19/12/2014

BT+ EE, work in progress

A menudo los titulares de prensa dan por cocinado algo que aún precisa horno. Por ejemplo, es breve pero no veraz escribir «BT compra EE». Lo que no significa que una de las dos vaya a echarse atrás, o que el novio desairado – Telefónica – vaya a a aparecer al final, como Dustin Hoffman o Hugh Grant en el cine. La oferta de BT, 12.500 millones de libras, es firme, pero el proceso será de largo metraje. La adquisición deberá pasar una due dilligence y ser aprobada por la autoridad de la competencia y el regulador Ofcom. Gervais Pellisier, número dos de Orange – dueña del 50% de Everything Everywhere – ha dicho que la operación podría no cerrarse hasta principios de 2016.

Según el diseño conocido de la operación, Deutsche Telekom – propietaria del otro 50% – se quedaría con el 12% de la futura BT y una plaza en el consejo, mientras Orange recogería fichas (preciosas para pagar la compra de Jazztel) y se conformaría con un 4% que no da derecho a silla. O sea que BT, so British so far, pasaría de pronto a ser el operador más europeo desde el punto de vista de la propiedad.

En el mejor de los casos, el impacto real de la absorción de los 24,5 millones de clientes de EE por BT no se notará efectivamente en el mercado hasta un año y medio después de iniciado el proceso. Es el tiempo de que disponen los competidores, básicamente Vodafone, para a) buscarle las vueltas intentando que el regulador Ofcom, de suyo quisquilloso, la condicione, y b) montar una contraofensiva. No parece que Telefónica esté por una actitud beligerante, pero en el segundo plano tendrá la opción de pelear por su sitio en el mercado británico o bien retirarse vendiendo O2.

Podría retirarse, claro está, pero este no sería un final lucido para el mandato de César Alierta: recortaría sustancialmente la deuda, pero pasaría a ser un grupo bastante más pequeño, no el operador global que quiere ser.

Recapitulando las últimas semanas: la primera pista la dejó caer José María Álvarez Pallete, consejero delegado de Telefónica, cuando sugirió que podría replantearse la estrategia en el mercado británico; a los pocos días, saltó la liebre de las conversaciones para que BT comprara O2. Fue en esa fase cuando Alierta aprovechó un viaje a Londres para afirmar que su auténtico proyecto era una alianza con BT, que adobó con dos adjetivos: estratégica y global. Por lo visto, Gavin Patterson, el joven CEO del ex monopolio británico, pensaba más bien en una compra de activos móviles en Reino Unido, razón por la que al final escogió EE, que tiene el número más alto de clientes, más espectro que nadie y el servicio 4G más extenso.

¿Quiere esto decir que Telefónica ha quedado descolgada? No hay que sacar conclusiones precipitadas. Quedaría como operador-sólo-móvil, pero la verdad es que Telefónica ya no quiere ser un operador móvil – en Reino Unido ni en ningún otro mercado – sino un operador ´convergente`, de manera que a partir de ahora, en lugar de quejarse, lo natural sería buscar otra alianza. Para esto, la mejor baza aparente sería asociarse con Liberty Global, el grupo del magnate John Malone, con operaciones de cable en 14 países. Sería un socio correoso pero aportaría presencia en los mercados británico (Virgin Media) y alemán, los dos más grandes de Europa.

Liberty Global es un ingrediente de muchas salsas. Hace unos cuantos años, Malone se dejó cortejar por Juan Villalonga, recién despertado del sueño de fusión triangular con BT (que entonces no era lo que es hoy) y la estadounidense MCI (que salió rana). Más recientemente, se habló de una asociación de Liberty con Vodafone, cuyos proyectos quad play tienen como punto flojo los contenidos audiovisuales (es lo que tiene Malone).

A esta altura, puede deducirse que Telefónica dispone de un año, como mucho un año y medio, para reconvertir O2 en un operador ´convergente`, capaz de dar batalla a BT y a Vodafone. Por el camino, se espera que el regulador Ofcom fuerce a BT a desinvertir; dependiendo de qué activos se trate, podrían interesar a uno u otro de sus competidores. Hay más posibilidades teóricas, pero el centro del tablero está ocupado por tres piezas con distinta movilidad. Vodafone podría reaccionar pronto: su CEO, Vittorio Colao, ya había advertido: «si BT entra a competir en móviles, nosotros ofreceremos banda ancha a los consumidores». Podría usar la fibra recibida de la compra de Cable & Wireless o bien negociar la compra del 39% de Rupert Murdoch en Sky. Las fuerzas competitivas se han desatado.

Este análisis llega así a un punto crítico. Fue en Reino Unido donde se inició la liberalización europea de las telecomunicaciones (con BT como víctima), y en Reino Unido se está empezando a cocer un nuevo modelo de regulación. Ya no está en juego la consolidación reclamada por todos los operadores móviles; el juego ha cambiado: lo que Europa no tiene es una regulación que tome en cuenta que esos operadores – en cualquier mercado importante – no aspiran a otra cosa que a ser ´convergentes`, lo que requiere una regulación que contemple no sólo las redes de banda ancha fija y móvil, sino también los servicios que combinan banda ancha y televisión. Hoy por hoy, cada una de las cuatro patas de los servicios quad play está regulada por separado, pero la oferta se empaqueta a la carta.

La nueva Comisión Europea ha sido pillada a contrapié: cuando parecía desperezarse para aceptar un marco de consolidación (de cuatro donde hay cinco, de tres donde hay cuatro) se encuentra con que no es eso lo que ahora espera la industria.


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