21/10/2013

A7 da indicios sobre el futuro de Apple

Aunque la imagen sugiera lo contrario, este texto no es un anticipo audaz sobre el iPad 5 que Apple presentará mañana, sino una crónica sobre el procesador A7, que con toda probabilidad estará dentro de ese iPad. En setiembre, cuando medio planeta estaba pendiente de un posible iPhone low cost, Apple dio un quiebro, dejó a los cotillas en blanco y presentó dos modelos: el modelo 5S y el 5C (que desde luego no es low cost). El primero lleva en las entrañas el A7. Con más de 1.000 transistores empaquetados, no es un componente que haga una gran aportación a un smartphone; más bien parece una inversión de futuro: en un año, todos los productos de la marca se habrían pasado a los 64 bits.

Hay quien equipara la transición a los chips móviles de 64 bits con el paso del 286 al 386 de Intel, que tardó cinco años en vender más que su predecesor. Apple podría lograr lo mismo con sus lanzamientos de 2014, lo que obligaría a los desarrolladores a migrar sus aplicaciones para no quedarse atrás. Podría hacer incluso más: una vez adaptadas a la nueva arquitectura, propiciar su interoperabilidad con OS X, con lo que crecería el interés de los departamentos IT por los productos móviles de Apple.

El A7, como su antecesor A6, ha sido diseñado internamente por Apple – con el concurso de Imagination Technologies – sobre la base de una licencia para ´tunear` la arquitectura ARM. Es el primer procesador ARM de 64 bits en salir al mercado. Apple controla férreamente su ´ecosistema` de software, por lo que puede explotar a fondo las características de iO7, habilitado para trabajar con instrucciones de 64 bits. Android todavía no ha llegado a ese punto.

Si las conjeturas de los especialistas se confirmasen, el movimiento de Apple podría tener mayor alcance todavía. El A7 estaría en condiciones de amenazar la vigencia de la ya debilitada plataforma Wintel, que ha tenido el monopolio del gasto corporativo durante tres décadas. Microsoft ya dispone de un sistema operativo Windows para tabletas que soporta los 64 bits, aunque por el momento no sea rentable. Samsung, tras sufrir retrasos con su procesador Exynos, ha confirmado que dará el salto a los 64 bits en su próximo Galaxy S5, esperado el año próximo. Pero esa transición de Samsung no sería de provecho si Google no actualizara su sistema operativo. Que se sepa, Qualcomm no trabaja en esa dirección: el Snapdragon 800 no sólo es más rápido que los anteriores de la familia, sino que soporta capacidades que no se habían visto hasta ahora en un smartphone.

Volviendo al potencial del A7: en lo concierne a las aplicaciones, se habrá creado una división en el mercado, porque el desafío coincide con las innovaciones del sistema operativo iOS7: los desarrollos hechos para los 64 bits no se ejecutarán en los terminales de 32 bits, y será necesario crear dos versiones de cada aplicación para evitar los problemas de compatibilidad. Además, en un principio, sólo los desarrolladores de videojuegos y de animaciones 3D se beneficiarían realmente de esta tecnología.

Por esta razón, una de las compañías más aventajadas por la iniciativa de Apple sería la británica ARM, cuyas acciones subieron empujadas por las primeras noticias sobre el A7. Fruto de la presunción de que esta arquitectura, en manos de Apple, podría incorporarse a los Macbook en el futuro. Uno de los beneficios de la arquitectura de 64 bits reside en que puede aprovechar 4 Gb de RAM, pero la verdad es que muy pocos smartphones llegan a tanto: de lo que se deduce que las versiones sucesivas del chip tendrían más sentido en un Macbook que en un iPhone. En todo caso, son especulaciones y experimentos sobre los que Apple no dirá nada.

Actualmente, los Macbook Air funcionan con el procesador Haswell, de Intel, y otros dispositivos de la marca llevan Core i5/i7 de la tercera generación. Pudiera pensarse que si Apple progresa tanto como sus más acérrimos seguidores intuyen, podría superar a Intel en rendimiento y en consumo, para llegar al mercado corporativo más exigente y dejando el resto a los fabricantes independientes.

La semana pasada, en la presentación de resultados de Intel, un analista preguntó a Brian Krzanich sobre esta cuestión, y la respuesta que recibió fue lo que un taurino llamaría ´una larga cambiada`: llevamos bastante tiempo trabajando con chips de 64 bits y estamos un paso o dos por delante de la industria, gracias a la próxima disponibilidad de la tecnología de fabricación en 14 nanometros. Esta fue la manera que encontró el CEO de Intel para aludir al hecho de que el A7 se fabrica con densidad de 28 nanometros. Recordó, además, que la densidad de transistores para tabletas que conlleva Bay Trail (a 22 nm) es superior a la del A7, cuya fabricación es compartida por TSMC y Samsung (esta sólo transitoriamente, al parecer). En cuanto al Haswell, destinado a portátiles, es aún más potente.

Por ahora, el mejor diseño de Apple se mueve en las mismas aguas que el Intel Atom, optimizado para bajo consumo y precio. Los productos más avanzados de Intel son mucho más rápidos que este tipo de SoC de bajo consumo. Para mantenerse a la altura, Apple tendría que invertir mucho dinero, pues el gigante de los semiconductores desarrolla SoC diferentes simultáneamente para varias microarquitecturas, entre ellas Silvermont, que se divide entre Bay Trail para tabletas y Merrifield para smartphones.

Al contrario que Intel, Apple no necesita dirigirse a un amplio elenco de consumidores ni soportar una variedad de sistemas operativos. Para la economía de un chip destinado a iPhone y iPad tiene sentido un diseño personalizado, pues las ventas de estos dispositivos se cuentan por docenas de millones al año, y no son tan caros de fabricar como un chip superior, pongamos de ordenador. El margen se estrecharía en este caso y tampoco sería muy sensato hacer el esfuerzo para unos dispositivos como los Mac, que con el tiempo quedarán relegados a un nicho de mercado, mientras que el iPad y el iPhone serán los dispositivos dominantes.

Hay otra cuestión relacionada con las tripas del último iPhone: el coprocesador M7 (no diseñado por Apple y fabricado por NXP) tiene como misión la recogida de información de los distintos sensores del dispositivo, y hacer de puente con el A7, liberándolo de trabajo mientras el coprocesador concentra las series de datos generados por sensoresde movimiento, que serían de gran utilidad si Apple decidiera pasar a la acción en ese nuevo campo que ha dado en llamarse wearable computing. Por ejemplo, el M7 serviría para una nueva generación de aplicaciones, tanto las de salud como las de coches, con funciones como control de movimientos y mediciones constantes. O, por qué no, para resarcirse de su papelón con los mapas, aplicándolos a la navegación por recintos de uso público.

[informe de Pablo García Bejerano]


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