28/11/2014

Barcelona pasa el examen de smart city

Gran éxito ha tenido el congreso Smart City Expo, celebrado en Barcelona la semana pasada. Muchos visitantes han expresado asombro por el número de participantes y de empresas expositoras. No es casualidad ni surge de un día para otro: en el índice mundial de ciudades conectadas, elaborado por Ericsson, Barcelona ha sido la única ciudad española reconocida este año por su elevado nivel de maduración en los proyectos urbanos que se consideran clave para ser considerada smart city. El ranking está una vez más encabezado por Estocolmo, sin que conste favoritismo por parte de los analistas de la empresa sueca.

En paralelo, se ha conocido otro estudio, también del ConsumerLab de Ericsson, en el que se analiza concisamente el comportamiento de los smart citizens de ocho grandes urbes: Pekín, Nueva Delhi, Londres, Nueva York, París, Roma, São Paulo, Estocolmo y Tokio. Son complementarios, y la correlación se apoya en el hecho de que los ciudadanos, en la medida en que tienen acceso a las redes, están mejor capacitados para tomar decisiones informadas que, a su vez, propician la ´inteligencia`de las ciudades en las que viven.

Vuelven a leerse frases conocidas: las ciudades dan cobijo a la mitad de los seres humanos de hoy, y en 2020 acogerán a siete de cada diez habitantes del planeta. 25 urbes son calificadas (y clasificadas) como megapolis y, para el cierre de la década ocho más se incorporarán a la lista. A la elocuencia de las cifras se añaden otras como su responsabilidad en el 75% del consumo energético global, y en el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero. O, lo asegura el McKinsey Global Institute, que las 600 ciudades más pobladas concentran la mitad del PIB mundial.

Las ciudades son el futuro. No los bosques ni las marismas. Pero, ¿qué futuro exactamente?, y ¿qué cambios deberían afrontar para convertirse en la tierra prometida para la humanidad? La mayor parte de los análisis coinciden: una gran urbe sin un plan maestro de TIC, camina sin brújula, y no llegará a ser relevante en el mundo globalizado. Se anhela contar con ciudades inteligentes, sí, con el marbete de las TIC bien grabado, pero cuyos ciudadadanos merezcan el adjetivo de inteligentes. Todo ello, por supuesto, sometido a la lupa de los criterios de sostenibilidad.

Los dos estudios de Ericsson combinan este cóctel de ideas. Networked City Index 2014, por un lado, Smart Citizens: how the Internet facilitates the smart choices in the city life, por otro. El primero establece un ranking de 40 ciudades en función de la interrelación de dos dimensiones, medidas cada una sobre tres vectores: 1) madurez de las TIC desde la perspectiva de inversión, 2) asequibilidad y uso y 3) el llamado TBL (Triple Bottom Line) que analiza parámetros socioeconómicos y ambientales. El modelo resultante clasifica los núcleos urbanos en clusters de rendimiento (alto, medio o bajo).

Es inevitable que estas premisas originen lugares comunes y redundancias en los estudios. Aun así, el mérito estriba en el esfuerzo por trazar una estrecha correlación entre el grado de madurez de las TIC de una ciudad y su desarrollo en los tres ejes TBL: el retorno de la inversión crece, conforme aumenta su nivel tecnológico, y no existe una vía única de evolución, por lo que las ciudades – inmersas en distintos estadios de madurez tecnológica – deben aplicar estrategias que las diferencien.

Se ofrecen tres predicciones acerca del futuro urbano. La primera afecta a la nueva categoría de ´ciudadanos inteligentes`: aquellas personas que impulsarán el progreso urbano y conseguirán alterar el balance de poder con los responsables municipales. Una segunda categoría se interrelaciona con el PIB, al asegurar que «conforme nos movemos hacia una economía de colaboración y de intercambio, las soluciones tecnológicas nos ofrecerán oportunidades para crear más valor con menos recursos y, en este sentido, se hará necesario ajustar [el cálculo] del PIB para que refleje valores importantes de una sociedad sostenible». La tercera y última se centra en el poder de la colaboración: las organizaciones conectadas del futuro serán más flexibles y eficientes gracias a esa virtud [por lo que] «los modelos vigentes de gestión de la ciudad evolucionarán, y esto supondrá cambios en la legislación y en la manera de gobernarlas».

Las cinco primeras ciudades conectadas en el índice 2014 (Estocolmo, Londres, París, Singaput y Copenhague) ya estaban en el quinteto del añó pasado, con la salvedad de que la capital francesa ha arrebatado el tercer puesto a Singapur. Como novedad, nueve ciudades se incorporan al raking este año: Berlín, Munich, Barcelona (en el octavo puesto), Atenas, Roma, Varsovia, Mascate, Abu Dhabi y Dubai. En resumen, diez europeas frente a tres del golfo y una del sudeste asiático.

