14/06/2019

Bosch muestra su arsenal de aplicaciones IoT

Tanto se había exagerado el potencial cuantitativo de Internet de las Cosas que tal vez se han perdido de vista otra dimensión, la cualitativa. El  grupo alemán Bosch declara haber conectado con sensores propios más de 10 millones de dispositivos, cifra que a algunos puede parecer corta: ¿no decíamos ayer que en 2020 serían miles de millones? La verdad es que 10 millones son muchos millones, sobre todo si se trata, como es el caso, de 250 proyectos en distintas áreas: desde plantas industriales a estaciones de recarga de coches eléctricos, desde tiendas minoristas a “inteligentes”, sin olvidar la agricultura, que ha resultado ser un inesperado filón para las aplicaciones de IoT.

No necesariamente son aplicaciones espectaculares ni fotogénicas; quizá sea mejor así. Porque todo proyecto de IoT tiene que pasar por el ciclo clásico: prueba de concepto, prueba piloto y puesta en producción, antes de alcanzar la escala esperada. Y no siempre cumplen con la expectativa, lo que también es bueno para que los usuarios se familiaricen con la tecnología.

Estas fueron algunas de las conclusiones de una conferencia organizada por Bosch en Berlín, a la que acudieron cinco millares de empresarios europeos, ingenieros y desarrolladores de aplicaciones (mayoritariamente alemanes, claro está). Bosch Connected World (BCW) ya va por su sexta edición, así que se pisa terreno firme. La asistencia sabe bien que IoT no es aquella tontería de la cafetera conectada sino una categoría muy seria, que puede mostrar resultados económicos tangibles, algunos de los cuales se vieron en Berlín.

Todo empieza por la base, un sensor, minúscula pieza digital – de variada complejidad – cuyo papel es recoger y enviar los datos generados por “la cosa”, sea esta un coche, una máquina, un instrumento de medición, a donde puedan ser procesados y analizados. El negocio de los sensores que permiten la comunicación constante de esas “cosas” a través de Internet no ha surgido de la noche a la mañana. Bosch puede presumir de liderazgo en la fabricación de esos sensores, gracias a la experiencia de años trabajando para la industria de automoción. En el evento berlinés, más de 80 empresas de distintos sectores exhibían sus experiencias y resultados.

El mensaje central de BWC fue este: “los sensores de IoT no sólo se van a comunicar entre sí, como hasta ahora, sino que harán negocios juntos. Fusionando los entornos físicos con los virtuales, vamos a hacer que la vida cotidiana sea más sencilla, este es el objetivo”. Así lo dijo en la sesión de apertura Volkmar Denner, consejero delegado de Robert Bosch GmbH.

Para que las promesas se cumplan, hará falta que los sensores puedan entenderse entre sí con los atributos de sencillez, rapidez y seguridad que les confiere su conexión a una plataforma. Bosch propone la suya, de naturaleza flexible y abierta, bajo un nombre austero, IoT Suite. Para que se llegue a la “economía de las cosas” que proclamó Denner, hace falta que esa plataforma pueda comunicarse con otras de las que empiezan a proliferar en la industria, cada cual de su padre y de su madre.

Por esto, tras invertir masivamente durante años en el desarrollo de un negocio basado en los sensores, Bosch está convencida de que la tecnología de cadenas de datos distribuidos, popularizada como blockchain, es la idónea para lograr que plataformas de distinto origen convivan e interactúen con garantías de seguridad sin por ello perder su «personalidad».

A menudo se identifica blockchain como base del bitcoin [mala recomendación, por cierto], pero Bosch considera que las DLT (su sigla en inglés) tienen la virtud de restaurar la confianza en Internet. En lugar de que los datos se almacenen y concentren, esta tecnología propone dispersarlos en distintos servidores de tal forma que su contenido no se pueda alterar y sea posible rastrear su historial o ´cadena de eventos`.

Blockchain no sólo facilita la comunicación con otros sensores sino que hace posible la formalización de contratos inteligentes. En el ámbito de la movilidad, por ejemplo, ciertos procedimientos rutinarios podría hacerse automáticamente, como cargar en la cuenta del conductor de un vehículo la tarifa por atravesar un peaje, aparcar o recargar la batería.

