscripción que propone Google a las empresas: 28 dólares mensuales por usuario durante tres años (1.008 dólares en total), más un plan de datos y una licencia de Google Apps (50 dólares anuales), incluyendo tres años de soporte y garantía y una herramienta para crear y gestionar una suerte de application store, con las empresas podrán provisionar automáticamente las aplicaciones a su personal. Completa la propuesta un acuerdo con Citrix, especialista en virtualización del desktop, que hará posible trabajar con aplicaciones en Windows alojadas en la nube.

Hasta ahora, los comentaristas se inclinan por el escepticismo. Entre otros puntos, se han señalado: 1) no parece estar prevista la sincronización de datos con un smartphone (ni siquiera con un Android); 2) la nube es todavía un concepto no bien aceptado; 3) podría ser una tentación para los hackers; 4) la experiencia de Google con el soporte de sus smartphones Nexus ha sido desastrosa; y 5), Google se arroga un poder fuera de control.

El analista Al Hilwa, de IDC, sintetiza esas opiniones en estos términos: “no tengo dudas de que las iniciativas de migración de aplicaciones y datos a la nube serán frecuentes, pero la transición será necesariamente lenta”. Esto no disuadirá a Google de predicar su fe.


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