El otro informe, en torno al concepto emergente de smart citizens, aporta algunos datos más precisos gracias a una encuesta entre 9.000 usuarios de smartphones en 9 países. Cuando los ciudadanos usan Internet para tomar decisiones inteligentes e informadas, las ciudades que habitan aumentan su nivel de interconexión sináptica, y en esta correlación se llevan la palma los usuarios de smartphones, porque… «la penetración de los smartphones es el indicador que mejor refleja la madurez TIC de una ciudad, y el más relevante en las puntuaciones alcanzadas en los vectores que conforman el TBL», glosan los autores.

Según el estudio, el 76% de los encuestados quiere sensores en espacios públicos, que les permitirían saber qué zonas están congestionadas y así evitarlas; el 70% desea comparar el consumo de gas, electricidad y agua con el de sus vecinos, para optimizar sus hábitos; el 66% espera tener el control en tiempo real de la calidad del agua que sale del grifo.

Además, los ciudadanos utilizan sus smartphones – por lo visto, el eje de la vida cotidiana contemporánea – para reducir sus preocupaciones acerca de su salud, los trámites administrativos y el tráfico. El 65% estaría dispuesto a usar diariamente un sensor de posicionamiento; el 68% vería con buenos ojos la identificación biométrica unificada para acceder a los servicios públicos y el 74% estaría de acuerdo con sistemas urbanos interactivos que les permitieran, por ejemplo, compartir el uso del coche y la bicicleta.

Hay que tomar nota de que por primera vez una ciudad española aparece en el Networked City Index, coincidiendo con la conferencia de la semana pasada. Tras una presentación bien documentada, el informe pasa a glosar la situación de Barcelona en los vectores definidos previamente.

En TBL Social, puntúa por debajo de la media, aunque los índices son buenos en salud, con alta esperanza de vida y baja mortalidad infantil. Termina afirmando que «la ciudad afronta muchos retos en materia de sostenibilidad social». El TBL Económico, afectado por la recesión, se coloca por detrás de la media, empujada por un PIB per cápita a la baja; aunque, eso sí, la competitividad económica de la ciudad «alberga posibilidades de futuro si se gestiona responsablemente». Otra cosa es el TBL Medioambiental, en el que la nota barcelonesa mejora al punto de situarse en la media de las 40 ciudades analizadas por Ericsson debido, precisamente, a unos bajos niveles de contaminación, emisiones de CO2 y a una gestión razonable de sus residuos.

En cuanto a las infraestructuras TIC, se dice que «están bien implantadas en algunas áreas», se cita «el desarrollo de un plan de fibra» y se valora como altas la velocidad de acceso a la banda ancha fija y la disponibilidad de acceso a redes móviles. ¿La asequibilidad? Alta, gracias al bajo precio del tráfico IP, pero las tarifas al usuario final están por encima de la media «lo que podría significar una baja competitividad para acceder a los servicios».

El vector de uso de las TIC es bajo si se compara con otras ciudades. Es alta la penetración de smartphones y tabletas, pero el uso de Internet entre la población es inferior a la media. El acceso por Internet a los servicios de la ciudad es «muy bueno», así como las aplicaciones de open data accesibles a los ciudadanos; disfruta de un nivel elevado en el uso de medios de pago electrónico. Se echan de menos las referencias a proyectos en marcha, de los que en definitiva va a depender la posición que ocupe Barcelona en las ediciones sucesivas del ranking.

Hay proyectos en Barcelona, y no precisamente coyunturales. En 2011, el ayuntamiento creó el departamento de Habitat Urbano, para agrupar distintas áreas de gestión municipal y facilitar una mejor coordinación entre ellos y con actores externos. Se pretende con ello encontrar sinergias entre los proyectos de ciudad inteligente.

Globalmente, Barcelona ha puesto en marcha más de 30 servicios de smart city. En cuanto a infraestructuras, el consistorio está inmerso en un proyecto para construir una red integrada sobre la base de las mallas existentes, una red de fibra óptica de más de 350 kilómetros, la red corporativa con banda ancha redundante que facilita enlaces de 1 Gbps, y una red wifi de titularidad municipal, con más de 500 nodos activos a finales de 2013.

Si este esfuerzo ha valido para atraer a unos 10.000 asistentes, venidos de 400 ciudades de todo el mundo, al congreso Smart City Expo, hay que esperar que valga para subir algún puesto en el ranking de Ericsson, aunque parece tarea imposible alcanzar a Estocolmo.

[informe de Lola Sánchez]


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