Estas estructuras distribuidas presentan, a juicio de Bosch, una  ventaja: en vez de que unos pocos suministradores de plataformas almacenen los datos, estos se dispersan en diferentes servidores de tal forma que no se pueden modificar pero sí rastrear su historial como una cadena de eventos sin posibilidad de alterarlo.

“Para lograr que los usuarios confíen en los ecosistemas digitales, lo que se necesita son plataformas abiertas y una red en la que aquellos tengan el poder de decidir por sí mismos”, sostuvo Denner. Porque, si los usuarios se sintieran cautivos de una plataforma determinada, el propietario de esta podría cambiar en cualquier momento los términos del contrato. Con esto se anima a más compañías a participar del negocio.

A instancias de Bosch, aprovechando la oportunidad, en las mismas fechas se celebró en Berlín el llamado Digital Trust Forum, con la participación de instituciones como el IEEE, Digital Europe, ETSI, Industrial Internet Consortium, Platform Industrie 4.0 y Trusted IoT Alliance. El tema central fue cómo construir y salvaguardar la confianza en los sistemas digitales, porque hay mucho en juego.

Fueron numerosas las aplicaciones exhibidas. Aunque variadas, el protagonismo correspondió una vez más a la movilidad, en particular las soluciones de servicio a vehículos eléctricos. Destacaba una que integra navegación y recarga, con la que los conductores pueden conocer con precisión la autonomía de que disponen, así como planificar paradas y reservas en las estaciones de recarga a lo largo de su trayecto; incluyendo la previsión de alojamiento y hostelería por el camino.

Un vehículo, sea eléctrico o no, puede durar quince años o más, lo que hace necesario que sus aplicaciones estén siempre al día, actualización de la IoT Suite se pueda hacer desde la nube a través de un smartphone con el indispensable cifrado. La conectividad de vehículo con otro y con su entorno (V2X) es un reto tecnológico complejo. Bosch coopera con la startup portuguesa Veniam en un software que gestiona la conexión buscando la mejor tecnología de transmisión disponible en cada situación y conmuta automáticamente entre una y otra cuando las circunstancias cambian sin perder la continuidad.

La seguridad de los vehículos conectados fue otro centro de atención en el BCW. El enfoque tiene que ser holístico y combinar distintas fases de la cadena de valor, subrayó Michael Bolle, chief digital officer del grupo. Una de las muchas filiales, Escrypt, desarrolla soluciones que cubren desde la fabricación del vehículo hasta los sistemas TI de  respaldo y de movilidad una vez vendido. En un plano conexo, pudo apreciarse Vivatar, solución presentada como “angel guardián” del automovilista porque detecta incidencias y lanza llamadas automáticas de emergencia, en cualquier carretera de Europa occidental. Esta tecnología se puede adaptar a vehículos antiguos que no estén equipados con sistemas eCall.

Otra interesante aplicación se refiere al ámbito medioambiental, en concreto a la medición de la calidad del aire, que no requiere de una estación fija (forzosamente cara) sino que consiste en unidades compactas desplegables en farolas o señales urbanas.

Es natural asociar IoT a la logística industrial. Rexroth, otra rama de Bosch, presentó un sistema de transporte autónomo capaz de mover cargas de hasta 260 kilos de una a otra instalación fabril, con carga y descarga automáticas y programables según los ciclos de entrega y consumo de materiales y piezas. El catálogo del grupo incluye ViPAS, un sistema de IA para inspección visual de calidad de componentes previa a su clasificación.

En materia de agricultura conectada, se vieron aplicaciones que controlan el grado de humedad y temperatura del nutriente y de la planta, que ponen en marcha o detienen los sistemas de riego, etc. Bosch se ha unido con el grupo químico Basf para desarrollar un sistema de vigilancia con cámaras que selecciona al detalle las áreas en las que emplear herbicidas para defender la cosecha.

En granjas lecheras, un sistema a distancia puede controlar el estado de la leche en los tanques y el funcionamiento de los sistemas de refrigeración. En definitiva, el objetivo de BCW – demostrar la variedad de posibilidades de aplicaciones reales ya existentes – se ha cumplido en esta edición 2019.

[informe de LluÍs Alonso]


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