3/10/2017

3Oct

No he visto publicada por aquí una noticia destacada por Nikkei: la empresa china Huawei conmueve los cimientos [es la expresión usada en la crónica] del mercado laboral japonés al ofrecer salarios iniciales de 400.000 yenes (3.000 euros) a jóvenes graduados en ciencia e ingeniería, que buscan su primer empleo. Es aproximadamente el doble de lo que ofrecen las compañías tecnológicas japonesas o, si se prefiere comparar de otro modo, es casi la misma cantidad que gana el titular de un master con años de experiencia.

Huawei prevé abrir pronto un laboratorio de técnicas de producción en Funabashi, no lejos de Tokio, en el que invertirá 5.000 millones de yenes (38 millones de euros). No es un secreto que el objetivo es aprender de la experiencia local en tecnologías avanzadas de fabricación y métodos de control de calidad, que luego podría aplicar en sus fábricas en otros países. Para ello, ya ha contratado una cierta cantidad de ejecutivos con experiencia en la industria japonesa – lo que debe costarle un ojo de la cara, habida cuenta de la fidelidad tradicional al empleador – pero necesita arroparlos con una cantera de jóvenes promesas.

Huawei está publicado estos días ofertas de trabajo en el sitio web Rikunabi [una surte de LinkedIn japonés] para cubrir puestos de ingenieros de red y especialistas en test de terminales. Si los salarios no fueran elevados, es probable que los candidatos prefirieran ganarse la vida trabajando para una gran corporación o una teleco japonesa.

Cuenta Nikkei, no sin picardía, que pesa otra razón, de índole familiar: los padres japoneses se resisten a que sus hijos se unan a una empresa desconocida que, para colmo de males, es china. Su preferencia serían los grandes grupos a los que el país debe su crecimiento de posguerra, como  Fujitsu o Hitachi, pero estos ya no contratan como antes, cuando no están ostensiblemente en crisis. Un estudio gubernamental del año pasado, fijaba en 203.400 yenes (1.530 euros) la paga media inicial para esta categoría laboral.

Para Huawei no es un sacrificio duplicar los salarios japoneses. En su país, para esas categorías, la movilidad laboral está a la orden del día, y fuerza una puja salarial entre las empresas por retener a los más cualificados. Los costes de producción en China han llegado a niveles desconocidos: sin entrar en detalles, el artículo de Nikkei afirma que los salarios en la industria china son de entre un 20 y un 30% más altos que hace cinco años.

En Japón, en cambio, las ocupaciones relacionadas con la ciencia están perdiendo atractivo monetario, con la particularidad de que el salario de un graduado veinteañero no varía gran cosa según su especialidad: sólo a largo plazo llegarían a obtener una remuneración acorde con sus expectativas económicas. Y la promoción tiene techo bajo, porque los puestos de dirección tienden a ser copados por la élite de las escuelas de negocios, en perjuicio de los ingenieros que han pasado su vida en la misma empresa.

El estudio antes citado traza un ranking de profesiones según sus salarios. En lo más alto están los pilotos de líneas aéreas, seguidos por abogados y economistas especializados en fiscalidad. En la parte baja de la escala, los programadores e ingenieros de sistemas oscilan entre 260.000 y 330.000 yenes (1.500 a 2.700 euros) de ingresos mensuales. Por otro lado, los graduados en matemáticas y física son objeto de deseo para los bancos, que hacen uso de su conocimiento para desarrollar productos financieros.

Creo haber encontrado en otras fuentes el corolario de tales informaciones. Las empresas japonesas vuelven a traer a casa la fabricación de ciertos productos destinados al mercado interior, gracias a que se recuperan ventajas relativas, debido a la muy esperada depreciación del yen y al  alza de los salarios en China. La estadística muestra que las importaciones de mercancías fabricadas por empresas japonesas fuera del país han caído un 13% en el primer trimestre. Lo que, indirectamente, supone que las marcas extranjeras están perdiendo cuota del mercado japonés. Provisionalmente.

Porque esta situación podría no ser definitiva. Un informe del Daiwa Institute of Research sostiene que la dependencia japonesa de las importaciones «está destinada estructuralmente a aumentar». Cuando entre en vigor el tratado de comercio transpacífico – firmado entusiastamente por China y rechazado por Donald Trump – las plantas de empresas japonesas en el exterior volverán a ser competitivas, asegura el estudio.


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