5/07/2016

5Jul

¿Por qué querría Google lanzar un smartphone marca Google (o algo así) y estropear las relaciones con los fabricantes que se adhieren a su sistema operativo Android? Veamos el contexto. Es notorio que el mercado de smartphones ´desacelera a gran velocidad´: IDC pronostica para este año no más de un 3% de crecimiento en unidades, y la situación sería aún peor en ingresos y beneficios, puesto que el crecimiento se concentra en categorías y mercados ultracompetitivos en precio. Hay marcas – chinas e indias – mejor preparadas para aguantar esta circunstancia, otras se consolidarán o desaparecerán. Podría decirse que el mercado corre hacia su ´comoditización` irreversible, lo que significa que seguirá teniendo una enorme dimensión, pero será difícil ganar dinero en él.

Cuatro de cada cinco móviles ´inteligentes´ que se venden en el mundo son Android, pero esto es en cierto modo un espejismo: ese 80% sólo genera el 20% de los beneficios totales de la industria, y esta proporción es exactamente inversa a la que disfruta Apple, que sólo compite en la gama alta. Google se niega a aceptar la fatalidad de esa situación, y cree que puede contrarrestarla dotando a los Android – líderes globales, pero no de la gama alta – de una mejor experiencia de usuario, lo que requeriría monopolizar el control, desde el diseño a la fabricación y la distribución, del hardware. Sería, de ser cierto, un cambio radical de modelo: es tarde para imitar a Apple en su política de plataforma integrada, y la desventura de la compra de Motorola Mobility ha dejado huella.

Así creo entender la noticia según la cual Google se aprestaría a lanzar próximamente uno o más smartphones que no sólo responderían a su idea ortodoxa sobre lo que debe hacer el software de un smartphone, sino que serían diseñados internamente y fabricados probablemente por Foxconn [una empresa que el mundo conoce gracias a Apple, pero que no esconde su promiscuidad].

El primero en sugerirlo fue Sundar Pichai, CEO de Google cuando dijo que la compañía «invertirá más esfuerzos» en el desarrollo de smartphones, y los presentes entendieron que se refería a la serie Nexus, cuya producción ha sido encomendada a diferentes fabricantes. Pero también prometió ser más opinionated [traducible como obstinado o como dogmático] en sus relaciones con los OEM de la escuadrilla Android. Se puede interpretar de distintas maneras, pero una muestra de que va en serio ha sido la creación de una división de hardware, que será dirigida por Rick Osterloh, que fue director general de Motorola Mobility en su etapa como filial de Google, y ha vuelto una vez completada la transición tras la venta a Lenovo.

Hasta ahora, el objetivo de los Nexus no ha sido competir con las marcas que siguen la estela de Android, ni acaparar cuota de mercado, sino hacer las veces de escaparate para que los usuarios y la industria supieran cómo entiende Google que debe evolucionar Android. Se daba por seguro que el objetivo primordial era apoyar las actualizaciones del sistema operativo, una secuencia que los fabricantes han sido renuentes a seguir al pie de la letra. Cada marca desea, legítimamente, diferenciarse del resto, y una forma de hacerlo – sin perder el impulso de pertenencia a la familia Android – es ´mejorar` la experiencia de usuario. ¿Para disgusto de Google? Sí, pero también a los fabricantes les queda el resquemor de que Google les dejó solos cuando recibieron el ultimatum de Microsoft para pagar royalties por un sistema operativo que se suponía gratuito.

Los Nexus, digo, no han dado respuesta suficiente a este intríngulis. En parte, porque sus fabricantes se han apartado muy poco del diseño de sus propios modelos: el Nexus 6p (cosecha del 2015) es prácticamente igual al P8 de Huawei, y lo mismo ocurrió antes con el Nexus 5, casi una copia del LG G2. Al final, todo se reducía a fijar la ortodoxia del sistema operativo, porque un Nexus no dejaba de ser ´otro Android`. En el hardware, pocas diferencias.

La cuestión que se plantea ahora es múltiple. ¿Podrá Google diferenciar su propio hardware del resto del hardware que se vende con el señuelo de Android? ¿Cómo acogerán los usuarios un smartphone ´pata negra` de Google? ¿Van a apoyar comercialmente la jugada los operadores, convencidos de que Google tiene siempre una agenda oculta? ¿Cómo reaccionarán las marcas que durante ocho años han hecho el caldo gordo a Google vendiendo millones de smartphones Android? El tiempo responderá estas preguntas, y otras que no se me ocurren. Habrá tela que cortar


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